martes, 9 de diciembre de 2008

Privado

Recuerdo mi fascinación infantil hacia las puertas que lucían un cartel en el que se leía la palabra Privado. Las veía en las cafeterías, en determinadas tiendas o comercios, en lugares públicos de diversa índole.
Aquella palabra solemne y censora me provocaba una curiosidad idealizada. Para mí era el equivalente real de aquella otra expresión, Top secret, que solía ver en las películas de espías y en los tebeos, y cuyo objetivo era velar por la integridad de secretos de estado o misterios que cambiarían el sino de la Historia y de la raza humana.
Sentado a la mesa del café junto a mis padres, miraba aquellas puertas cerradas mientras tomaba un refresco e imaginaba la emoción de traspasarlas. A menudo la misteriosa puerta estaba situada al lado de la de los baños, y de vez en cuando me sobrevenían tentaciones de intentarlo fingiendo una razonable confusión. Pero igualmente me convencía de que un candado, una cerradura de seguridad o incluso una intrincada combinación se interpondría por fuerza entre mis azorados deseos y la solución del enigma.
Sé que alguien dijo que el hombre se hace adulto cuando toma conciencia de su mortalidad. Carezco de la capacidad para determinar la exactitud de mi momento revelador acerca de la exigüidad finita de ésta nuestra existencia, pero puedo asegurar que toda mi inocencia reventó hasta desintegrarse el día en que descubrí por fin que, tras aquella puerta y su provocativo letrero, se escondía algo tan anodino y prosaico como el cuarto de las escobas.
No sé si será una consecuencia de aquel traumático desengaño, pero siempre he visto a los enamorados como un trasunto de ese niño que mira el cartel de Privado desde la mesa de la cafetería, soñando con lo que habrá detrás antes de conocerlo realmente. Y no ocultaré lo mucho que me sorprende el hecho de que la práctica totalidad de mis semejantes, ya sea con convencimiento o simple resignación, haya limitado la búsqueda de la felicidad al reducido espacio del cuarto de las escobas.

2 comentarios:

Nomeolvides dijo...

Sí, igual tienes razón, pero sin cuarto de escobas, mal también, ¿no crees?

El último peatón dijo...

Pues sí, pero sobre todo vigila, que a veces no nos damos cuenta y al final nos pasamos la vida barriendo...

Besos limpios.