miércoles, 4 de febrero de 2009

Ausencias e incongruencias

Me temo que el éxito de Camino en los premios Goya es un simple espejismo de renovación para una academia del cine español que sigue padeciendo la enfermedad del anacronismo y la inercia ideológica de manual.
Ya expresé aquí en su día mi admiración por la película de Fesser y, al mismo tiempo, mi estupor por el hecho de que no fuera ésta —en vez de la vetusta, apolillada, acartonada, encorsetada y avinagrada Los girasoles ciegos— la representante de nuestro país en los Oscar.
Tampoco entiendo demasiado qué mecanismo o conjuro es el que provoca que, en apenas dos meses, los mismos académicos que eligen la estereotípica y arcaica película de Cuerda para ir a Hollywood, se vean poseídos por un ataque repentino de modernidad y cordura, y terminen premiando un filme tan radicalmente opuesto como Camino.
Conste que mis recelos hacia la academia de cine y sus premios no se deben a algo tan elemental y respetable como la disparidad de gustos.
Es decir, que puedo admitir que este año, por ejemplo, se hayan olvidado por completo de una película tan original, atrevida y mordaz como El menor de los males, y también de su director Antonio Hernández y de su actor protagonista, Roberto Álvarez, aunque para mí merecieran, como mínimo, sus respectivas candidaturas.
Sin embargo, pienso que hay determinados premios que sí deben obedecer a unos ciertos criterios más o menos lógicos, y es en este terreno donde los Goya patinan y se estrellan continuamente, al menos en los últimos tiempos.
Concretamente, me refiero a los premios concedidos a directores noveles y actores revelación. Se supone que ambas categorías están ideadas para descubrir nuevos talentos y, por consiguiente, garantizar el futuro y la evolución óptima del séptimo arte patrio.
Por eso no encuentro explicación posible al hecho de que Casual day (para mí, la mejor película española del año, junto a Camino) no consiguiera ni una sola nominación. Si por mí fuera, habría entrado en todas las categorías (mejor película, mejor guión y, sobre todo, en el plano interpretativo: Juan Diego, inmenso como siempre; Luis Tosar, Secun de la Rosa y Carlos Kaniowski como actores de reparto), pero qué menos que, tratándose de una opera prima, haberla seleccionado entre las cuatro aspirantes a mejor dirección novel.
Insisto en que, más allá de que a mí me encante (podéis comprobarlo en la entrada titulada Trabajos forzados), creo que de una vez por todas deberíamos empezar a exportar un tipo de películas que demuestren que no sólo Almodóvar y Amenábar se pasan por el forro las reconstrucciones acartonadas de la Guerra Civil y el Siglo de Oro; que no todo el cine español huele a naftalina y que hay directores jóvenes (y también veteranos, como Díaz Yanes, De la Iglesia o Huerga) que saben retratar la realidad del momento utilizando un lenguaje contemporáneo. Y Casual day es un buen ejemplo de ello.
Pues nada. Al parecer, los académicos preferían la chapuza seudo vanguardista de Los cronocrímenes, una obra fallida con pretensiones de Croneneberg y resultados de Ed Wood. O la simplona y telefílmica El patio de mi cárcel, con su activismo social de fogueo y consultorio vespertino. Al final ganó El truco del manco, que por lo menos es honesta y coherente consigo misma, aunque poca cosa si la ponemos al lado de Casual day. Además, conviene destacar que cuando se hicieron públicas las candidaturas, la película de Zannou aún no se había estrenado en los cines, lo cual es, como mínimo, sospechoso. Antes, esto sólo lo hacía Garci, pero se ve que en esta edición se han soltado la melena, porque el caso de El truco del manco no es el único (El juego del ahorcado tampoco se había estrenado al publicarse las nominaciones, y su protagonista, Álvaro Cervantes, aspiraba a premio).
Está claro que esta táctica tiene que ver con la pela. Es más rentable nominar películas que estén en cartelera al día siguiente de concederse los premios; lo sabe cualquiera. De ahí, supongo, deriva otro de los olvidos más flagrantes de los últimos Goya. Hablo de Lo mejor de mí, de Roser Aguilar, premiada en el festival de Locarno 2007 (igual que su protagonista, Marian Álvarez, que cantaba a Goya como actriz revelación) y cuyo único pecado, deduzco, es el de haberse estrenado demasiado pronto (sucedió el año pasado con filmes como Concursante o Bosque de sombras).
Pero la cosa no queda ahí. No conformes con ningunear a Casual day y Lo mejor de mí, González-Sinde y los suyos se han dejado sin reconocer otro de los mejores productos que el cine ibérico parió en el 2008, la inquietante 3 días, de F. Javier Gutiérrez, un auténtico thriller con aires de ciencia-ficción, bien rodado, formalmente brillante y con actores sobresalientes (vamos, justo lo contrario que Los cronocrímenes).
Mi cuarta candidata a mejor opera prima del año habría sido Bienvenido a Farewell-Gutmann, de Xavi Puebla, cuyo punto débil, en mi opinión, está en los aspectos estéticos, pero que sin embargo posee un guión inteligente y corrosivo, además de unas interpretaciones merecedoras de halago.
En cuanto al apartado de los actores y actrices revelación, imagino que Ana Wagener y Luis Bermejo recibirían sus nominaciones más como una broma cruel que como un regalo. No son “estrellas”, de acuerdo, pero tienen demasiado celuloide cargado a sus espaldas como para que les vengan ahora con la etiqueta de “descubrimiento”.
He echado de menos en esta categoría a Estíbaliz Gabilondo (Casual day), Marian Álvarez (Lo mejor de mí), Paz Padilla (Cobardes) y Eduardo Garé (Cobardes).
Y lo siento por El Langui, porque cumple perfectamente con su papel en El truco del manco, pero también es verdad que le han dado un premio por interpretarse a sí mismo, y, como he empezado diciendo, sostengo que el Goya al actor revelación debería estar orientado al futuro y no responder a un momento de inspiración aislado y coyuntural (tengamos en cuenta que este hombre es cantante, y no actor, y que lo más probable es que no volvamos a verlo nunca más en una película).
Por esta misma razón siempre he tenido igualmente mis reservas cuando se galardona a un niño. Sobre el papel, lo del premio al intérprete revelación parece hecho a medida para los más pequeños, pero no menos cierto es que la mayor parte de ellos desparecen del oficio cuando se hacen adultos (y no estoy pensando sólo en Joselito). No obstante, el Goya a Nerea Camacho por Camino me parece de lo más acertado, lo mismo que en su día me lo pareció el de Ivana Baquero por El laberinto del Fauno.

1 comentario:

Desirée dijo...

Mis conocimientos sobre cine son bastante pobres, pero, creo que en “alguno” de estos certámenes lo que priva más es la política que se mueve entre bambalinas que la película en sí.