miércoles, 18 de febrero de 2009

Adicción al escándalo

Estos días el mundo de la televisión anduvo revuelto debido a que un participante de un concurso de Antena 3 decidió abandonar el programa al hacerse públicos determinados asuntos turbios de su pasado.
Concretamente, se trata de un joven que asesinó a sus padres cuando era menor de edad. Una vez cumplida su condena en un centro especial y, supuestamente, rehecha su vida, se ve que al hombre no se le ocurrió nada más discreto que apuntarse a un reality show.
Puestos en antecedentes, creo que son varios los aspectos a comentar.
En primer lugar, vista la glotonería que gastan últimamente los programadores televisivos para rebañar hasta la última migaja de la audiencia, suena poco creíble que los responsables del programa desconocieran el oscuro secreto del concursante. Es ya de dominio público el hecho de que la mayoría de los castings para acceder a dichos programas están previamente dirigidos y planificados; que se selecciona con toda la intención del mundo a quienes formarán parte de tales espectáculos, tomando como referencia sospechosos talentos y circunstancias, como la capacidad para llevar la contraria o la garantía de contar con un currículum de ex novios lenguaraces o polémicos.
Por tanto, cuesta creer los lamentos de Antena 3, sobre todo comprobando el morbo informativo que el tema ha despertado y que sin duda les habrá regalado índices de audiencia de propina durante las últimas semanas.
También tiene bemoles que el resto de las cadenas se hayan subido al carro con la excusa bastarda de plantear debates éticos o morales a costa del desliz de la competencia. Especialmente, llama la atención que una cadena tan ostensiblemente efectista como Tele 5 se dedique a emitir juicios al respecto, más aún cuando tenemos todavía recientes sus grandes éxitos en el género del periodismo presidiario-lucrativo, es decir, las gloriosas entrevistas a personajes de la calaña de Julián Muñoz o Luis Roldán.
Pero sin duda lo que más me ha llamado la atención de todo este guirigay es que se haya dejado casi completamente al margen el aspecto que, en mi opinión, merecía una mayor atención.
Me estoy refiriendo al evidente desprecio (dejémoslo en escepticismo, si queréis) que todos nosotros, demócratas convencidos y jactanciosos, demostramos hacia esa entelequia tan difusa como necesaria llamada reinserción.
Porque lo que yo me planteo es lo siguiente: este joven no tiene pinta de ser un santo, de acuerdo. Asesinó a sus padres, y el hecho de que fuera mayor o menor de edad es secundario, porque no deja de ser una mera cuestión burocrática. Cometió un crimen execrable, fue juzgado, condenado y quedará marcado de por vida por ello. Vale. No dan ningunas ganas de hacerse amigo suyo. Todo lo que queramos y más. Pero, por otra parte, si ya cumplió su condena y saldó su deuda con la justicia (nos parezca ésta más o menos proporcionada), ¿no tiene el mismo derecho que cualquier otra persona a participar en un concurso de la tele?
Ahí lo dejo, amigos. Pensemos en ello.

4 comentarios:

Palimp dijo...

Pues que te voy a decir. Tiene todo el derecho del mundo. Es un hecho que los criminales suelen tener una tasa alta de reincidencia y no voy a criticar que se les vigile con especial cuidado. Pero una vez ha salido del truyo tiene el mismo derecho que cualquier otro de vivir la vida.

¿Llegaremos a ver un reality de exconvictos? Ahí dejo la idea.

El último peatón dijo...

La idea promete. Sería como aquel concurso que hubo (Hotel VIP, o algo así), pero en vez con famosos, a secas, con famosos entrullados (el Dioni, Farruquito, el Lute, Julián Muñoz, Mario Conde, Roldán...).
Si ya se hizo un concurso de karaoke con presos de verdad, ¿por qué no hacerlo con ex presidiarios?

C. Martín dijo...

Creo que el matiz no está en si tiene derecho o no, sino que cada club privado pone sus reglas. Quicir, que estos concursos se rigen por sus propias normas (desconocidas y puede que arbitrarias), pero tú puedes tener todo el derecho del mundo a querer participar en algo y reunir los requisitos y que luego no te cojan o que te echen.
Como en los trabajos, vaya.
De todas maneras se ve que no está muy bien recuperado este chaval cuando lo primero que se le ocurre es querer participar en estas cosas que llaman concursos que son la patente de corso para que escarben en tu vida privada que es realmente lo que les interesa vender.

El veí de dalt dijo...

Doncs sí.
Supongo que tendrá todo el derecho del mundo a participar. ¿Y quizás el resto de participantes a saber su pasado? Porqué realmente...¿"este" ,detalle en concreto. se puede obviar?