miércoles, 1 de octubre de 2008

LIbertad en extinción

Uno de los libros más entretenidos y estimulantes que he leído en los últimos tiempos es la novela Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, del madrileño Rodrigo Muñoz Avia.
Se trata de una historia de gente sencilla, reconocible, tratada con un sentido del humor y una ironía admirables, hasta el punto de que, a pesar de encerrar entre sus páginas una ingeniosa crítica a nuestros defectos de pequeñoburgueses contemporáneos, al terminar su lectura lo que le invade a uno es, sobre todo, el optimismo.
Su última novela, Vidas terrestres, aunque amena y a ratos divertida, no es tan desenfadada como la anterior, si bien conserva muchas de las señas de identidad de su precedente, especialmente en su voluntad de seguir retratando nuestra imperfecta humanidad con un sentido constructivamente crítico, y sin renunciar por ello a ceder un espacio para la ilusión, la ensoñación e incluso la ternura. Utiliza el macguffin de una posible invasión extraterrestre para hablar de lo terrenal y lo terrestre, de cuestiones existenciales y filosóficas siempre desde la óptica de lo doméstico, y lejos por tanto de fatuidades intelectuales que puedan tornar lo simpático en antipático.
Al margen de la sensación placentera que en general me dejó el libro, siempre recuerdo del mismo una frase que ilustra muy bien algo en lo que pienso bastante a menudo, sobre todo cuando comparo mis circunstancias personales con las de mis amigos y conocidos más o menos de mi edad.
Durante un diálogo entre dos personajes, uno de ellos (una chica) le dice al otro que va a casarse y que tiene miedo de que eso suponga la pérdida de algunas de sus libertades, como, sin ir más lejos, la de poder tener una conversación como ésa misma con un conocido o desconocido que no sea su pareja. Lo que la otra persona (un chico) le responde, es: “Todos tenemos mucha más libertad de la que pensamos o de la que nos gusta pensar que tenemos. A veces resulta muy cómodo pensar que no tenemos libertad”.
Nunca he entendido esa especie de resignación colectiva que conduce a asociar el compromiso de pareja con la inevitable pérdida de las inquietudes particulares, hasta el punto de que dicha pérdida termina aniquilando a menudo figuras y elementos tan valiosos como las aficiones y los amigos.
Pero menos aún comulgo con la idea de utilizar el matrimonio o la relación amorosa como coartada para rendirse o dejarse abatir por la apatía, para esconderse de los sueños incumplidos o justificar la ausencia de ellos.
No se trata de defender o denostar un estilo de vida u otro. Cada cual debe elegir la forma en que desea realizarse y relacionarse. Sin embargo, diálogos como el de la novela de Rodrigo Muñoz Avia resultan cien por cien creíbles, y reflejan una forma de pensar tan extendida como dañina.
Si os paráis a pensarlo, es como si la libertad fuera un patrimonio asequible en exclusiva a los solitarios; como si la necesidad básica de interrelacionarnos fuese un inhibidor de la propia personalidad, como si uno tuviera que elegir entre ser libre o ser sociable, entre ser fiel a sí mismo o dejar de serlo por serle fiel a otro. ¿Es esto lo que queremos? Hoy os invito desde mi acera virtual a que reflexionéis sobre el verdadero alcance de vuestra libertad. Da igual si sois casados, separados, solteros, amancebados, divorciados, polígamos o célibes. Simplemente, tratemos de recopilar mentalmente aquellas cosas placenteras o estimulantes que hemos ido dejado de hacer, y, a continuación, pensemos en las razones que nos llevaron a prescindir de las mismas. Puede que algunas de esas razones sean tan sólo excusas, o bien prejuicios sociales, o bien medidas para no complicarnos la vida o no tener que dar explicaciones por no ser iguales que la mayoría… Yo estoy con el personaje del libro. A veces es muy cómodo pensar que no tenemos libertad.

5 comentarios:

Las3Musas dijo...

tenemos la libertad de no creer en que se puede ser libre, también la libertad de inventarnos una realidad libre de algo que no sea nuestra propia (e íntima) cárcel

bss, señor peatón
musa

El último peatón dijo...

Supongo que hay algo aún peor que no ser libre: serlo, pero no ser consciente de ello. Uf...

Besos sin cadenas.

letras de arena dijo...

La verdad es que conozco muchas parejas que como tú bien dices tienen la excusa de tener ese compromiso para no mover sus traseros del sofá.También los hijos se convierten en la única preocupación de muchos padres y madres (sobre todo)y al cabo del tiempo, se dan cuenta que no tienen vida propia; entonces son los hijos los primeros en no admirar la postura que tomaron los padres. No exagero.
La mayoría de las veces somos nosotros mismos los que limitamos nuestra libertad.

Anna dijo...

