lunes, 18 de mayo de 2009

Generosos y egocéntricos

Me hago eco del comentario publicado por Neus Arqués en su blog, en el que se pregunta por qué alguien nos recomienda un libro determinado y qué podría estar buscando dicha persona con semejante gesto.
Trasladaré la reflexión al terreno de los regalos en general. ¿Regalamos para agradar o para reafirmarnos? Al elegir un presente, ¿perseguimos la satisfacción de quien lo recibirá o sencillamente hacemos méritos para que nuestro presunto buen gusto sea reconocido?
Alguien que quería hacerme un regalo me preguntó en cierta ocasión acerca de mis gustos musicales. Se iba de viaje a Londres, en aquella época en que el comercio nacional aún no ofrecía todo lo que sí podía encontrarse en las tiendas y mercadillos de la capital británica. Creo recordar que le pedí un disco de The Smiths, a lo que me respondió con airada aspereza que ni hablar del peluquín, como si mi inocente solicitud hubiera sido un intolerable desagravio, un ataque frontal contra sus subjetivos principios sobre la calidad y el buen gusto. Me dejó tan cortado que ya no se me ocurrió qué pedirle. No me trajo nada, de hecho.
Yo he regalado discos de Bustamante y libros de Bucay, productos que no adquiriría para mí ni sometido a la más sofisticada de las torturas de la Inquisición.
Entiendo que regalar no es un vehículo para el lucimiento personal, sino una muestra de generosidad y una manera de agradar a alguien que nos importa o con quien deseamos tener un detalle especial. Es verdad que los regalos son a veces la consecuencia de un compromiso ineludible, pero ni con eso veo razón alguna para no tener en cuenta los gustos del destinatario.
Nadie es infalible, por supuesto. Todos podemos equivocarnos y regalar algo que no agrade. No obstante, creo que se distingue muy bien cuándo la intención de ese regalo fallido es noble y cuándo es un acto narcisista, o un intento de proselitismo, o de soborno, o de coacción intelectual.
Volviendo a los libros, confiesa también Neus que ella no es lectora de Paul Auster, y que eso le hace sentir como una extraterrestre o una pecadora imperdonable, dada la enorme popularidad que avala al escritor norteamericano. Es curioso, porque yo, que prácticamente soy un incondicional de Auster, he llegado a sentirme de forma parecida, es decir, como si fuera culpable de algún delito, aunque en mi caso por el hecho de tener un gusto tan vulgar, corriente y extendido.
Lo que nunca haría, sabiendo lo que ya sé, sería regalarle a Neus Arqués un libro de Paul Auster, por mucho que a mí me apasione y por muchos argumentos que pudiera esgrimir para defender la que es, a mi parecer, una de las prosas más hipnóticas y adictivas de la literatura contemporánea.
Del mismo modo, tampoco le perdonaría a Neus (ni a nadie) que, llegado el caso, se negara a regalarme una novela de Auster porque fuera supuestamente “en contra de sus principios”.
Digo todo esto sabiendo (porque lo experimento a menudo) lo difícil que es reprimir el impulso de querer compartir lo que nos encanta o emociona con nuestros seres queridos y cercanos. Cada vez que descubro una novela o una película de esas que dejan marca, siento asimismo la necesidad de que algún amigo o conocido las descubra para poder hablar sobre ellas y recrearnos en sus virtudes. Dicho impulso es lógico y humano, pero en el momento de elegir un regalo el que manda siempre es el otro, por mucho que sus gustos pudieran parecernos a veces dignos de una terapia de choque al estilo La naranja mecánica.

5 comentarios:

El veí de dalt dijo...

Regalale a Neus un libro de cocina y que un día nos guise algo a sus adláteres, què caram!

Neus dijo...

@Nacho: bueno, algo hemos adelantado. Ya sabemos lo que NO tenemos que regalarnos, llegado el momento.
@Veí: Cuina? Què vol dir, "cuina"? :-)

El último peatón dijo...

Por si acaso, ya voy comprando los tupperwares...

Abrazos a los dos.

Dosskraz dijo...

Creo que el criterio de cada quién va en función de su forma de ser, así un/ egoísta regalará lo que a él/ella más le guste, sin tener en cuenta en ningún momento la opinión o gusto de quién va a recibir el presente.
Pienso que los regalos se han de hacer teniendo siempre en cuenta el gusto del receptor, pero aportando un poquito de nuestra parte. Si lo que se desea regalar es un libro y el autor solicitado no es en absoluto de nuestro agrado, siempre se puede regalar otra cosa, o...pasar por el aro).

Por cierto, Sr. Ignacio, he dado con su blog a través de una recomendación de su libro "Bolero envenenado", y me gustaría preguntarle si hay alguna forma de adquirirlo que no sea a través de internet, pues en mi librería me comentaron que era el único modo. Sobra decir que aún no lo he conseguido.
Un saludo.

El último peatón dijo...

Dosskraz: muchas gracias por la visita.

En principio, la única manera de comprar la novela desde Valencia es por Internet.
De todas formas, y si te interesa, puedes enviarme un e-mail a la dirección nach1968@yahoo.es y te explicaré otra posible opción.

Gracias de nuevo y hasta la próxima.