domingo, 22 de marzo de 2009

¿Qué hace un hombre como yo con un libro como éste?


Se titula Una mujer como tú.
Su autora es una mujer.
Si uno toma el libro y lo ojea someramente, lo primero que salta a la vista es su diseño inequívocamente filofemenino, una estética fácilmente reconocible para el merodeador habitual de librerías y que establece asimismo un patrón visual capaz de segmentar al público potencial por sí solo. Nos decimos: “Es un libro sobre mujeres, escrito por una mujer y dirigido a las mujeres”.
¿Qué hace un hombre como yo con un libro como éste?
La respuesta es sencilla. Lo firma Neus Arqués, estimada colega de letras y bolos diversos, de quien ya leí su novela anterior, Un hombre de pago, la cual presentaba una alternativa francamente original sobre algo tan trillado como el triángulo amoroso o sentimental, y contaba con una galería de personajes femeninos que reinterpretaban hábilmente los estereotipos con los que nos suelen martirizar tanto los machistas más ancestrales como las feministas adictas al opio de la demagogia.
En Una mujer como tú seguimos encontrando los referentes propios de una clase de narrativa que abunda y gana enteros en los tiempos modernos, un proyecto de universo ficticio perfectamente moldeado para encajar en cualquier medio o canal de expresión (literatura, cine, televisión), y en el que la voz femenina se impone más por naturaleza que por reivindicación. Las mujeres son las protagonistas de la historia y del punto de vista, sin necesidad de alardear el eterno papel de heroínas en la guerra secular de los estrógenos rebeldes contra el imperio de la testosterona.
A esta categoría pertenecen todas esas novelas, películas y series que mis amigas y conocidas consumen y adoran. De El diario de Bridget Jones a Mujeres desesperadas, y de Sexo en Nueva York a El diablo viste de Prada. Cada cual a su manera, con sus admiradoras y detractoras, todas ellas aparentan ser el símbolo del creciente protagonismo de la mujer en la sociedad.
Lo que más destacaría de Una mujer como tú es su desenfado y sencillez, su ausencia de sermones morales y apologías de la castración, tan comunes (por desgracia) en determinados textos de autoría femenina presuntamente progresista.
Era evidente que mis expectativas no estaban basadas en la premisa ortodoxa (y falaz) que recomienda la identificación del lector con la personalidad o la peripecia de los protagonistas. Lo que más me atraía de esta novela era, por el contrario, la posibilidad de contraponer mis ideas sobre determinados aspectos de la naturaleza femenina a la visión que de las mismas me ofrecería la autora. Y así ha sido. Esta circunstancia, unida a la fluidez narrativa que Neus consigue yendo siempre al grano y eludiendo adornos retóricos, ha convertido la lectura de Una mujer como tú en un entretenido y liviano juego de espías, como si por un día le hubieran concedido a uno el privilegio de interpretar ciertos pensamientos o ser testigo de determinadas conversaciones, normalmente vetadas a todo individuo portador de testículos.
En el apartado de aspectos a mejorar, señalaría la tendencia a emplear términos anglófonos como single, smoke free, ok, clubbers, remember, tattoos, off limits, low cost o crack, los cuales intuyo incardinados en el ADN lingüístico de Neus, como no podría ser de otra manera tratándose de una profesional del marketing.
Conste que no me molesta que los personajes se expresen en los diálogos tal como lo harían si fueran de carne y hueso. En un momento dado, prefiero leer frases como “Perdona, que tengo que llamar a la parienta”, en lugar de cursilerías como “Dispense, he de telefonear a mi esposa”. Sin embargo, opino que el narrador (más aún si es un narrador en tercera persona) debe evitar ciertos vicios y coloquialismos, por mucho que a veces ayuden a contextualizar la historia o a pesar de que —como tal vez suceda en el caso de este libro— constituyan un guiño de cercanía o un elemento orientado a fortalecer la complicidad con el lector.
Destacaría también la manera natural y nada forzada con que Neus nos pasea por su ciudad, Barcelona, dosificando las pistas urbanas y monumentales en su justa medida para evitarnos el efecto secundario verbal conocido como “Lugar común de folleto turístico”.
Desconozco si es o no aficionada al cine de Woody Allen, pero esta manera de concederle a la Ciudad Condal un papel relevante en sus historias recuerda en cierto modo al homenaje continuo que el cineasta neoyorquino le rinde habitualmente al Manhattan de sus entretelas. O puede que sencillamente haya establecido dicha correspondencia inducido por el judaísmo de Ruth y por el hecho de que, ambientes como el de las galerías de arte o situaciones como las cenas de matrimonios en las que se esconde más de lo que se enseña —tan presentes en las películas de Allen—, salpiquen continuamente la trama de la novela.
El caso es que Barcelona está ahí, latiendo y reconocible, y no sólo por medio de coordenadas geográficas literales o detalles arquitectónicos obvios, sino también a través de algunos de sus rasgos más domésticos y cotidianos: la coca de San Juan, la humedad relativa del aire, la costumbre de ir en moto (no tengo más remedio que destacar aquí una cita que sería digna de este blog: “Una bicicleta estuvo a punto de golpearla y fulminó a la ciclista. Vale ya de tanta ciudad sostenible y tanta bici a costa de los peatones”. Teniendo en cuenta que estas palabras aparecen en la página 69, dan ganas de pensar que se trata de un guiño erótico a esta bitácora urbana…).
Y esa escena, hacia el final de la novela, con las parejas de amigos reunidas en la terraza para celebrar la noche más corta del año, desprende igualmente el aroma de la última secuencia de En la ciudad, de Cesc Gay, que también tiene algo del binomio Woody Allen/Nueva York en versión autóctona, y que describe muy acertadamente el perfil del cuarentón del siglo XXI.
He de decir que, terminado el libro, sigue sin quedarme clara la respuesta a la pregunta que se me lanza desde la contracubierta: “¿De verdad somos amigas las amigas?”. Pero tranquilos, porque lo que sí me ha estimulado es una reflexión al respecto que podréis leer próximamente en este espacio.
En resumidas cuentas, cabe reconocer que de vez en cuando está bien dejarse caer por territorios a priori ajenos pero que al fin y al cabo están llamados a ser complementarios. Saber qué leen o qué les gusta leer a las mujeres con quienes convivimos puede llegar a ser algo más que un simple alivio de nuestros instintos chafarderos; tal vez nos sirva también como ejercicio para aprender eso tan manido de “ponerse en el lugar del otro”, pilar básico donde los haya para consolidar el no menos quimérico sueño de la igualdad.
Y si no, pensemos que todos tenemos amigas, compañeras, novias, amantes, esposas, hermanas, vecinas, madres, cuñadas, hijas, nueras, jefas, suegras, sobrinas, maestras, nietas, tías, mancebas, caseras, abogadas o niñeras, y en estos tiempos de crisis no está la cosa como para regalar perfumes caros o diamantes. Así que ya lo sabéis: probad a regalarles Una mujer como tú.

