jueves, 30 de octubre de 2008

La poesía también es cosa de risa

Me lo estoy pasando en grande leyendo Las mil peores poesías de la lengua castellana, un libro de Jorge Llopis publicado por primera vez en 1957, y corregido, aumentado y reeditado en 1973.
Llopis fue colaborador de la mítica revista La Codorniz, algo así como el antepasado directo de la contemporánea El Jueves, con la salvedad importante de que la primera nació con el siniestro y más que hostil panorama mediático del por entonces aún vigente régimen franquista como telón de fondo.
La intención de este volumen satírico no es otra que la de demostrar que no hay nada sagrado ni intocable en la literatura; que aquello en lo que unos ven sublime genialidad puede ser para otros insoportable cursilería o vulgar chapuza.
Reproduzco hoy aquí algunos fragmentos de esta obra subversiva, altamente recomendable para quienes —igual que este peatón— crean que leer y sonreír son dos ejercicios perfectamente compatibles, y que el saber, ocupe o no lugar, no debe provocar nunca el efecto secundario conocido como “cara de estreñimiento erudito”.

Extractos de Las mil peores poesías de la lengua castellana, de Jorge Llopis (Ed. Espuela de Plata):

“El arte, que es invento del hombre, tiene modas. Y lo que parecía deleznable y espantoso, la generación siguiente lo encuentra importantísimo. Recuerden ustedes que Hamlet —que hoy nos parece fuera de discusión— a Moratín le daba cien patadas en la boca del estómago. ¿Por qué no me las van a dar a mí Unamuno, pongo por caso, o Azorín?
Me consta que mucha gente se escandalizará cuando se penetre en las razones que aduzco para dar mazazos iconoclastas contra los pedestales de escayola gratuita de muchos conspicuos inmortales. No me importa que se atufen, porque sé que todos los que claman y se desgañitan hoy, dirán otra cosa dentro de diez años. Y muchos de ellos, hoy como mañana, harán suyo lo que escuchen decir a alguien que les inspire confianza. Los que defienden a bocados una postura —la que sea— y más intransigentes se muestran, son casi siempre los que hablan por boca de ganso; los que caminan —borregos del arte— delante de un pastor, los que no tienen ideas propias y necesitan que alguien se las dicte”.

“Lengua castellana es esa especie de ronquido que los españoles utilizan los lunes para discutir de fútbol. La lengua castellana sirve también para decir otras muchas cosas, pero menos importantes”.

“Se da el nombre de escritor a un señor que, generalmente, se pasa la vida sin un céntimo. A veces el escritor se torna glorioso, circunstancia que le permite comer algunos días de la semana.
Cuando dos escritores se reúnen, pueden suceder varias cosas:
1ª Que decidan hacer una comedia en colaboración.
2ª Que hablen mal de un tercer escritor, que, casualmente, no se halla presente.
3ª Que se limiten a tomar café.
Cuando en vez de ser dos los escritores reunidos, son tres, hablan mal, no sólo del colega que se encuentra ausente, sino de todos los escritores españoles y extranjeros.
Cuando en la reunión hay más de tres escritores que hablan mal, se llama Café Gijón”.

“Se llama obra literaria a esa clase de libros que, generalmente, no lee nadie. Los libros que suele leer la gente no son obras literarias, sino obras de solaz y esparcimiento. El público no suele leer obras literarias porque piensa:
a) Que son aburridas.
b) Que son largas.
c) Que son caras.
Casi siempre la gente acierta, y las obras literarias participan de las tres cualidades anteriormente apuntadas”.

1 comentario:

Poesía Intimista dijo...

Muchos libros que se venden como obra sublime con necesidad de leer porque dicen que sino es imperdonable, yo no las he leído... Y eso, que yo leo de todo.
Rarita que es una.
Beos con poesía.