jueves, 25 de septiembre de 2008

Titulación fatal (vol. 1)



Aprovechando el estreno de dos películas radicalmente distintas, trataré hoy un asunto que tengo pendiente desde hace tiempo y del que os prometí hablar en su momento.
Esta semana han llegado a la cartelera Vicky Cristina Barcelona, la última de Woody Allen, y una cosa titulada Atrapado en un pirado, presunta comedia protagonizada por el veterano caricato Eddie Murphy.
De entrada, deciros que ambos títulos me parecen horrendos, si bien el primero es el original, es decir, el que su autor decidió ponerle, mientras que el segundo es un patético pareado de función de fin de curso de primaria que ejemplifica a la perfección la norma de traducción que los distribuidores españoles llevan perpetrando desde que al mayor de los Lumière le salió el primer diente.
Es evidente que la razón por la cual se traducen libre y chapuceramente los títulos originales de las películas extranjeras responde a intereses de mercado. Sigue habiendo ingenuos mercachifles que van de espabilaos y que nos toman a los espectadores por gilipollas, por lo que deciden que una película en cuyo título no figuren palabras como “mortal”, “impacto”, “chalaos” o “escándalo” habrá de ser por fuerza un fracaso estrepitoso de taquilla. A esta tendencia unámosle un sinfín de pueriles barrabasadas, como las rimas de tunero borracho (Dos colgaos muy fumaos), los delirios megalómanos de poetas frustrados y guionistas de culebrón (Pozos de ambición) o los raquitismos creativos que pondrían en entredicho la mismísima teoría de la evolución (Tú la letra, yo la música).
Imaginad por un momento que el propietario del Museo Reina Sofía de Madrid sufre la misma enfermedad que los distribuidores cinematográficos, y deduce que el secreto para atraer al público pasa precisamente por cambiar los anodinos e insípidos títulos que los pintores eligieron para sus cuadros, y entonces, en un alarde de ingenio comercial, decide rebautizar el “Guernica” de Picasso como “Bombardeo letal en Euskadi”.
Ridículo, ¿verdad? Pues así ocurre a diario con las películas. Sin ir más lejos, el título original de la que aquí se ha estrenado como Atrapado en un pirado es Meet Dave, que podría traducirse como “Conoce a Dave”, “Te presento a Dave”, “Conociendo a Dave”, “Éste es Dave”, etc. (Fijaos si había posibilidades.)
Más allá de la falta de respeto hacia el autor de la obra, reconozco que lo que más me jode de esta práctica canallesca es que me tomen por imbécil.
Incluso cuando la traducción del título es correcta, el criterio de elección de una película debería basarse en otros aspectos más determinantes respecto a su contenido o nuestras preferencias, como el nombre del director, el género, los protagonistas, el guionista, o incluso otros factores quizá menores pero mucho más orientativos que un simple título, como ciertos premios o reconocimientos, o el hecho de que el filme sea la adaptación de un libro, cómic u obra teatral que conozcamos.
Por tanto, el título suele decir de una película lo mismo que el nombre de una persona, o sea, nada. Si yo decidiera cambiarme el nombre mañana y llamarme Galileo, Pitágoras o Leonardo, mi nivel intelectual seguiría siendo el mismo (de hecho, el deseo de hacer dicho cambio podría incluso demostrar que mi inteligencia está en peligro de extinción).
El próximo día seguiremos con el asunto, y os pondré algunos ejemplos de traducciones de títulos dignas de una tormenta de cerebros en el frenopático.

(Continuará)

2 comentarios:

Las3Musas dijo...

jajajaja

es verdad, da rabia, titulan para imbéciles...

bss
musa

Arare dijo...

¿Y cómo pueden hacerlo (esto de cambiar los títulos) sin ser sancionados por la SGAE o comosellame o hasta incluso por el mismo director de la película?

ya me matricule en Aula de escritores, voy a empezar por el prncipio, aunque en la web todavía ando un poco perdida. Gracias por tus indicaciones.