miércoles, 22 de octubre de 2008

Y tú, ¿qué harías?

Me he acordado ahora de una conversación que mantuve hace algún tiempo con un grupo de compañeros del trabajo mientras nos relajábamos charlando a la hora del bocata.
La mayoría de los presentes eran mujeres, lo cual no es un dato baladí, como se verá.
El origen de la charla se ha borrado ya de mi memoria, pero el caso es que, en un momento dado, alguien sacó a colación la escena quizá más conocida de la película de Clint Eastwood Los puentes de Madison.
Para quien no la haya visto, resumo fugazmente la trama y pongo en antecedentes sobre la secuencia en discordia: la protagonista, de nombre Francesca e interpretada por Meryl Streep, ha tenido un affaire amoroso durante unos días con un tipo aventurero y bohemio, un fotógrafo de National Geographic, interpretado por Clint Eastwood y en las antípodas (tanto intelectuales como varoniles) de su marido, un hombre bondadoso y cuya fidelidad está libre de toda sospecha, si bien, con el paso del tiempo, parece haber transformado la pasión en una suerte de tediosa constancia afectiva. El matrimonio, además, tiene dos hijos menores de edad.
El caso es que, tras el desliz, Francesca queda prendada de su aventurero, lo mismo que él, quien le propone a ella escaparse juntos y abandonar así para siempre su anodina existencia de maruja palurda.
Y así llegamos a la escena cumbre: Llueve a cántaros. Eastwood espera en la calle, sin paraguas ni capucha, calándose hasta sus huesos sexagenarios. Francesca viaja en el coche junto a su marido, que es quien conduce. El coche se para en un semáforo, ella ve a su héroe desde la ventanilla y alarga su mano hasta el mango de la puerta. Parece que la abrirá y saldrá corriendo a empaparse junto a su amante, pero no lo hace. El semáforo sigue en rojo y el marido, al menos aparentemente, en Babia. Francesca continúa sujetando la palanca de la puerta como si fuera a arrancarla…
Bien, me paro aquí para no joderle a nadie la peli. Sea como sea que se resuelva la escena en el filme, el meollo de la conversación a la que he empezado aludiendo en mi comentario de hoy se encuentra aquí.
Todas las mujeres presentes en aquel corrillo reconocieron que, mientras veían aquella secuencia, pensaron, murmuraron o incluso exclamaron: “¡Vamos, ábrela, ábrela, vete con él!”.
Obviamente, entiendo que lo pensaran. Cualquier persona a quien haya agradado la película reconocerá haberse contagiado de los sentimientos de los protagonistas. Sin embargo, lo que yo aduje al respecto fue que aquel entusiasmo y aquella complicidad con Francesca revelaban una escandalosa contradicción, en función de los valores que todas aquellas mujeres aplicaban en su vida cotidiana.
Reconozco que era una carta ganadora infalible si lo que pretendía era sembrar la polémica, como así fue. Mis compañeras criticaron mi supuesta falta de romanticismo y confundieron mi intención de cuestionar sus criterios con una aparente censura a la actitud adúltera de Francesca.
Dicho esto, me vi obligado a aclarar que mi incisivo comentario no versaba sobre la decisión del personaje de Meryl Steep, sino sobre qué hubieran pensado ellas de una amiga, vecina, compañera o conocida que les contara algo como: “He decidido abandonar a mi marido y a mis hijos para irme a disfrutar de la vida con mi amante bandido”.
No es que no se comprenda la necesidad de Francesca de ver realizados sus sueños. Os aseguro que me identifico totalmente con los anhelos de alguien que cree que cosas tan prosaicas como la edad, las convenciones sociales o los prejuicios no pueden aniquilar los deseos humanos y el derecho de cualquier persona a ser feliz.
Ahora bien, que nadie se engañe. Esos gritos de ánimo a Meryl Steep para que baje del coche de su marido representan también un sueño, una ilusión, una vía de escape, tal vez, pero de ningún modo reflejan el sentir generalizado a la hora de opinar sobre el comportamiento de nuestros semejantes.
Creo que si se hiciera una encuesta preguntando qué es lo peor que puede hacer una madre, la aplastante mayoría respondería de forma espontánea que lo peor sin duda sería abandonar o desatender a sus hijos. Y aunque añadiéramos que esa presunta madre fugitiva había huido por amor, a nadie le valdría como excusa.
Precisamente, una de las razones por las que admiro esta película de Clint Eastwood es por el tratamiento serio, adulto y coherente que hace de los sentimientos románticos. No necesita convertir la historia en un cuento de hadas donde todo el mundo termina comiendo perdices para trasmitir lo que significa enamorarse de alguien. Si no fuera porque son palabras que riman, cualquiera diría que romanticismo y realismo no tienen nada en común.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una decisión difícil. Pienso que en cualquiera de los dos casos, algo perderíamos. Y estoy de acuerdo contigo, viendo una película así, nos sale el lado pasional, pero si lo hiciésemos o lo hicieran nuestros vecinos.....ayyy madre.
Antonia.-

Anónimo dijo...

Soy mujer y ufff, me ¡¡ALEGRÉ!! un montón que no se abriera la puerta de aquel coche.
Me indignaría que un fotógrafo con semejante personalidad se quedase con la maruja-mentecata de granja.
El encanto del fotógrafo es su libertad y si alguien le tiene que acompañar en su viaje es un espíritu libre, no una mojigata llorona y dependiente, ya sea vecina, amiga o Meryl... eso es lo de menos. No diferenciaría entre la peli y la vida cotidiana.