Buenas noches Pascual,
De nuevo te metes en temas peliagudos para estirar de la lengua a la gente.Me parece bien, pero creo que, de momento, se está opinando en este foro sin conocimiento de causa, desde el otro lado de la acera. Me juego lo que quieras a que los que habeis hablado hasta el momento no llevais a vuestras espaldas la responsabilidad de una familia desde hace 20 años.
No quisiera dármelas de oficiante de moralina o de estar de vuelta de nada, porque el precio que he pagado por ser consecuente con mis decisiones ha sido tan alto que no es para jactarse de ello. Simplemente lo decidí, lo asumí, lo he sobrevivido y punto. Y creo que eso es también ser libre.
La libertad no es siemopre hacer lo que uno quiere en cada momento, sino lo que debe, lo que te permiten tus circunstancias, lo que te lleva a renunciar a cosas por el bien de otros a quien valoras por encima de todo.
Cuando uno convive en pareja, matrimonio o lo que sea asumes unas responsabilidades y compromisos con primeras, segundas y terceras personas que antes no te coartaban. Es lo que se llama el círculo familiar a quien se acude en busca de ayuda, pero también se acoje cuando se tercia. Los padres se hacen abuelos y necesitan tiempo y cuidados, los maridos buscan su lugar preferencial, aunque no te condenen por ello a galeras y los hijos son el eje de tu existencia porque así lo planificaste en su día. He perdido mi libertad con ello? No. He escogido y he optado libremente. He postergado algunas cosas porque tenía unas perspectivas de vida que me exigían esfuerzo y sacrificio durante un tiempo. Acaso alguno de vosostros no ha renunciado a algo alguna vez?Cuantos no han vendido su alma a la empresa para conseguir un progreso económico, social o lo que sea? Lo han hecho libremente o ha sido pura coacción??? O esto último es menos repochable que decidir amamantar hijos durante unos años y luego abrirse camino a contracorriente?
O todos moros, o todos cristianos. Yo no critico si la actriz de moda posterga su materniad en pos de una carrrera en el cine, entonces que nadie discuta mi decisión de conceder todo el tiempo del mundo a mi familia cuando yo lo quiera. Yo también he sido y seré libre. Yo elegí esta vida. Yo elegí ser Patrocinio Magefesa. Yo elegí no dar a mis hijos en adopción a mi suegra y, ahora que son mayores y casi autónomos, me devueven con creces el tiempo invertido- a veces lo hecho de menos!
En cuanto a mi marido, nunca me ha negado ninguna afición o compañía. Lo único que he dejado de hacer desde que etoy casada es esquiar porque es muy caro y tengo una hernia discal y, en cuanto a los amigos que me querían entonces, me siguen queriendo ahora y, como ya todos peinan canas y otras penas, en vez de vernos en bares de copas les invito a casa a cenar, que es donde ofrezco todo lo mejor de mi misma, sin trampa ni cartón.
Os deseo a todos que sepais ganaros vuestra libertad y que, cuando os hagais mayores, tengais la conciencia llena de paz y serenidad en vuestros logros y en vuestra renuncias.

P. Magefesa.

El último peatón dijo...

Querida Patrocinio.
Es evidente que, como muy bien explicas, las elecciones que has hecho en tu vida responden en su mayoría a tus verdaderos deseos personales o, como mínimo, a lo que en su momento te pareció más apropiado. Además, me consta que eso no ha minado tus inquietudes verdaderas (para muestra este comentario… y, por cierto, ¿para cuándo tu propio blog?).
Desde luego que mi escrito no pretendía ser una “acusación” de nada, sino tan sólo una invitación a la reflexión, y además para todo el mundo: “casados, separados, solteros, amancebados, divorciados, polígamos o célibes” (reproduzco literalmente).
El hecho de que piense mayoritariamente en este tema cuando me acuerdo de algunos conocidos que están comprometidos o emparejados se debe a que estas personas suelen apelar muy explícitamente a las presuntas obligaciones conyugales para justificar sus renuncias a ciertos placeres o su desapego progresivo del círculo de amistades.
Creo que la expresión “acomodo”, tan utilizada en términos críticos para hablar del matrimonio o la pareja, remite más bien a una apática inercia que a una verdadera comodidad. Puede que esté ahí el peligro.
Así que cuando hablo de libertad en este contexto no estoy diciendo que sea más libre quien se va de juerga todos los días que quien cuida de sus hijos (sería absurdo y simplón por mi parte). Sencillamente, me refería a que no es más responsable ni más maduro el sacrificio que el placer. Que el aburrimiento existencial no entra (o no debería entrar) en el lote de las obligaciones de las personas adultas, y tengo la impresión de que muchos de mis conocidos se aburren, no disfrutan de la vida que han elegido y la mantienen por un sentido de la obligación que yo no entiendo.
Un placer tenerla de nuevo paseando por aquí, señora Magefesa.