sábado, 13 de septiembre de 2008

Bastardos en línea

Un amigo aficionado a la tauromaquia me aclaró en cierta ocasión la diferencia que había entre un presunto buen torero y lo que él denominaba un “pegapases”. Quienes merecían este último apodo solían ser matadores con éxito, de los que encandilaban las plazas con espectaculares manierismos y aspavientos, aunque, en opinión de mi amigo, semejante exhibicionismo no reflejaba el verdadero concepto de lo que él entendía por una buena faena.
Por otra parte, recuerdo que el periodista José María García (célebre en su época por el uso y abuso de gráficos calificativos del tipo “abrazafarolas”, “correveidile” o “tiralevitas”), gustaba de referirse a algunos de sus colegas menos estimados como “juntaletras”.
Me acuerdo ahora de todo esto con motivo de mi reciente participación en la charla “Escriure en temps digitals” (Escribir en tiempos digitales), de la que ya os informé aquí en días pasados.
Es evidente que Internet ha modificado el escenario de la lectura y la escritura, incorporando nuevos canales y soportes, facilitando la intercomunicación entre los autores y los lectores, y abonando el terreno virtual para que brote la libertad creativa, con la ventaja añadida de que el acceso a la misma es también cada vez más libre (y gratuito).
Todo esto lo tenía claro desde hacía tiempo, pero, tras compartir la velada del miércoles con mis estimados compañeros de charla y el resto de personas que tuvieron el detalle de acercarse por la Biblioteca Tecla Sala (en una víspera de festivo y con partido de fútbol televisado; un aplauso para ellos, por favor), resulta que me he dado cuenta de algo en lo que tal vez no había reparado lo suficiente.
El caso es que la creciente proliferación de blogs o bitácoras no supone únicamente una forma de ampliar el catálogo de opciones para publicar o leer. Hay algo más, y supongo que merece la pena destacarlo. Desde luego que el universo bloggero en su totalidad no constituye ningún tipo de colectivo uniforme en cuanto a criterios, motivaciones, expectativas o intenciones (en la mesa de conferencias éramos sólo seis, y ya cada uno de un planeta creativo distinto), pero al margen de esa sana diversidad, he advertido otro factor diferenciador que empieza a notarse y que algunos podremos acusar quizá en el futuro.
Me refiero a que el éxito de los blogs no se queda en la consolidación de un nuevo soporte, sino que puede haber creado (o está en ello, como mínimo) también un nuevo género.
La entrada o el post (yo lo llamo artículo porque soy un antiguo) posee unas características cada vez más genuinas, a tenor de lo visto en mis navegaciones y de lo comentado con algunos de mis colegas bloggeros. Puede que el nacimiento o la evolución de este supuesto nuevo género se esté llevando a cabo de la mejor manera posible, es decir, como producto de la adaptación espontánea y progresiva del medio a las demandas de lectura del nuevo público, que ya no es exclusivamente el formado por lectores rebotados desde la prensa o los libros. Y si cada vez es más común que existan lectores exclusivos de blogs, no es de extrañar que los contenidos y estilos de las bitácoras se tengan que ir amoldando a las particularidades de esa audiencia especial.
Esto es lo que me ha hecho reparar en que quizá algunos autores estemos en vías de convertirnos en el equivalente a los pegapases taurinos o los juntaletras del Butanito. Muchos propietarios de blogs no dejamos de ser escritores corrientes que encajamos los géneros tradicionales en un soporte moderno, sin que eso signifique que escribamos literalmente “para Internet”. Publicamos artículos, cuentos o poemas en nuestras páginas web, pero es posible que nuestros lectores más fieles no se correspondan demasiado con el perfil del verdadero internauta.
De momento sólo me planteo hipótesis, aunque mirando al futuro no me cuesta vislumbrar que un artículo de opinión convencional podría acabar formando parte de una raza marginal de géneros espurios o bastardos en este universo virtual de incontrolable expansión.
En el apartado “Amigos del último peatón”, que encontraréis en la franja derecha vuestra pantalla, tenéis un puñado de vínculos a diversas páginas que ilustran muy bien lo que acabo de contaros. Hay verdaderos especialistas en la materia, autores que van más allá de los cánones literarios o periodísticos al uso y que además compaginan a la perfección los elementos puramente narrativos con las prestaciones gráficas, audiovisuales e interactivas que proporciona este medio. No os extrañe que en breve los talleres de escritura añadan una nueva modalidad a sus programas formativos: “Curso de escritura en Internet”, “Taller de blog”, “Narrativa on line”, etc. (puede que algunos ya lo hagan, de hecho).
Lo que está por ver es si este peatón terminará aprendiendo o no el nuevo oficio…

7 comentarios:

Encarna-poesiaintimista dijo...

Todo en este mundo tiene sus pros y sus contras. Internet es muy "frio" y su facilidad para entrar hace que te encuentres de todo y con personas que vete tú a saber....Pero en cambio, es una ventana hacia el mundo, que sin él, algunas cosas, ni las conocerías. Yo era muy reacia a hacer un blog, por la piratería que hay y por la gente que navega, pero lo dicho, todo tiene su lado bueno y su lado malo. Si, hay bastardos en la línea pero también, gente maja. Es cuestión sólo de ir hacia lo que más te guste. Creo que por que alguien cree un blog "sano" no pierde categoría su profesión.
Besets, Encarna.

