domingo, 30 de noviembre de 2008

Palabras letales

Me temo que una buena parte de nuestros famosos y famosillos, a costa de su denodado empeño por erigirse en “la voz del pueblo”, están banalizando según qué cuestiones relacionadas con los derechos humanos o el respeto a nuestros semejantes, entre ellas algo tan serio como el llamado maltrato psicológico.
Puesto que las desavenencias o las vulgares peleas son el mejor caldo de cultivo para alimentar ciertas parrillas mediáticas, y ya que constituyen para muchos personajes el único modo de permanecer en el candelero, estamos asistiendo continuamente a representaciones vergonzosas y barriobajeras que no tendrían mayor importancia si sus protagonistas, sabedores de la repercusión que suelen tener sus actos, no se empeñaran en autodefinirse como reflejos de la realidad diaria.
Y es que estoy advirtiendo desde hace tiempo una tendencia creciente a acuñar el término “maltrato psicológico” con insensible ligereza y desaprensiva gratuidad.
No soy psicólogo, ni psicoanalista, ni mucho menos psiquiatra, pero entiendo que para determinar la existencia de maltrato psicológico es necesario que dicha conducta se presente con una mínima frecuencia o continuidad, que describa algo habitual y constante.
Ojo, no es que piense que no deba castigarse lo esporádico o puntual, no me he vuelto loco. Lo que sostengo es que insultar, sin más, no es maltratar psicológicamente. Mandar a alguien a freír boniatos, defecarse en sus difuntos o llamarlo imbécil en el fragor de una disputa o intercambio de discrepancias forma parte de nuestras debilidades humanas, y no creo yo que haya que tipificarlo como delito. Pero parece que nuestros famosillos han interpretado el término de un modo pueril y simplón, y así deciden que maltrato psicológico es cualquier palabrota, imprecación o exabrupto que no vaya acompañado de agresión física.
El verdadero maltrato psicológico tiene por objeto anular a otra persona, acobardarla, incluso crearle la sensación de la agresión física sin necesidad de consumarla. Esto pasa por desgracia en colegios, en ambientes laborales (no me sale de las narices llamarlo mobbing) y también en el entorno doméstico.
El maltrato psicológico de verdad puede llegar a provocar las mismas consecuencias fatales que el físico, incluida la de llevar a alguien a quitarse la vida, así que recomendaría a tanto cantamañanas con afán de notoriedad que se cuidara de alardear sus trifulcas narcisistas al viento y hacerse la víctima a costa de tantas otras personas que de verdad sufren un acoso terrible y difícil de atestiguar debido a la ausencia habitual de pruebas materiales.
Hablo hoy de esto porque he rescatado una información acerca de las consecuencias funestas que puede tener el amor. Se trata, una vez más, de un estudio llevado a cabo en Gran Bretaña.
Cuando me decidí a ahondar en la noticia más allá de los titulares, comprobé que éstos no eran del todo concisos, y que daban lugar a confusión.
Si uno lee encabezamientos como “Un estudio revela los peligros que el amor puede tener para la salud”, o “Expertos demuestran que el amor puede aumentar el riesgo de dolencias cardiacas”, o “Sí que es posible morir de amor”, qué demonios, parece que el mundo se haya vuelto del revés.
Sin embargo, como ya he apuntado, al leer con detalle descubrí que tales amenazas para nuestro corazón no se derivan del enamoramiento en sí mismo, sino, bien al contrario, son producto de relaciones tensas, de broncas diarias, celos enfermizos, y ese etcétera que todos sabemos relativo a la hostilidad como rutina.
Se supone que el estudio hace alusión a disputas conyugales y berrinches de andar por casa. No menciona los malos tratos ni las agresiones con repercusión judicial o penal. Lo curioso es que, si hacemos caso a los titulares, parece que nos estén diciendo que el amor significa eso, trifulca y sufrimiento, y, hombre, ya sabemos lo bobalicones que nos volvemos todos cuando nos enamoramos, pero de ahí al masoquismo hay un trecho.
Así pues, tenemos por un lado a cierta purrela farandulera largando sobre maltrato psicológico con insultante frivolidad, y, por otro, a unas supuestas lumbreras británicas que nos asustan afirmando que Cupido es peor que el colesterol, los triglicéridos, el tabaco y la fritanga.
Viva el término medio, sí señor.

4 comentarios:

On the road dijo...

El único maltrato psicológico es aquel al que nos someten todos esos famosillos de tres al cuarto (y sus "camellos" mediáticos) con su mera presencia. Por suerte, tenemos suficientes años y neuronas para prestarles exactamente la atención que merecen.

Amkiel dijo...

Si maltrato psicológico es no conseguir siempre lo que queremos, ¿para qué necesitamos la palabra "educar"?

malditas musas dijo...

El falso amor explota.

beso descongestivo y (por suerte) poco civilizado ;)

musa

El último peatón dijo...

On the road: Tienes razón. Cada vez que oigo hablar (sic) a Belén Esteban me siento maltratado psicológicamente, e incluso físicamente. Buf.

Amkiel: Me parece que la fase de "educar" algunos se la saltaron, o tal vez sí que la vivieron, pero me temo que no le sacaron provecho.

Musa: Ya lo creo que explota. Lo malo es que a veces tarda demasiado en hacerlo...

Abrazos para todos.