miércoles, 17 de junio de 2009

El huevo de Franco

Parece ser que las novelas que más gustan hoy en día son aquellas que giran en torno a un suceso o elemento histórico (popular, cuanto menos). Puede ser la Guerra Civil, un cuadro de Leonardo Da Vinci, el Santo Grial, la catedral de no sé dónde, la costilla de Adán, el pelo de Sansón o el brazo incorrupto de Santa Teresa. El repertorio sería inabarcable.
Por ello, me estoy planteando seriamente la posibilidad de escribir un best seller sobre algo de lo que he tenido conocimiento esta semana y que me ha dejado totalmente intrigado:
Leo que un descendiente de Franco —un nieto, creo— afirma que el dictador sólo tenía un testículo.
Es decir, que Franco era lo que se conoce como un ciclán, un tullido genital.
Con esta revelación, el liderazgo de Cristóbal Colón como poseedor del huevo más famoso de la historia de España peligra. No sería extraño que el huevo elíptico o el no-huevo de Franco pasara a ocupar de repente un protagonismo inesperado.
Para empezar, no deja de tener su coña que precisamente un dictador —que suelen caracterizarse por aludir a sus cojones para justificar las atrocidades que perpetran— careciera del elemento anatómico más venerado por los reaccionarios.
Soy bastante reticente con el refranero, pero no cabe duda de que en este caso se cumple aquello de “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.
Así que ya sabemos que el caudillo, por mucho que lo deseara, nunca pudo hacer nada “con un par”, como suele decirse coloquialmente (bueno, con un par sí, pero de neuronas, no de huevos).
Ahora podemos deducir también que ese grimoso tono de voz que el dictador lucía en sus soflamas rojigualdas y carpetovetónicas era producto sin duda de su cualidad de semi castrado (a lo mejor por eso era aficionado al “género chico”, o sea, la zarzuela; porque le faltaban cojones para atreverse con la ópera).
Lo que no se sabe es si el susodicho cojón ausente era una carencia de nacimiento, la consecuencia de un accidente o si quizá lo perdió en combate. Sea como fuere, en mi hipotético bombazo editorial el cataplín de marras adquiriría el rango de reliquia sagrada, tesoro momificado o hallazgo arqueológico por el que pugnarían organizaciones e individuos de toda índole pero siempre afines a los más altos (y corruptos) poderes.
Siguiendo con las conjeturas narrativas, podría plantear una lucha encarnizada por la posesión del testículo, atribuyéndole a éste propiedades mágicas o sobrenaturales. Imaginad a Fraga, a Blas Piñar, a Jesús Gil, a Aznar, incluso al mismísimo Hitler, implicados en una trama de crímenes y traiciones en pos de la conquista del huevo que concede la vida eterna, el poder infinito, la aniquilación de la masonería y el comunismo, o que devuelve a la patria rancios (y crípticos) títulos como el de Unidad de destino en lo universal o Reserva espiritual de Occidente.
Os lo podéis tomar a broma si queréis, pero tened en cuenta que hace nada se ha estrenado una película de terror (insisto, de terror) en la que el No-Do ejerce un papel similar al de las snuff movies en Tesis o al de las cintas de VHS en La señal.
Editores del mundo, espero vuestras ofertas.

3 comentarios:

Franco Chiaravalloti dijo...

Estimadísimo peatón.
Si sale a la luz este –seguramente- futuro éxito editorial, capaz de desterrar al definitivo olvido al mismísimo Falcones, ya mismito me postulo para la pomposa presentación, con bombos y platillos, que es lo que se lleva en las presentaciones de novedades de este género. Y, de paso, mi nombre te da el pie (o el guiño) para dar comienzo al coloquio. Pero aclarar que yo NO soy ciclán. Un abrazo.

El veí de dalt dijo...

Ciclán... qué cosas se aprenden tocándose los ciclanes por la blogosfera...!

El último peatón dijo...

Franco: Tienes reservado un cameo en mi best-seller testicular.
Ya me han dicho que Falcones, Zafón, Coelho y compañía tiemblan de pánico...
Un abrazo.

Veí: Ya lo sabes. Aquí se aprende más que con la Wikipedia...
Un abrazo.