Encarna-poesiaintimista dijo...

Señalar, que yo tengo un estilo propio de escribir poesía. Estará bién o mal escrita, gustará o no, leerán mi blog o no...Me da tan igual!No pienso cambiar mi forma de escribir por el mero hecho de que no sea moderno o no esté dentro del estilo que requiere un blog.Besets.

letras de arena dijo...

Eso de ser moderno pasa a ser antiguo en unos segundos, en este mundo internauta, yo no me preocuparía mucho. Creo que uno debe hacer lo que le de la gana, así como suena, si tenemos la oportunidad de aprender algo más de este género, lo haremos, pero lo peor que hay es sentirse presionado.
Un abrazo con todas las letras.

El veí de dalt dijo...

¡Ei, Nacho! ¿Como va? Seguro que muchos escribimos ya en clave "blog": posts (yo soy modelno, ¡ui perdón! "moderno", que tu aborreces las faltas... y llamos a las entradaas así) cortos, con imágenes impactantes yu archivos y link complementarios. Cada uno hace lo que le viene en gana; pero seguro que hay un canon que acabará siendo común. ¡Y seguro que ya se dan clases en esta linea!

Stradivarius dijo...

Buenos días Nacho, muy buena tu intervención en Tecla Sala, y muy buena la anécdota del pedante que "distinguía los libros escritos por ordenador"... me juego lo que quieras a que es Antonio Gala o uno de estos, por favor, sácame de dudas.
Yo creo que Internet no ha de cambiar para nada el formato del libro tradicional, o la forma de leer, si no hablamos de literatura propiamente digital (multimedia, hipertextos,etc), igual que el que exista Pixar no quiere decir que se acabe la animación fotograma a fotograma con plastilina (Ray Harrihausen que estás en los cielos). Creo que para los amantes del papel Internet no es más que un "periférico" del libro, que nos ayuda a localizar más libros o a complementar la lectura con datos.
Por lo demás, sólo hay que temer por el nivel de exigencia del lector, y que esas "descargas de adrenalina" que exige cada cierto tiempo según Iván no le conviertan en un lector pasivo y zampabollos al que hay que entretener a cada momento para que no se duerma.
Sí, soy el primer preguntón de la noche. Cuando solté aquella retahíla atropellada me refería a esto último que explico.
Gracias por todo, estaré en la próxima.

El último peatón dijo...

Bueno, veo que todos mantenéis la sana intención de continuar fieles a vuestros respectivos estilos, lo cual celebro.

Encarna: Deduzco que has vuelto del verano radikal y kañera (con lo de "bastardos" me refería a los géneros literarios, y no a la gente, pero tus razones tendrás...). Besets, y cuidado con las coquinas valencianas.

Letras de arena: ¿llegaste a conocer un procesador de textos que se llamaba DW4? Había que desplegar como tres menús para poner comillas o subrayar una frase. Y el día que me lo instalaron, en el año 1990 a.W. (antes de Windows), me pareció lo más moderno del mundo. Collons con la tecnología :)

Veí de dalt: A ti te permito las licencias que quieras porque se nota que son eso, recursos provocados y no deslices producto de la ignorancia (yo mismo, si lees unas líneas más arriba, acabo de escribir "radikal" y "kañera").
Puesto que eres el vecino de arriba, en vez de decirte aquello de "nos vemos en la acera", mejor lo dejamos en "nos vemos en la escalera".
Añado tu blog a la lista de vínculos amistosos.

Stradivarius: Bienvenido y muchas gracias por tus elogios.
He de decirte que comparto contigo el temor a que los lectores se vuelvan perezosos, pasivos y elementales. Creo que eso está sucediendo ya con el cine (de ahí el ejemplo que puse sobre la soberana inutilidad de que se pueda ver una película en la pantalla del móvil). Cualquier día nos dirán que se puede jugar al fútbol en un ascensor y encima lo celebraremos.

Vigo dijo...

Sí Nacho, ya creo que te comenté algo sobre esto. El blog es un género como lo puede ser el western con sus normas y sus leyes. Lo que pasa es que evoluciona mucho más rápido que cualquier otro género al pertenecer al mundo de las últimas tecnologías. Y en un año puede reinventarse tanto, que lo pasado puede convertirse al cabo de un tiempo casi en "arcaico". Aunque siempre hay lectores para todo y para todos. Supongo que se trata de abrirse un hueco y encontrarlos.
Pero el blog tradicional era de carácter muy personal -quizás éste es su rasgo más significativo- y con unos posts que solía tener entre una línea y tal vez unas diez líneas de extensión.
Luego vino el subir las fotos con cada entrada, el desembarco de los poetas en la red, los cuentistas pasados a blogs, los articulistas, los fotoblogs, la invención de los podcast, etc... Y la asimilación de todo es en cierta manera un proceso vertiginoso. Y Google se encarga de proporcionar a todos su pequeño espacio.