miércoles, 11 de febrero de 2009

Sobrevalorar los sueños

Diría que el sueño, como recurso dramático, está ciertamente sobrevalorado. Tengo la impresión de que el carácter inconexo, fragmentario, difuso y surrealista de los sueños tiende a sobredimensionarse hasta el punto de hacernos confundir tales peculiaridades con destellos propios de la creación artística.
En esto tenemos tanta culpa los autores de ficción como los psicoanalistas, supongo (y, aunque no creo que sea necesario, me aventuro a dejar claro que hablo del sueño en su significado alusivo a aquello que sucede en nuestra mente mientras dormimos, y no en su también común acepción de “ilusión” o “anhelo”).
Pensad detenidamente en la escenificación de los sueños que solemos encontrar en las películas. Si nos fiáramos de las mismas, llegaríamos a la conclusión de que todo individuo, hasta el más cazurro, lleva dentro un Dalí o un Fellini, un Picasso o un David Lynch. Y es mentira.
La cualidad confusa de los sueños se aprovecha y se manipula en la narrativa y en el cine porque puede funcionar muy bien como elemento simbólico, pero eso no quiere decir que la genialidad creativa sea algo que cualquier hijo de vecino albergue como si tal cosa en su inconsciente (imaginaos qué triste, que seamos todos unos mediocres cuando estamos despiertos y unos genios sólo cuando dormimos).
Los sueños no son la fábrica de nuestras emociones, sino más bien la cloaca donde almacenamos los remordimientos, los prejuicios, las frustraciones, los complejos, los deseos o los delirios.
Además, si nos paramos a analizarlo, los estereotipos visuales que la ficción ha impuesto como presuntamente representativos de lo onírico no se ajustan a la realidad. Quiero decir que la mayoría de nuestros sueños son estéticamente “realistas”, aunque puedan ser, al mismo tiempo, absurdos o ilógicos desde el punto de vista narrativo convencional. Por tanto, no pertenecerían al género fantástico, como los anuncios de compresas y los videoclips musicales. Si nuestra vida fuera un DVD, los sueños formarían parte de los extras y serían el equivalente a las “tomas falsas”.
Soñamos con nuestro propio entierro, mezclamos personas que no se conocen o que han pertenecido a distintas épocas de nuestra vida, construimos episodios en los que aparecen personajes ficticios como si fueran reales, volamos, nos caemos por barrancos y precipicios, proponemos versiones alternativas de sucesos verídicos, todo eso y mucho más, pero que alguien me diga si alguna vez en su vida ha soñado con algo como una concha de ostra gigante que flota en un mar de nubes y en cuyo interior viaja una cebra con alas y con cuernos de alce y vestida con un traje de princesa que canta nuestra canción favorita de la infancia mientras las estrellas empiezan a convertirse en notas musicales y de fondo se oye la voz en off de la persona que amamos recitando un poema de Neruda o de Rilke o de Bendetti o de Gloria Fuertes y entonces la cebra cornuda empieza a llorar y sus lágrimas se van transformando en gotas de sangre que se apelotonan y componen un corazón que late hasta estallar y provocar una lluvia encarnada que riega un erial del que brotan de repente centenares de ojos humanos de distintos colores… e imagino que todo eso podría deberse lo mismo a un trauma de nuestra niñez que al hecho de haber cenado conejo al ajillo a las once de la noche. No sé. Igual es que yo soy muy raro.
Siempre que leo acerca del tratamiento que la psicología da a los sueños, me asalta la duda sobre si algo tan veleidoso puede explicar realmente las claves de nuestra vida y nuestro pensamiento. En mi opinión, lo que recogen los sueños es más bien un batiburrillo de conclusiones, un compendio desordenado de sobras, nunca una revelación en el sentido estricto de la palabra, ni mucho menos una premonición. Me da la impresión de que algunos psiquiatras, escritores y artistas en general pretenden inculcarnos la idea errónea de que los sueños son más listos que nosotros mismos, cuando, en mi opinión, soñar es a la biografía de una persona lo que el telediario a la Historia de la Humanidad. Es decir, un cronista caprichoso, y nada más.
Imagen: Fotograma de la película Recuerda, de Alfred Hitchcock

7 comentarios:

Palimp dijo...

Yo he soñado cosas muy onírico-cinematográficas, aunque entiendo lo que quieres decir.

El último peatón dijo...

Yo también te entiendo. Es normal que un "malalt de llibres" como tú albergue en su inconsicente material sobrado para componer sueños dignos de Tim Burton o Philp K. Dick, por decir algo.
Recuerdo ahora una secuencia de la película "Vivir rodando", de Tom DiCillo, en la que un actor enano se queja de que siempre lo llaman para protagonizar escenas de sueños. Entonces se pregunta si realmente la gente sueña continuamente con enanos, y la respuesta es que, obviamente, no. Pero resulta -añade el actor enano- que si vemos a un enano en la pantalla, enseguida nos decimos: "Hombre, un enano. Seguro que esto es un sueño".

Creo que esta secuencia irónica ilustra muy bien lo que he querido decir en mi comentario.

Palimp dijo...

Hombre, en el cine y la ficción hay unos clichés de los que es difícil escapar. Me acuerdo de esa película, esa escena es genial -si no recuerdo mal al final lo hace la madre, que era dar vueltas con una manzana.

No sé si es cierto, pero en algún sitio he leído que cuando llueve no se filma y las escenas con lluvia siempre tienen que arreglarse para que se vea. Supongo que será cierto porque muchas veces miras por la ventana y no sabes si llueve o no. Esto de los sueños es parecido; para que se vea claro que es un sueño hay que exagerar.

Respecto a mis sueños no sé si será por las lecturas o qué, pero tengo muchos que me sorprenden hasta a mí.

El último peatón dijo...

Ostras... ¿Para cuándo el blog "Los Palimpsueños"?

Palimp dijo...

Je, más de una vez lo he pensado pero... algunos sueños son demasiado privados :)

letras de arena dijo...

Peatón, eres genial, me reído mucho con más de una frase. Me gusta como desmontas los mitos.
Un saludo.

El último peatón dijo...

Me alegra que te tomes con buen humor esto de la iconoclastia. Seguro que te ayuda a dormir mejor y a no tener pesadillas...
Besos durmientes.