lunes, 10 de noviembre de 2008

Muertos de sueño

Reproduzco literalmente un titular: “Un estudio demuestra que la falta de sueño puede ser mortal”.
Así es. Las personas que no duermen lo suficiente duplican al parecer el riesgo a morir por enfermedad cardiaca, según un estudio llevado a cabo en el Reino Unido.
La teoría de los investigadores se basa en que la falta de sueño podría estar relacionada con un aumento de la presión sanguínea, lo que se traduce en amenaza inminente de bomba para nuestro corazón urbanita y estresado.
Los especialistas en la materia achacan esta falta creciente de sueño entre la población al estilo de vida moderno, donde determinadas ocupaciones parecen invadir el territorio tradicionalmente sagrado del descanso doméstico.
Dicho esto, yo distinguiría tres tipos de causas, desde mi visión peatonal y corriente.
Por una parte, tendríamos a los individuos que padecen estrés, ansiedad, presión laboral, familiar o económica, motivos todos ellos más que suficientes para amargarle el sueño a cualquiera o, como mínimo, agitarlo salpicado de horribles pesadillas.
Por otro lado estarían los trasnochadores habituales, los que duermen poco porque salen de farra un día sí y otro también, porque siguen creyendo en eso de que la noche es joven y porque para ellos la juerga es el mejor sinónimo de la diversión. Tal vez mueran antes que los demás, pero lo harán como el general Custer, con las botas puestas.
La tercera categoría la formarían los noctámbulos televisivos, los adictos a series interminables, reality shows culebrónicos, teletiendas surrealistas y demás fauna catódica de la madrugada. Las audiencias de determinados programas revelan que la tele quita mucho más espacio al sueño desde que desapareció la carta de ajuste y la programación pasó a ser un flujo infinito e insaciable.
Siendo rigurosos, habría una cuarta clase, la de los insomnes patológicos, aunque éstos, por estar ya tipificados como enfermos, entiendo que no serían objeto del estudio que nos ocupa hoy y que se refiere a la disminución artificial y forzada de los hábitos durmientes como un mal de la era contemporánea.
Madrugar es uno de los sufrimientos que no he conseguido aliviar en mis cuarenta años de existencia pedestre, así que, al margen de si es o no riguroso, permitidme que esta vez apoye incondicionalmente este estudio (seguramente innecesario, como tantos otros).
Nos han organizado el mundo al revés, para que nos levantemos temprano y nos vayamos pronto a la cama, cuando la sabia naturaleza de nuestro organismo nos dicta que lo ideal es trasnochar lo que se quiera y no tener una hora fijada para levantarse. ¿Os imagináis el mundo sin despertador?
En fin, soñar es gratis, aunque dormir cueste caro.
Y ahora os dejo, que ya están ahí los Lunnis.

2 comentarios:

Amkiel dijo...

Dice el refrán que "a quien madruga, Dios le ayuda"... es mejor dormir más y no necesitar ayuda para estar despierto.

El último peatón dijo...

Si yo supiera que lo del sueño se curaba dejando de ser ateo, me iba corriendo ahora mismo a ver al Papa... Pero vamos, como tú dices, menos pedir ayuda y más descansar, que la falta de sueño fomenta la mala leche y ya tenemos bastante con la crisis.