martes, 29 de julio de 2008

Por fin, otra vez

Hará unos setecientos años (bueno, puede que alguno menos), La 2 de Televisión Española programó un ciclo de películas del director germano Fritz Lang, uno de los maestros del cine de todos los tiempos.
A este hombre se le conoce sobre todo por títulos clásicos como Metrópolis, M (el vampiro de Düsseldorf), La mujer del cuadro, Los contrabandistas de Moonfleet, Furia, Los sobornados, Mientras Nueva York duerme o El testamento del Doctor Mabuse.
Además de todas las mencionadas, aquel ciclo de La 2 emitió una auténtica joya del género de suspense o de lo que hoy conocemos como thriller, Más allá de la duda, rodada como guinda a la suculenta etapa americana del director.
No me explico cómo esta excelente película, ya por entonces no muy conocida, ha permanecido en ese injusto ostracismo a lo largo de los años. Ni el VHS, ni el DVD, ni José Luis Garci, ni los canales temáticos por satélite, ni nadie sobre la superficie del planeta parece haberse preocupado por rescatarla (ni siquiera La 2 ha vuelto a programarla desde mediados de los años 80, cuando este peatón la descubrió).
La prueba concluyente de que Más allá de la duda es una obra sumergida en el olvido está en la inexistencia (esperemos que prolongada eternamente) de un remake, algo a lo que los productores del Hollywood actual son adictos y que siguen perpetrando continuamente, aun con títulos de posibilidades infinitamente menores que las de este thriller de Lang.
El milagro se produjo hace cinco años, cuando el heroico cine Méliès del ensanche barcelonés —especializado en reestrenos y reposiciones— se dignó incluir Más allá de la duda en su cartelera durante una semana. Por fin pude volver a ver la película, y mi idealizado recuerdo se vio reforzado. Abandoné el cine con la sensación del que ha asistido al funeral de un ser querido al que conservará en la memoria con cariño y gratitud, pero al que no volverá a ver ni a tocar.
Por suerte, me equivoqué. Hoy, un lustro después, compruebo con gozo que la Filmoteca de Barcelona, dentro de su ciclo titulado “Fritz Lang en América”, me invita esta semana al reencuentro con este viejo amor cinéfilo.
Más allá de la duda es un filme modélico en lo que a los cánones del género se refiere. Una trama que va de más a menos, una intriga creciente con un par de giros sorprendentes y un clímax de los que dejan muesca. Además, posee la virtud añadida de provocar la reflexión del espectador de la mejor manera posible, integrando las cuestiones de peso en la corriente narrativa con naturalidad y elegante sutileza, y, por supuesto, sin pose de artista comprometido ni pretensión de leerle la cartilla a nadie.
Todo ello en poco más de 75 minutos, un dato demoledor en nuestros días, donde abundan los directores que necesitan tres horas y media para contar una historia que a los veinte minutos ya sabes cómo acabará. La película de Lang es de 1956, y puedo aseguraros que el noventa por ciento del cine de suspense y de intriga judicial que se ha filmado desde entonces es deudor en mayor o menor medida de Más allá de la duda.
Puede que a los espectadores de hoy no les impresione ni les sorprenda tanto, y no compartan así mi entusiasmo. Si esto ocurre, no será nunca por debilidades de la película, sino más bien por el uso abusivo de la fórmula en que han incurrido posteriormente tantos otros cineastas.
La facultad de saber contextualizar lo que se está viendo es fundamental a la hora de disfrutar de cualquier obra de arte del pasado. Por poner un ejemplo cualquiera, si un lector de nuestro siglo interpretara el comportamiento de los personajes de una novela de Stendhal o de Balzac con una óptica estrictamente contemporánea, podría sacar la conclusión de que se ha tragado un simple culebrón pasteloso plagado de carcamales, remilgados y mojigatas.
Digo esto porque me temo que puede estar perdiéndose poco a poco la capacidad de interpretar o “entender” el cine antiguo. La sofisticación tecnológica es a menudo el único cebo o atractivo de muchas producciones actuales (algunas de ellas estupendas; ya sabéis que yo no soy precisamente un cinéfilo vegetariano de los que sólo consumen mercancía oriental y documentales minimalistas). El cartón piedra y las transparencias rudimentarias aparecen constantemente en las películas de Wilder o de Hitchcock, de Welles o de Ford, y por desgracia ese detalle puramente superficial empieza a provocar la mofa o el desdén del público más joven (días atrás escuché algunos testimonios ciertamente lamentables en un programa de radio). Esto me hace reflexionar sobre si determinados filmes venerados por millones de espectadores gracias a su trama sorprendente (desde Seven o El sexto sentido hasta Sospechosos habituales o Cadena perpetua) no hubieran sido hoy despreciados masivamente de haberse rodado en blanco y negro hace cuarenta años.
En fin. Para los libres de todo prejuicio estético o cronológico, me permitiré reivindicar Más allá de la duda, una obra que espero reciba algún día el reconocimiento que se merece. Por mí, que no quede.

4 comentarios:

Las3Musas dijo...

Tomo nota de su convincente promoción.

;)
musa

El último peatón dijo...

Aunque te cueste creerlo, no me llevo comisión.
(Soy así de generoso)

:)

C. Martín dijo...

Como Musarella, me la apunté y la vi la semana pasada..., impresionante, sencillamente impresionante.

El último peatón dijo...

Me alegro de que la disfrutaras (ahora me empiezo a pensar seriamente eso de cobrar por la promoción...). ;-)