;-) Salma

C. Martín dijo...

Recuerdo muy bien que cuando vi esa peli pensé que qué le costaba haber rodado otro final, que al cine se va uno a evadirse y yo recuerdo no salir de esa peli "totalmente satisfecha", quizás porque no me parecía algo demasiado real.
Más tarde descubrí que si juntara todos los puentes de Madison que he ido encontrano, llegarían hasta la Luna. Y desde luego otro final sería imposible.
En cuanto a lo del doble rasero, siempre he creído que quienes lo usan es que o son unos cínicos o es que el ladrón se cree que todos son de su condición, se retratan.
En cualquier caso cuando en la vida se dan esos portazos, o es que se ama demasiado..., o es que se es un inconsciente.

El último peatón dijo...

Estas cosas siempre me acaban recordando una frase de otra película, "El misterio Von Bulow", y que creo haber mencionado ya en alguna ocasión:
"El amor es fantasía y vivir con alguien es trabajar".

C. Martín dijo...

Ah, el misterio von Bülow, me fascinó el Irons en su día..., no recuerdo esa frase, pero es buena, sí señor.

sanjoni dijo...

Nunca, hubiese sabido qué hacer, cómo actuar. Aunque diga que el amor, para mí es lo más importante, nunca podido saber qué hacer con aquella angustia de interponer sus deberes con su amor.

El veí de dalt dijo...

Un buena pelicula basada en un mejor libro. Creo que en la escena que cuentas, Eastwood no se está calando bajo la lluvia, sino que va en una furgoneta delante de la pareja, poniendo el intermitente para girar a la izquierda. Él la ve a ella por el retrovisor. Ella lo ve a él delante mismo. Y el marido, palurdo como todos lo maridos, dice algo así como "Este tipo no debe ser de aquí. ¿Qué vendrá venido a buscar?" En fin, que estoy contigo: todas las mujeres animarían a su vecina a abrir la portezulea pero ninguna de ellas daría el salto. No sé si esto las dignifica más que a nosotros, hombres (que seguro que si la pava de la peli fuera, pongamos por caso, la Penélope Cruz), habríaamos roto la puerta a patadas. En fin: es el sempiterno tema de la fidelidad malentendida. ¿A quién no le aptece una canita al aire de vez en cuando?... He dicho canita? Quería dcir "cañita" (de cerveza). ¿Hacemos una?

El último peatón dijo...

Vecino, rara vez le digo que no a una cañita, ya sea al aire o a cubierto.
En cuanto a la escena de la película, es verdad que mi memoria saturada (y seguramente también la edad) ha provocado una especie de elipsis caníbal. La secuencia correcta sería la siguiente. Ella espera en el coche mientras su marido ha entrado en una tienda o una gasolinera. Llueve a cántaros, y Clint Eastwood está en la calle, empapándose. La mira a ella desde la calle, calado hasta el tuétano, y ella le sonríe desde el coche. Él también sonríe y hace un sutil gesto de asentimiento. La sonrisa de él contiene más tristeza que alegría, y da la impresión de que llora y las lágrimas se disimulas con la lluvia que le cae por el rostro. Después se sube a su furgoneta, y al detenerse en un semáforo sucdede lo que ya sabemos con la puerta del coche.

Gracias a todos por la visita.

C. Martín dijo...

Ah, no, veí, por ahí no paso, no me digas que es un buen libro, no para mí. Es uno de esos casos que la peli mejora al libro (véase El club de los poetas muertos, v.g.)
Lo leí en su día y me negué a leer la continuación que escribieron cuando el exitazo de la peli.
Y cuando quieras te lo discuto a la cara... de una cañita o un cafelito, que el Palimp ya está tardando :-P
Y tienes razón en lo de la escena, pero también la tiene el peatón: la sensación que te queda es la de la impotencia bajo la lluvia, quizá porque cuando arrecia todo el mundo se pone a cubierto y aquel que deja que le empape es que no va a luchar más.

Señor peatón, gracias por dejarnos su casa para charlar.

Anna dijo...

Buenas noches Pascual,
me encantó la frase"El amor es fantasía y vivir con alguien es trabajar". Da sentido a la conversación que mantuvimos el viernes entre carmen, tu y yo en la que yo os confesaba que, después de 21 años de matrimonio, jamás volvería a casarme. Carmen pareció escandalizarse, algo muy doloroso acababa de pronunciarse sin titubeos.La realidad se impone a veces de forma abrupta, sin concesiones....¿Por qué pronuncié esta frase en la celebración de mi 21 aniversario de boda? Justamente por lo que explica esta frase. Por que ya no soy capaz de fantasear. M. Streep sabe, igual que yo, que, pasado un tiempo, su amante perfecto será lo mismito que su adorado y perfecto marido: un rutinario acompañante de viaje. Está viviendo un momento sublime, delicioso, pero ella sabe que ese momento es fugaz, que tiene un final, que ella ya no es virgen- en el sentido más amplio de la palabra- y que, tarde o temprano, el espejismo se esfumará y sólo le quedarán sus hijos y ella . Ella continua en el coche porque escoje a sus hijos, no a un hombre - sangre de su sangre- Al otro, quien quiera que sea, lo encontró en la calle-. Sé que lo que digo es difícil de entender para quienes no hayan parido un par de veces, pero créanme si les digo que a mi me encantaría poder ser más ingenua, creer en ese hombre que te haga feliz, pero mi experiencia y mi edad me impiden creer en algo que no sea el " fruto de vientre " amén.
Con todo, he de decir que mi querido Pascual, es un hombe que merece perpetuarse por lo siglos de lo siglos. Mujeres del mundo virtual, si quereis conocer la bondad, la generosidad y la paciencia, no llameis a mi casa- mi marido está saturado con alguien tan insoportable como yo- ecercaos a Pascual y sabreis lo que es un ser humano generoso e inteligente. Eso si... os habeis planteado si estais a su altura?????

Inés B.