lunes, 14 de julio de 2008

Los ojos de los amigos

La historia nos la sabemos de memoria. Un joven va cargado con su saco de ropa sucia a la lavandería del barrio. El local es un autoservicio, lo que significa que las lavadoras funcionan echándoles una moneda y que el detergente corre por cuenta del cliente.
Como el programa de lavado dura su tiempo, el establecimiento ofrece servicios y comodidades añadidas, como una máquina de café o sillas típicas de sala de espera, de color naranja butano y de pétreo plástico machacaculos.
En la lavandería hay más gente, por supuesto. Cómo no, siempre hay una chica de la edad de nuestro protagonista, leyendo un libro o haciendo globos con un chicle para espantar o domesticar el aburrimiento.
También prolifera la típica situación conocida como “Me he olvidado el suavizante, ¿te importaría prestarme el tuyo?”, o “Creo que has metido un tanga rojo entre tu colada blanca”.
Da igual. La cuestión es que lo que viene después está más cantado que la Macarena. Flechazo, flirteo y romance asegurado.
Bien.
La escena descrita, por muy familiar que nos resulte, no deja de ser una irrealidad tramposa, una de esas costumbres que creemos reales por un simple efecto de acumulación, sobre todo a fuerza de verlas repetidas hasta la saciedad en películas o series de televisión.
Siempre me ha fascinado esta imagen idealizada de las lavanderías. Parece que en estos sitios se ligue más que en los bares o las fiestas. Claro que hablamos de las lavanderías norteamericanas, porque las de aquí, que son las que conozco, puedo asegurar que carecen de todo encanto.
Hay contadas excepciones, como siempre. Alguna que otra vez he visto en mi ciudad lavanderías como las del cine, pero el ambiente que se respira es cualquier cosa menos el propicio para dedicarse al alterne.
Lo que me ha llamado la atención últimamente es comprobar que en los pocos locales mencionados han empezado a instalar pantallas de Internet. Como idea comercial me parece estupenda, aunque rompe el romanticismo del icono cinematográfico. Ya no habrá tediosas esperas ni jovencitas mascando chicle o leyendo a Henry Miller. Ahora la gente ligará, eso sí, pero será virtualmente, a través de los chats o las páginas de contactos.
Como sabéis que cada día me estoy volviendo más antiguo, yo sigo prefiriendo que mis amigos tengan ojos y conocerles por sus nombres del DNI, en lugar de por sus alias cibernéticos.
Un texto bien escrito puede enmascarar a un perfecto cretino (mejorando lo presente) y, de igual manera, un redactado desastroso puede disuadirnos de conocer a una persona maravillosa. Los ojos casi nunca engañan, aunque mis admirados Golpes Bajos afirmaran lo contrario.
Ya sé que seducir es, básicamente, mentir. Por eso mismo, quien quiera engañarme, que al menos dé la cara, ¿no?

8 comentarios:

Encarna-poesiaintimista dijo...

Yo me ligué a uno por chat, de otra ciudad diferente y lejana a la mía y resultó ser mas tonto que pichote y yo que creía que era mi principito azul, anda que.....!!!
No olvides que te estoy leyendo. B7s, Encarna.

Palimp dijo...

Tienes más razón que un santo. Mi único ligue internetero fue un completo desastre y desde entonces ¡jamás! Eso sí, escribía muy bien la muy tramposa.

Anónimo dijo...

Hola, yo también he caído en la trampa de quedarme colgadita por uno que escribía muy bien en la red. Hasta que me dí cuenta que todo lo que no sea el día a día, o el verte directamente, lo idealizamos y nos engañamos a nosotros mismos. Así que mejor, cara a cara. Para lo bueno y para lo malo.
Antonia.-

El último peatón dijo...

Si queréis un ejemplo extremo de hasta dónde puede llegar el engaño de un ligue por Internet, podéis ver la película "Hard candy", de David Slade.
Se le quitan las ganas a cualquiera...

Encarna y Antonia: estoy seguro de que al natural sois también estupendas.

Palimp: tú también ganas en persona, pero ya sabes que no eres mi tipo...

Abrazos a todos.

Anónimo dijo...

Gracias, último peatón.
Encarna segurísimo que es estupenda, y yo también lo soy qué narices!!!! Y Palimp y tu, por supuesto que también...ja,ja,ja.
Bromas aparte, es cierto, que cuando hay una comunicación escrita, todo es diferente, es como mágico, y al natural ese encanto se pierde. Mi experiencia no fue mala, simplemente, no hubo la magia que esperaba. Veré la película que dices.
Saludos de Antonia.-

letras de arena dijo...

La verdad es que me da un poco de miedo eso de los romances virtuales. Mi hija que tiene 14 años se pasa el día con el messenger y estoy un poco harta. Aunque peligros y desengaños, también los hay cara a cara.
Besos reales.

Anónimo dijo...

Buenos días everybody!!!
Estoy de acuerdo con vuestros comentarios. Prefiero el contacto físico y el cara a cara; la seducción es todo un arte.
La única manera de evitar que ligar por internet no sea tan impersonal, sería mediante una webcam. Y aún así, alguno/a haría trampas...

Saludos everybody!!!

satxoska dijo...

hey! ya le eché un vistazo al libro de la Carmen... es como sexo en nueva york a la manera ibérika!