viernes, 17 de abril de 2009

El peatón en el cuchitril


La vida real de un libro es, por norma, incalculablemente extensa, alcanzando incluso la eternidad en el caso de los más grandes.

Sin embargo, la vida pública, por así decirlo, de una obra literaria cualquiera (incluidas algunas escritas por los autores más consagrados) es normalmente efímera. Cosas del negocio.

Por ello, para los autores más modestos es siempre gratificante que existan impagables aliados capaces de prolongar la esperanza de vida pública de un libro destinado, en principio, a envejecer prematuramente.

Bolero envenenado cumplió hace poco un año y medio, una edad más que justificada en estos tiempos de consumo fastuoso para haber sido ya borrada del mapa mediático. Y, bueno, ahí seguimos.

A la conquista de mi territorio talaverano natal, he de unirle ahora el placer de que mi novela haya sido reseñada en Cuchitril Literario, bitácora señera e insaciablemente bibliófila, que acaba de cumplir un ciberlustro y mantiene una salud de hierro.

Si tenéis cualquier tipo de duda, curiosidad o necesidad relacionada con un libro, os invito a haceros asiduos visitantes del cuchitril particular del amigo Palimp, a quien desde aquí agradezco el detalle de haber leído el libro y comentarlo para su público internauta, el cual me consta que es ciertamente numeroso.

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