viernes, 19 de septiembre de 2008

Vicky, Cristina, Barcelona y Babel

Aviso previo: Vicky Cristina Barcelona no es una película de Javier Bardem. Tampoco de Penélope Cruz. Ni siquiera es una película de Scarlett Johansson. Es una de Woody Allen. Eso significa que si nunca os han gustado las películas de este hombre, tampoco os gustará ésta, por mucho que se haya rodado en Barcelona y por mucho que su distribución en salas vaya a ser tan masiva como la de cualquier blockbuster de la Disney o de Jerry Bruckheimer. A lo mejor no hacía falta aclararlo, pero por si acaso aquí lo dejo. De nada.


Es probable que para algunos de vosotros lo de ver las películas en versión original subtitulada sea un prescindible esnobismo de cinéfilo, pero nada mejor que un filme como Vicky Cristina Barcelona para demostrar por qué a veces el doblaje puede ser un arma asesina capaz de convertir una obra apreciable en un simulacro patético.
De antemano aclaro que no soy precisamente un fundamentalista de la materia. Veo películas dobladas cuando lo estimo procedente o apropiado (si voy al cine con amigos que reniegan de los subtítulos, o si se trata de una película en la que prima el espectáculo visual sobre la interpretación de los actores), aparte de que durante muchos años, salvo en las tres o cuatro salas especializadas, casi no había otra manera posible de hacerlo, ya que, hasta la aparición del DVD, los VHS no incluían la opción del lenguaje original, y en la televisión el 99% del cine se emite en castellano o en el idioma autonómico pertinente.
La costumbre autóctona del doblaje ha consolidado en el público, por ejemplo, la falsa creencia de que conoce la voz de Robert de Niro (en realidad, la de Ricard Solans), y más de un cómico se atreve a afirmar que está imitando al actor norteamericano (ya sabéis, aquello de “Abogaaadooo”), cuando a quien parodia en realidad es a su doblador. Lo mismo sucede con los casos de Woody Allen (Joan Pera), Clint Eastwood (Constantino Romero) o Bruce Willis (Ramón Langa).
¿Pero qué ocurre cuando los actores españoles cruzan el charco y empiezan a ganarse el pan (las migajas, en algunos casos) en Hollywood y sus aledaños? Porque, si bien es cierto que las voces originales de Allen o De Niro son un misterio para el desentrenado oído ibérico (y por tanto sólo se advierte la rareza cuando se cambia al actor de doblaje, cosa que no pasa a menudo), cuando hablamos de Bardem, Banderas o Cruz, nos encontramos con personas a las que hemos escuchado infinidad de veces en sus películas, en entrevistas o en ruedas de prensa.
Y he aquí el dilema, amigos. Si se opta por un actor de doblaje distinto del intérprete original, la cosa cantará como el alioli revenido. Pero es que si es el propio actor quien se dobla, está demostrado que tampoco mejora el asunto (Bardem ya lo hizo, entre otras, en Perdita Durango y Los fantasmas de Goya, y Banderas en casi todas sus películas americanas, ambos con resultados poco loables). De una u otra manera sonará falso, artificial, impostado y hasta cutre.
En el caso concreto de la última película de Woody Allen, al peligro de encontrarse con un Bardem que habla poseído por un demonio ajeno, debemos añadirle la imposibilidad de reproducir determinadas situaciones cómicas que se basan en la pluralidad lingüística de los personajes, con lo que me temo que quienes vean la versión doblada de Vicky Cristina Barcelona podrían caer víctimas de un jamacuco polifónico que les dejará el cerebro como pasta de croquetas.
La verdad es que cuento todo esto basándome tan sólo en lo escuchado en el trailer (yo la he visto en V.O.S., claro), aunque imagino que no me equivocaré en mis negros augurios respecto a la versión española.
En cuanto a la película en sí, puede decirse que es una comedia erótico-romántica con aislados brotes de mordacidad, pero demasiado amable para lo que acostumbra a ser característico en su autor cuando aborda temas similares (véanse Maridos y mujeres, Celebrity o Desmontando a Harry, por citar sólo tres). He echado de menos al Woody Allen más corrosivo y cínico, e incluso al más vulgarmente “chistoso”. Me da la impresión de que pesa considerablemente el hecho de que esta película tenga algo de compromiso o deuda. Es como si Allen se hubiera sentido obligado a rodarla en correspondencia o agradecimiento al Premio Príncipe de Asturias y a la histórica adoración que le profesa la Ciudad Condal, o como si el “factor campo” (típico del fútbol) también fuera decisivo en el cine y la genialidad se viera resentida por jugar fuera de casa.
Lo más positivo en mi opinión es que el director neoyorquino sigue abordando los asuntos del corazón y la entrepierna desde una perspectiva más intelectual que sentimental, con un escepticismo omnipresente y una tendencia hacia la fatalidad que no es incompatible con la exaltación de los placeres elementales de la vida. Desafía las convenciones románticas y los banquetes de perdices con interesantes reflexiones que, especialmente en sus mejores obras, logran dotar de personalidad a las historias aparentemente más simples. Los límites del deseo respecto al compromiso, la pluralidad sexual sin etiquetas, la naturaleza autodestructiva de las pasiones extremas, lo absurdo de empeñarnos en hacer del amor un sinónimo de la felicidad, la certeza de que lo inalcanzable es mucho más romántico que lo factible… Todo esto, implícita o explícitamente, recorre la historia, y es al final el mejor legado de este trabajo menor de un gran director.
Además, tampoco falta un ingrediente casi imprescindible en sus películas y fundamental en alguien que se precie de reinar en el Olimpo del sentido del humor: la autocrítica. Como en tantos otros guiones de Allen, los puñales más afilados son para los seudo intelectuales, los esnobs, los creídos pretenciosos, los que van de artista hasta para freírse un huevo. Me parece que es un gesto digno de admiración, si tenemos en cuenta que quien lo escribe es un indiscutible artista y un reputado intelectual.
Javier Bardem cumple perfectamente con su papel de seductor o latin-lover al uso, quizá algo estereotipado en su diseño (no así en sus diálogos), aunque redimido siempre de la caricatura (hasta el Woody Allen menos inspirado sabe dónde están los límites). Pero la verdadera estrella de la función es Penélope Cruz, que pone la sal cuando el guiso amenaza con volverse insípido, demostrando una vez más que es mejor actriz cuando habla en su idioma y que los roles viscerales o directamente barriobajeros son su mejor arma, pese a que parezca decidida a que la encasillen entre las guapas oficiales o las musas del glamour.
Woody Allen ya no es un chavalito. No sabemos cuánto tiempo le durará ese estado de forma que le ha permitido malacostumbrarnos a una peli por año. Por eso mismo, y aunque su aventura europea de los últimos años nos ha regalado la estupenda Match point y la divertida Scoop, como admirador de su cine he de confesar que estoy deseando que vuelva a Manhattan, pues es allí donde su ingenio ha provocado sus partos más felices.

