martes, 12 de agosto de 2008

Impuestos encubiertos

Hoy os voy a hablar de un tema absolutamente trascendental, profundo y vital para la historia del pensamiento humano universal.
Ayer entré en una cafetería y pedí un cortado en la barra. Cuando me lo sirvieron le dije a la camarera que me cobrara, y ella me preguntó si me iba a sentar a alguna de las mesas del local. Yo le respondí que sí, sin pensármelo ni nada, porque a mí me enseñaron de pequeño que es de mala educación no responder cuando te preguntan.
Pero, claro, un segundo después, mientras la chica imprimía el ticket en la caja, me di cuenta de que su cuestión no era protocolaria ni mucho menos inocente. Quería saber si me sentaría o no para aplicarme el correspondiente suplemento.
Así que le pagué, y ya sentado empecé a reflexionar sobre el particular (de momento, por pensar no cobran).
Lo primero que me planteé fue que siempre había asociado el susodicho suplemento al hecho de que alguien me sirviera cuando yo estaba sentado a la mesa. Es decir, que el recargo en el precio es a cambio de un servicio adicional, lo cual es comprensible, teniendo en cuenta que muchos bares necesitan contratar a un empleado más sólo para que sirva las mesas, y eso, obviamente, es un gasto.
Sin embargo, lo que yo hice ayer fue coger mi café y llevármelo hasta la mesa por mis propios medios, con lo cual, el suplemento se me aplicó por estar sentado y no por ofrecerme un servicio extra. La comodidad debería ser una cualidad inherente al establecimiento, digo yo, y no una excusa para cobrarte un dudoso impuesto, pero ya veis.
Partiendo de este pequeño suceso, me dio por pensar en cuántas otras cosas pagamos a diario como algo extraordinario, cuando en realidad no lo es tanto.
Por ejemplo, nunca he entendido por qué los taxistas me cobran un suplemento por guardar mi equipaje en el maletero. Lo comprendería si los coches no vinieran de fábrica equipados con dicho espacio, pero a la vista de todos está que no, que cualquier coche (y más los autorizados para funcionar como taxis) poseen su maletero de serie, con lo que el taxista no tiene que realizar ningún esfuerzo ni añadir ningún gasto por el que deba encarecerse nuestro viaje.
¿Nos cobrarán algún día por usar el probador en las tiendas de ropa? No sería tan raro. Muchos sabéis que en algunos países te siguen birlando unos céntimos por usar los aseos en locales públicos, así que no os extrañéis si llega el día en que haya que rascarse el bolsillo para arrojar la basura al contenedor o para abrir el buzón del correo.
En fin, no demos ideas.

4 comentarios:

Oscar Alonso dijo...

Con dos bien puestos. En Francia ya cobran un impuesto por tener televisor (les importa u huevo que lo uses o no), dvd o aparato de música; en los paises civilizados de Europa cobran en los bares por ir a mear (o lo que sea) y en este país un ran centro comercial que contrata cruceros por el Mediterráneo tiene tarifadas hasta las propinas. Así que ándate con ojo my friend no te vayas a levar una sorpresa.

Alejandro Lérida dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandro Lérida dijo...

Vayamos más allá... Llegará, sí, el momento en que podamos decir: "Encuentro el aire tan contaminado que si tuviera que pagar por él preferiría no respirar."
Un saludo.
Enhorabuena una vez más por poner esa gracia en lo que escribes, como quería Juan de Mairena.

Costarossa dijo...

Estoy de acuerdo. Pero no te creas, hasta en Barcelona en algunos centros comerciales te lo cobran por usar los aseos. Por ejemplo, en FNAC. En la entrada hay un anuncio que explica que te cobran por tu propia comodidad para mantener los bañoslimpios o algo por el estilo, y hay un empleado cobrando. Creo que son 50c. No es mucho pero como allí puedes pasar mucho tiempo, y más gente entra sólo para ir al baño, supongo que les sale bien - bueno, supongo no, SEGURO. Porque hasta les sale más económico tener un empleado para estos fines.