viernes, 22 de mayo de 2009

Aproximaciones

Parece ser que existen forenses o expertos capaces de adivinar el sexo, la edad, la altura y hasta la hora en que falleció una persona con sólo analizar un cabello, un fragmento de hueso machacado o una gota de cualquier sustancia orgánica.
También hay peritos y especialistas que pueden determinar el momento preciso en que se produjo un incendio o una explosión, si el siniestro se originó en una u otra dependencia, si fue provocado o accidental, o si intervinieron agentes químicos o eléctricos, todo ello con la sola ayuda de una montaña de escombros o de ruinas chamuscadas.
A nadie le extrañará tampoco que un arqueólogo sepa calcular la época en que se realizó un grabado, se embalsamó un cadáver o se construyó una columna, aunque dicho momento histórico se remonte a miles de años antes de Cristo.
La ciencia lleva siglos resolviendo enigmas relacionados con el tiempo y el espacio. Hoy en día podemos conocer la distancia que nos separa de planetas a los que no ha viajado nadie y a los que nunca podremos viajar, estamos más o menos familiarizados con teorías sobre agujeros negros, estallidos de materia y universos paralelos, con conceptos como “año luz” o “barrera del sonido”; aspiramos, en definitiva, a la tan presuntuosa como fútil tarea de medir lo inabarcable, de ponerle límites al universo y fronteras al infinito.
Claro que, desde que la informática pasó a ser el organismo que rige el funcionamiento de la vida cotidiana, da la impresión de que sólo existe aquello que puede medirse, calcularse, cronometrarse, delimitarse, programarse.
Somos burocracia y estadística, contabilidad y aritmética.
¿Cabe la imperfección en un mundo tan controlado y exacto? Cabe; doy fe de ello.
Os invito a que os acerquéis a cualquier tienda en la que vendan películas en DVD. Tomad una cualquiera y echadle un vistazo a la carátula posterior del estuche, allí donde suelen figurar los datos técnicos del filme. Concretamente, debéis prestar atención al texto que indica la duración de la película. Sí, así es. Parece increíble, pero normalmente os encontraréis con que pone “Duración aproximada: 95 (o 108, o 124) minutos”. ¿Aproximada?
Es cierto que hay otra variante, que viene a ser la misma, no obstante: “Duración: 95 (o 108, o 124) minutos aprox. ¿Aprox.?
¿Cómo que aprox.? ¿Cómo que aproximada?
Pero bueno, ¿tan difícil es calcular lo que dura una película? Mi reproductor de DVD, que no es de los más caros ni de los más modernos, tiene incorporado un reloj digital que va contando los segundos, minutos y horas mientras reproduce la película.
En algunas competiciones deportivas, como el atletismo, el ciclismo o el baloncesto, se pueden decidir los resultados por una centésima de segundo. Hay personas encargadas de medir dichas marcas, y cuentan para ello con la tecnología adecuada.
Eso por no hablar de la factura del teléfono. Cada mes me llega un listado en el que se detallan de forma exhaustiva todas las llamadas que he realizado, los números marcados y el tiempo exacto que estuve hablando o escuchando, con minutos y segundos.
Vamos, que no hay quien se trague que no exista un ser humano capaz de decirnos lo que dura una película, aunque ésta sea de Theo Angelopoulos (individuo que acostumbra a rodar solemnes pedanterías de más de tres horas, tan tediosas que acaban haciéndose más largas que una noche en Urgencias).
Ahora entiendo por qué me llaman “raro” cuando voy al cine y quiero quedarme a leer los títulos de crédito hasta el final. Hay que joderse.

4 comentarios:

Nomeolvides dijo...

Tiempo hacía que no te leía, pero no has perdido ni un ápice de razón. Yo también soy de las raras. Todo empezó en el baño, cuando leía la letra pequeña de los champús...

Poesía Intimista dijo...

Supongo que pondrán, aproximadamente,porque no saben cuanto tiempo durará el espectador viéndola... Yo ayer ví una que uff, aproximadamente, duré media hora y no la dos horas, aproximadamente, que ponía.
Besos aproximados.

El último peatón dijo...

Nomeolvides: siempre eres bien recibida por aquí.
Los champús no están mal, aunque para prosa currada y elegante, la de los prospectos farmacéuticos...

Encarna: es verdad que en algunas películas, en vez la duración (y por seguir con el símil farmacéutico), deberían poner aquello de "tenga cuidado: puede producir sonmolencia".


Besos a las dos.

C. Martín dijo...

Hablando de cine, ¿te enteraste de esto? http://absencito.blogspot.com/