9 comentarios:

Costarossa dijo...

Qué pena... No quería ver la peli en catalán porque esperaba que los actores españoles hubieran doblado la versión española pero resulta que no. :( Creo que esperaré hasta que salga el dvd y lo veré en inglés...

Encarna-poesiaintimista dijo...

Sobre el doblaje de actores españoles, tienes más razón que un santo. No he visto, perdón por mi ignorancia cinéfila, ninguna película de Allen. Si me recomendas alguna... Tendré el gusto de verla.
Besets, Encarna.

El último peatón dijo...

Costarossa: puedes ver la película en inglés en las salas Renoir, Verdi y similares.
Pero nunca compres el DVD en el top manta, y no lo digo porque vaya de Ramoncín por la vida, sino porque la calidad es literalmente pésima.
Espero volverte a ver por mi acera virtual.

Encarna: no es muy habitual encontrarse con alguien que nunca haya visto una película de Woody Allen. En el fondo me das un poco de envidia, porque puede que estés a punto de descubrir a un autor que te enganchará y te volverá adicta (aunque también es verdad que, si no te gusta, seguramente lo aborrezcas visceralmente; pertenece a esa clase de autores que no admiten el término medio).
Creo que deberías estrenarte con "Hannah y sus hermanas", ya que es posiblemente la que mejor combina las dos facetas más destacadas de Allen: la cómico-neurótica y la dramático-chejoviana.
Si la experiencia te resulta satisfactoria, puedes probar con "Annie Hall", que es su obra más paradigmática y quizá la madre de todo lo que ha venido después.
No puedo asegurarte nada (no conozco tus gustos cinematográficos), pero intuyo que una lectora de raza como tú le sabrá sacar el interés al cine de este director.
¡Suerte!

Encarna-poesiaintimista dijo...

Mis gustos cinematográficos son de suspense e historia. Siempre quise ver una pelicula de Woody Allen, pero siempre había un pero, el acompañante del cine, otra que me interesase más, o una promesa que no se cumplía como "la próxima seguro" Me ha gustado este post para decir "esta vez si".
Las veo y te cuento, okis?
Besets, Encarna.
P.D: Las relativas de la Soledad. Un buen tema para un futuro libro.
Puedes pensartelo, no?
Xao.

El veí de dalt dijo...

Laveré pronto. Y ya te diré. Sigo pensando que el Woody de MAnhattan ya no lo volveremos a ver más...

El último peatón dijo...

Supongo que el hecho de que este señor sea tan prolijo tiene el inconveniente de que a veces da la sensación de habérnoslo contado ya todo.
De todas maneras, aunque el Woody Allen más "autor" ya no regrese, me conformaría con que volviera a hacer comedias del tipo "Granujas de medio pelo" o "Un final made in Hollywood".

Arare dijo...

El Veí "me envía". Leo tu crítica con atención. En mi pueblo nunca hacen cine en V.O.S. Para ello, tengo que ir a Barcelona, así que supongo que la veré en catalán. Ya te diré. Yo só soy una fan incondicional de Allen, aunque alguna de sus películas no me haya gustado nada. Pienso que todos los genios tienen un mal día, e incluso un mal año.

Apareceré por aquí de vez en cuando para leerte, si me lo permites.

Saludos cordiales desde mi mar.

Arare dijo...

Vista la película, me reitero: creo que todos los genios tienen una mal año. Y en el 2007 le tocó al genio el mal año y lo pilló rodando en Barcelona, ¿qué le vamos a hacer?

Creo que Penélope Cruz "se come" a la sosa de Scarlet Johanson (he dicho sosa, no fea)...

Me sabe mal no acordarme del nombre de la actriz que interpreta a Vicky; su interpretación estuvo bien.

Bardem no es santo de mi devoción pero digamos que se puede aguantar.

Y bueno, para describir una relación a tres he visto fórmulas más ingeniosas y menos encorsetadas.

Saludos!!

El último peatón dijo...

La actriz que hace de Vicky se llama Rebecca Hall, y a mí también me parece que está muy bien en esta película.
Sobre Scarlett Johansson, decir que uno de sus mayores atractivos (aparte de los físicos) lo tiene en su voz, que es más bien tirando a ronca y muy sensual. Si has visto la peli doblada, puede que suene sosa, algo que no pasa en la versión original (aunque tampoco sea éste su mejor trabajo como actriz).