martes, 24 de febrero de 2009

Espik inglis

Tenemos fama los españoles de no ser demasiado buenos aprendiendo idiomas.
Me parece que en este caso es una fama bien ganada, pero el motivo no tiene que ver con que seamos más tarugos o menos espabilados que los ciudadanos de otros países.
Creo más bien que se debe a algo tan sencillo como el sentido del ridículo, una debilidad que acusamos los ibéricos en mucho mayor grado del que nos gusta reconocer.
Es decir, que estudiar, estudiamos; y aprender, aprendemos. El idioma que sea. El problema llega cuando nos piden que lo hablemos.
Ayer vi cómo en un programa de televisión se hacían bromas a costa del acento pedestre que varios famosos tenían cuando hablaban en inglés. Yo mismo, no hace mucho, celebré a carcajada viva junto a unos amigos el estilo tan peculiar que lucía el magnate Emilio Botín mientras se peleaba con el idioma anglosajón en una especie de video promocional para atraer talentos a su imperio bancario.
Legendario también es el discurso de Garci cuando recogió su Oscar en los años ochenta, y no digamos ya la de mofa que habremos derrochado escuchando las versiones de ciertos clásicos perpetradas por Raphael o el Príncipe Gitano.
Es decir, que nos la trae al pairo si todos ellos conocían o no el idioma. Nos hace gracia lo superficial, sin pararnos a pensar que, mejor o peor pronunciado, la mayoría de estas personas se defienden hablando inglés, algo de lo que no todos podemos presumir.
Siempre me ha parecido admirable el ejemplo del ex futbolista Michael Robinson, reconvertido en locutor televisivo al abandonar la práctica del deporte. Tras más de dos décadas, Robinson sigue manteniendo su cerrado acento británico, patina con la fonética castiza, pronuncia como Doña Croqueta, y le da igual, y además hace muy bien.
Por el contrario, me consta que no pocos de mis paisanos con sobrados conocimientos de inglés tienden a negarse a hablarlo en público, amedrentados por la vergüenza de no afinar debidamente el acento.
En resumidas cuentas, le concedemos mayor importancia a la réplica sonora que al verdadero conocimiento lingüístico. Es como si afirmáramos por norma que un andaluz habla peor castellano que un aragonés por el simple hecho de que su pronunciación no es tan pulcra.
En fin. Zenkiu verimach por la atención y japi güik tu ebribodi.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, hace tiempo que leo tu blog, que me encanta. Alguna vez te he escrito algún comentario. Hoy me has hecho reír con tu despedida inglesa.
Miraré en mi librería a ver si encuentro tu libro.
gracias por tus textos que disfruto un montón.
Antonia.-

letras de arena dijo...

Peatón, soy una Espik inglis completa. No sé si es sentido de la vergüenza o incapacidad pero precisamente vengo de un cursillo de inglés y cada dia me sorprendo más de lo poco que sé.
He encontrado algunos aliados para aprender inglés, aquí te dejo una dirección por si te animas a estudiar: http://www.aprendeingles.com/agenda.cfm?dia=25&mes=1&anio=2009
Besos

El último peatón dijo...

Antonia: me alegra ver que este sitio te ayuda a estar de buen humor. No se me ocurre un elogio mejor.

Letras de arena: gracias por el ofrecimiento. De hecho, mi asignatura pendiente con el inglés no está en hablarlo ni leerlo, sino en entenderlo cuando lo hablan otros. Quizá debería buscar un curso llamado "Inglés para torpes de oído, o algo así".

Besos a las dos (perdón, "kisses for you, both").