jueves, 16 de octubre de 2008

Fiel

Estaba enamorado de X, y a la vez deseaba a W. Los más puritanos hubieran negado la convivencia de ambos anhelos, pensando erróneamente que eran incompatibles.
Con X me unía algo mucho más asentado que un impulso venéreo espontáneo, y desde luego que no estaba dispuesto a hacer nada que pudiera dolerle. Pero eso no bastaba para que yo fuera capaz de frenar la actividad volcánica que se desataba en mi interior cada vez que me cruzaba con W por un pasillo y jugábamos a ver quién de los dos mostraba los dientes más afilados al sonreír.
Harto de sufrir en solitario —cual insolente forúnculo— aquellos dilemas shakesperianos, decidí estudiar detenidamente mis opciones.
La primera era sencilla. Podía enrollarme con W a escondidas, perdernos por ahí en un lugar alejado de cualquier ojo indiscreto o casual, desahogar así nuestro reprimido apetito, y mantener después la historia en secreto por los siglos de los siglos.
La opción fue inmediatamente desechada. Es cierto que X no tenía por qué enterarse, y de este modo nunca podría sufrir por algo que desconocía, pero la infidelidad estaría consumada de todas maneras. De momento me quedaría a gusto, pero tal vez la felonía me pasara factura en el futuro, por no mencionar el hecho de que la reacción de W era todo un misterio (por no extenderme más en este aspecto, os invito a recordar películas como Atracción fatal o Escalofrío en la noche).
La segunda solución pasaba por recurrir al onanismo. En este caso, el conflicto sería únicamente de carácter semántico. Autosatisfacerme evocando a una mujer distinta de mi novia podría catalogarse como infidelidad en términos morales o intelectuales, pero, si nos ceñimos al concepto jurídico de la aportación de pruebas, en ningún caso habría lo que se conoce como “cuerpo del delito”. Además, aplicado el concepto a la práctica cotidiana, para acusar a alguien de “infiel” sería necesaria al menos una evidencia de relación carnal con otra persona.
Al margen de esto, la alternativa del onanismo no se traduciría en una disminución de la sexualidad en la pareja, sino tan sólo en la necesidad de un esfuerzo extra por mi parte. Con ello, la cosa terminaría pareciendo más un castigo que una verdadera solución (igual que cuando el profesor te castigaba a escribir cien veces en la pizarra que no volverías a cometer la travesura en cuestión). De esta manera, en el caso de mi tentación de infidelidad, cada paja contaría como una de esas cien veces en que tendría que escribir “No volveré a ponerme cachondo pensando en W”, y eso de sentirse culpable por darle al manubrio me sonaba a colegio de curas franquista, por lo que envié la segunda opción también al cubo de la basura.
La tercera posibilidad, y la que finalmente escogí, tuvo unos beneficios posteriores que, más allá de su cuestionable naturaleza, sirvieron para regalarle a X una suerte de compensación. La obsesión por W me duró unas cuantas semanas, así que lo que hice durante ese tiempo fue cerrar los ojos cada vez que hacía el amor con X y reproducir en mi mente la imagen de W. Esto me producía una inconmensurable excitación, una motivación añadida a la hora de entregarme al coito y, en resumidas cuentas, me convirtió en mejor amante.
Hace años que X y yo rompimos, y no recuerdo cuándo fue la última vez que nos vimos. A quien sí me encontré fue a W, hará nueve o diez meses. Estaba fea, estropeada, descuidada. He vuelto a cerrar los ojos muchas veces, pero jamás ha aparecido ella.

7 comentarios:

sanjoni dijo...

¿Cuántas, tantas veces me he encontrado en esa situación?. Aunque, acudí al onanismo, también sólo una vez escogí la opción culminante de terminar lo que se empezó en la imaginación. Sacar la espina a costa de meter en un agujero otra espina, se hace tan placentera como dolorosa. (Aunque el dolor es proporcional a la cantidad de lubricante que se use).
Espero nunca más encontrarme en esa situación.
Como siempre, tuteándote, texto magnífico.

Las3Musas dijo...

Si nos empeñamos en matar las fantasías estamos fritos...
Menage trois, "ni pa'ti, ni pa'mi"

Saludos
musa

Poesía Intimista dijo...

Mientras se convierta en un buen amante, que piense en quien quiera.
Por que a lo mejor ella, piensa también en otro mientras dura la cosa.
Ya empiezo a estar harta del romanticismo barato que nos venden en las películas moñas.
Si total, no existe. Para qué pensar que si.

El último peatón dijo...

Recuerdo un cuento de Benedetti que trataba sobre un hombre y una mujer muy feos que se enamoraban y terminaban enrollados. Parece que la historia va encaminada a demostrarnos que el amor está por encima de las cuestiones superficiales, pero cuando llegamos al final del cuento, a la escena en la que van a tener relaciones sexuales por primera vez, nos encontramos con que ambos acuerdan que lo mejor es hacerlo con la luz apagada...

Abrazos a todos, queridos viandantes.

C. Martín dijo...

Siempre se ha dicho que es mejor arrepentirse de haber hecho algo que arrepentirse no haber hecho nada..., por algo será.

Lástima de los prejuicios estéticos del protagonista: siempre hay un placer especial en aprobar una asignatura pendiente..., aunque sea con la luz apagada ;-)

letras de arena dijo...

¿Hasta que punto la ficción nos ayuda? Somos tan buenos imaginando que enfrentarnos a la realidad nos duele demasiado. Es algo humano.
Buen texto, un abrazo.

El último peatón dijo...

Si es que, a veces, la vida es más fácil y mas bonita con los ojos cerrados, ¿eh?

Besos a las dos (y con los ojos abiertos; que no se diga).