Para más información, os animo a visitar la página web de la autora

4 comentarios:

Neus dijo...

¡Caray! (castizo para "oh, wow!!"). Muchas gracias peatón por tu incursión en territorio ajeno y por una lectura tan detallada y amable.
Volveremos a cruzarnos, seguro (no es una amenaza, es una esperanza :-).

malditas musas dijo...

Peatón, vamos a ver... ¿y tu costado femenino cuál es? (la identificación que demando trasciende una falda, parir o la orientación sexual, por su puesto...)

bss

El veí de dalt dijo...

Vaya...me olvidé de indagar más en la vertiente barcelonesa de la novelaen mi reseña. Decia que era una novela urbana, peró deberia decir "urbana, y de Barcelona". Por el resto, coincidimos en las lineas generales. Pero ni usted ni yo somos por ahora, "amigas de nuestras amigas"! ;-)
¿Y qué dicen "ellas" de todo ello?, que no veo ninguna reseña feminal por la blogosfera...

El último peatón dijo...

Neus: Yu ar güelcom (versión anglocazurra de "ha sido un placer, y hasta la próxima").
¡Que triunfes en Sant Jordi!

Musa: siempre he tenido una cierta curiosidad por conocer o tratar de entender mejor la psicología femenina y el comportamiento de las mujeres. Lo que no sé es si eso es una evidencia de la peatona que podría llevar dentro o un simple síntoma del peatón cotilla que soy...

Veí: no descartes que cuando afloren las reseñas "feminales" nos descubran lecturas o interpretaciones del libro inimaginables desde nuestro punto de vista masculino y urbano.


Gracias y abrazos a todos.