lunes, 22 de septiembre de 2008

Reparaciones imposibles

No creo yo que querer a alguien sea una obligación. La voluntad de dar o compartir el cariño nace supuestamente de un deseo espontáneo que nunca debería forzarse, ni siquiera remendarse si es que acaso se rompe.
Por eso no se me ocurre nada tan falso e inútil como esas terapias de pareja en las que un supuesto especialista ejerce de mercenario y libra por nosotros la batalla para reconquistar el corazón perdido.
Pretender que una persona ajena a la relación arregle el desamor mediante análisis técnicos es lo mismo que catalogar nuestros sentimientos como síntomas de una enfermedad o piezas averiadas de un mecanismo cualquiera. Como si un día dijéramos “Ya no te quiero”, y eso se curase tomando una pastilla.
Imagino que esa prehistórica tradición religiosa que no terminamos de espantar es la responsable de que vivamos la llegada del desengaño o la pérdida de la atracción como vulgares traidores, como si uno tuviera que sentirse culpable por no amar eternamente a otra persona o por no haber conseguido que alguien lo ame a uno hasta el fin de sus días.
Cuando se deja de querer, se acaba el amor. Ya está. Puede que quienes acudan a las terapias de pareja quieran salvar su estabilidad o su rutina, su posición social, un determinado acomodo o el tramposo alivio que se obtiene al dejarse llevar por la imperturbable corriente de la costumbre. Quizá les asuste la perspectiva de empezar desde cero, de volver a saltar al ruedo de la vida como individuos independientes. Tal vez los terapeutas ayuden a facilitar las rupturas, a hacerlas menos violentas o trágicas, a comprender de forma civilizada que el amor se acaba. Si es así, aún puedo entenderlo.
No obstante, soy mayoritariamente escéptico en cuanto a la posibilidad de resucitar lo que está muerto, y menos aún por medio de un elemento ajeno (los terceros, ya se sabe, tienen más fama de destructores que de reparadores de parejas). No tiene nada de malo que alguien de fuera nos dé su visión acerca de cómo actuamos cuando nos dominan determinados sentimientos. Muy al contrario, puede constituir una ayuda fundamental, bien para mantener el equilibrio y ventilar los aires cargados de la convivencia continua, o bien para abrirnos los ojos a nuestra propia infelicidad, pues no pocos enamorados terminan experimentando patologías de dependencia cercanas al síndrome de Estocolmo, en el mejor de los casos, o a la penitencia cristiana, en el peor de ellos. Esa tercera persona, en suma, no tiene por qué ser un psicólogo o un abogado; puede ser un amigo, un familiar, alguien cercano. Un verdadero punto de apoyo que, aparte de salirnos gratis, no debería tener interés alguno en que nuestra relación se prolongue o se extinga; un oído solidario y una voz neutral, y con eso habría de bastar.
El desamor tiene el inconveniente de ser irreversible, aunque posee la ventaja de ser reemplazable. Y entre medias existe una alternativa maravillosa, que se llama paz.

11 comentarios:

Encarna-poesiaintimista dijo...

Yo soy yo.
Tu eres tu.
Yo no estoy en este mundo para llenar todas tus expectativas.
Y sé,
que tu no estás en este mundo para
llenar todas las mías.
Pero yo soy yo.
Y tu eres tu.
Y cuando tu y yo nos encontramos:
Es hermoso.
Y cuando encontrándonos no nos encontramos:
No hay nada que hacer.

Texto Gestáltico

San Joni dijo...

Siempre, un placer leer sus líneas; (desde un punto de vista cordial).
Siempre, un placer leer tus líneas; (desde otro más coloquial).
Pero siempre, leerlas.
De un punto a otro, intentemos entre todos, hacer los caminos más cortos; y por supuesto bellos.
Sería otro placer para mí, que aceptase mi invitación para tomar una de mis banales líneas con algunas pastas de merienda. Y si lo ve, o lo ves conveniente, recomendarle o te como enlace.
Muchas gracias.

www.sanjoni.wordpress.com

El último peatón dijo...

Está bien que alguien sepa poner en verso lo que a uno sólo se sale en prosa. Gracias, Encarna.

San Joni: desde ahora mismo te has ganado el derecho al tuteo peatonal.
Me pasaré a merendar por tu página, y un placer ser recomendado como enlace.

Palimp dijo...

Digamos que la labor del terapeuta es poner aceite en una puerta que chirría. Para recuperar el amor perdido y otros imposibles basta recurrir a alguno de los muchos videntes africanos que se anuncian con tarjetas.

El último peatón dijo...

Yo diría más bien que lo que hace el terapeuta es ponerte tapones en los oídos para que no oigas chirriar la puerta, pero vamos, donde esté un vidente africano, que se quiten los psiquiatras, las pitonisas y hasta Íker Jiménez.

C. Martín dijo...

No se engañe amigo peatón: en esta vida irreversible sólo es la muerte. De lo demás se ven cosas muy raras, pero existen, lo que no supone que sea obligatoriamente una ventaja.

Arare dijo...

Cada vez que he afirmado que amar depende mucho de la voluntad de hacerlo me miraban con cara de espanto. En fin...

necesitaría ponerme en contacto contigo, pero no a través del blog, es para una consulta - digamos- literaria. Dejo mi email:

mmontsem@gmail.com

Se trata de cursos virtuales, el veí dice que puedes tener información. Ya me dirás. Gracias.

Saludos.

letras de arena dijo...

La verdad que en esta entrada demuestras tener la cabeza bien amueblada y no precisamente de muebles de Ikea. Es verdad que se ve de todo pero desde luego no creo en la intervención de nadie en las parejas.

El último peatón dijo...

Tú lo has dicho, Carmen: sólo la muerte es irreversible. Por eso pienso lo que pienso de los amores que mueren...
Por cierto, esta noche veré a tu amigo Manolo cantar en Madrid; lo digo porque sé que te da envidia... je.

Arare: no estoy muy seguro de que la voluntad baste. Me parece que el amor es como el hambre. Cuando llega, te domina, pero uno no puede provocarlo.

Letras de arena: no te creas, a lo mejor el problema es que tengo demasiados muebles en mi cabeza, y por eso no termnina de caber nadie en mi espacio...

C. Martín dijo...

Pues sí que me das envidia, sí, porque he estado a puntito de ir yo también a verle..., lástima de jueves...
Ya verás como vas a disfrutar y no te vayas hasta que no cante la ranchera :-))

Mujeres dijo...

He visto de cerca la labor de uno de esos terapeutas y te puedo decir que son sólo una simple tirita. De entrada parece que frenan la hemorragia, consiguen que hables con tu pareja de todo aquello que siempre le has querido decir y no te has atrevido, pero luego, la tirita se empapa, se cae y la acabas tirando. Vamos que cuando has conseguido sacar todo el rencor que llevas dentro, has acabado matando lo poco que quedaba.

Aunque cierto es que de todo hay en la viña del Señor, y siempre encuentras un palo para una escoba.

Bsos
Marg