viernes, 7 de noviembre de 2008

Complejo de inferioridad lingüística

Hace siglos, la gente llevaba pegada al salpicadero del coche una especie de orla familiar con la leyenda “Papá, no corras”. Era una horterada, de acuerdo. Como la pegatina de la discoteca Penélope de Benidorm, el perro que niega con la cabeza sobre la bandeja trasera, el mini ventilador o el cangrejo encapsulado en la bola de la palanca de cambios.
¿Somos ahora menos horteras? Habrá quien crea que sí, sólo porque le venden la misma bazofia, pero en inglés.
Lo siento por vosotros, pero eso es, entre otras muchas cosas, el famoso tunning.
Como acabo de decir, nuestros abuelos ya tuneaban su coche con el perro que niega, la Penélope, o el sofá porta pañuelos (por si fuera poco, la palabra tunear me recuerda a la Tuna, esa especie de aberración músico-universitaria que suele perpetrar sus crímenes acústicos en bodas, banquetes y comuniones).
Es verdad que hay cosas que con el tiempo van cambiando, y puede ser que lo que hace años era cutre, de repente se convierta en vanguardia (por ejemplo, los tatuajes, que hace escasamente un par de décadas eran patrimonio casi exclusivo de la imaginería legionaria y presidiaria, y ahora no hay moderno que se precie sin uno sobre su piel).
De igual modo, parece que el hecho de denominar algo en inglés lo dignificara automáticamente, como en los tiempos en que Miguel Ríos se hacía llamar Mike Ríos para parecer más rockero y juvenil.
A menudo, amigos y colegas me reprochan mi empeño por usar el castellano, y me tachan de “antiguo” por decir cosas como descanso, pausa o intermedio en vez de break; o por decir horario, programa u orden del día en vez de timming; o discurso, charla o ponencia en vez de speech; o soltero en vez de single, reserva en vez de rooming, cuestionario en vez de checklist, magdalena en vez de muffin y batido en vez de smoothie. (Y me paro, porque habría miles de ejemplos.)
Me gustaría resaltar, sobre todo, lo ridículo de llamarle a uno “antiguo” por esto. Ahora mismo no sabría confirmaros a cuándo se remontan los orígenes del inglés y el castellano, pero, como mínimo, casi todos sabéis que Shakespeare y Cervantes eran contemporáneos, por lo que ya me diréis qué tontería es eso de presumir de modernos por utilizar una lengua en detrimento de la otra.
Al hilo de mi parrafada de hoy, quiero aprovechar para recomendaros el libro La punta de la lengua, de Álex Grijelmo, en el que, además de encontrar útiles consejos y sabias reflexiones de forma amena y no exentas de ironía sobre nuestro idioma, hallaréis un apartado dedicado a los anglicismos del cual destaco una opinión que comparto totalmente: los españoles, aunque no queramos reconocerlo, nos acomplejamos ante el poder imperial de lo anglosajón, y eso termina afectando a una parcela tan específica como la del lenguaje.
Erróneamente pensamos que el castellano no posee recursos para traducir según qué términos pertenecientes al mundo de los negocios, la ciencia o la publicidad, pero eso no es verdad. Sucede, en cambio, que sigue habiendo mucho papanatas que, como en los tiempos de López Vázquez y las suecas turgentes, se siente más importante diciéndonos, por ejemplo, que se ha sometido a una terapia anti-aging, cuando todos sabemos que lo que ha hecho es quitarse las arrugas para parecer menos viejo.
En fin. Ya están tardando en sacar pegatinas que digan “Daddy don’t run fast”, o, ya puestos, “Paping no corring”, o lo que sea. A lo mejor se acaban los accidentes.

5 comentarios:

Palimp dijo...

Tienes toda la razón. En el Cuchitril he intentado nunca decir 'blog' o 'post' cuando tenemos bitácora o entrada. Reconozco que en el lenguaje coloquial me gusta poder usar todos los recursos y decir también -pero no exclusivamente- palabras inglesas. Pero en mis escritos he intentado no caer en las garras de la pérfida Albión.

letras de arena dijo...

Me ha encantado ese "paping no corring", es la leche o la "milk".
Saludos latinos.

Stradivarius dijo...

De todas maneras, los anglicismos están ahí para quedarse, aunque sea compartiendo espacio con los términos patrimoniales... es ley de vida, supongo que ha habido quejas de este tipo durante toda la evolución de la lengua, del tipo: "pero niño, no digas sepia pudiendo decir jibia" o "no digas parking -inglés- ni garaje -francés- pudiendo decir aparcadero".
Los que son realmente monstruosos (o "disgusting", me mata la gente que usa esta palabra, igual que "cool") son híbridos mutantes supuestamente normalizados y correctos como el famoso "cederrón", o el "güisqui"... ¿o no?

El último peatón dijo...

Yo siempre he sentido envidia hacia las personas políglotas, y por eso me da tanta rabia que se quiera imponer esa especie de esperanto bastardo y amalgamado que suena anglosajón pero que tampoco es exactamente el inglés.
Sólo espero que esta corriente devastadora no alcance al peculiar universo lingüístico de los insultos, que en eso aún no nos ganan los anglófonos, siempre echando mano del comodín "fuck", como si no tuvieran otro taco. Donde esté un buen "Me cago en tu puta calavera" que se quiten todos los "fucking shits" del mundo.

Zenkiu verimach, o sea, gracias a todos.

Amkiel dijo...

Aunque todos hablásemos el mismo idioma, seguiríamos sin entendernos.