viernes, 22 de agosto de 2008

Meteorología cum laude

Cualquiera se atreve ahora a hablar del tiempo para romper el hielo con el taxista o con un conocido al subir en el ascensor. Yo no, desde luego.
Con el incordio éste del cambio climático la meteorología se está convirtiendo en una ciencia más difícil de manejar que la astrofísica. A este paso, el año va a acabar teniendo más estaciones que el metro de Londres (si Vivaldi viviera en nuestros días, su discografía completa ocuparía una superficie equivalente a dos veces el Polo Norte).
Terminaremos añorando aquellos insípidos “parece que va a llover” o “ya se va notando la primavera”. Ya lo creo. Pasará con el tiempo lo mismo que con el ligue. Sí, porque ahora, entre lo caras que son las matrículas de la universidad y la epidemia del mileurismo temporal, a ver quién tiene bemoles de preguntar aquello de “¿Estudias o trabajas?”.
Pues eso. En breve, las páginas de pasatiempos de los periódicos reemplazarán los sudokus por mapas del tiempo a los que habrá que colocarles las nubes, los rayos, los soles, las isobaras y lo que haga falta (y la propia palabra "pasatiempo" ya no significará "para pasar el rato", sino "qué pasa con el tiempo").
A lo mejor también deciden suprimir la sección del tiempo en los telediarios y añadirla al sorteo de la Primitiva, que en un futuro será más fácil de adivinar que el parte meteorológico.
Y qué me decís de las maletas. Los fabricantes se pondrán las botas haciéndolas el doble de grandes, pues ya no valdrá eso de “pongo un jersey por si refresca” o “meteré el bañador por si hace bueno”. Habrá que ponerlo todo, las camperas y las chanclas, la chupa de cuero y el bikini, la crema antisolar y la Couldina.
Yo estoy ya buscando alternativas más accesibles para mis conversaciones rutinarias. Sustituiré el clásico “qué mañanita más fresca” por algo menos complicado, no sé, algo como “me pregunto si tendrá límite la división del átomo o si, por el contrario, la dimensión de la materia alcanzará posibilidades infinitas e insondables para el conocimiento humano”. Yo que vosotros iría preparando el nuevo repertorio.
Sinceramente, no sé si los Al Gores y Greenpeaces del mundo tiene razón, o bien si todos estos cambios responden a una evolución lógica e inevitable del proceso de vida del planeta. A lo mejor todas las causas que ahora señalamos como culpables de la degradación ecológica resultan ser menos determinantes para la salud atmosférica de lo que en su día fueron, por poner un ejemplo, los pedos de los dinosaurios.
Sea como sea, da la sensación de que la Tierra se está cabreando de verdad. Hasta ahora ha aguantado la úlcera de ozono y el subirle un grado la fiebre, pero todo tiene un límite, digo yo.

3 comentarios:

letras de arena dijo...

Me he divertido mucho con tu entrada. Tienes toda la razón. Me he visto reflejada en la parte de preparar una maleta llena de "por si acasos" que hacen acabar con lumbago al más pintado.
Un abrazo en forma de paraguas.

El último peatón dijo...

A mí me toca hacer maleta esta semana y ya tiemblo... (bueno, la verdad es que el temblor es también de emoción; por fin vacaciones).

Besos anticiclónicos.

iliamehoy dijo...

Yo casi le daria la culpa al indiscriminado bombardeo de los grandes almacenes...que ya llevan semanas con las botas puestas en los escaparates....
Yo...con chanclas al menos..hasta octubre.
Un placer encontrarte.