viernes, 13 de junio de 2008

Perdonen las disculpas

“El fútbol es como el ajedrez, pero sin dados”.
Esta frase no es una cita extraída del último espectáculo de Faemino y Cansado, aunque ciertamente lo parezca. Semejante perla dialéctica es propiedad del futbolista de la selección alemana Lukas Podolski, jugador de origen polaco, como su propio nombre sugiere sin atisbo de duda.
Pero no voy a meterme con él por acuñar este verso digno de Jesulín de Ubrique, sino por otra cosa que tiene que ver con su nacionalidad (y tampoco es que me haya vuelto de repente un xenófobo o un nazi).
El domingo se enfrentaron las selecciones nacionales de Polonia y Alemania en un partido de la Eurocopa de fútbol que se está celebrando este mes en Austria y Suiza. Alemania ganó por dos a cero, y ambos tantos fueron conseguidos por nuestro protagonista de hoy. En el momento de marcar sus goles, Podolski compuso un gesto que se ha puesto relativamente de moda entre los futbolistas: juntar las manos cual retrato de primera comunión para pedir perdón por meter gol.
Esta cosa tan surrealista de disculparse por hacer bien su trabajo la empezaron a perpetrar jugadores que le marcaban al equipo donde habían militado anteriormente, que en muchos casos era el club de sus amores desde la infancia, pero al que renunciaron en su día, bien porque el entrenador les ninguneaba o el presidente no les quería, o bien porque otro club les había tentado con un contrato millonario.
(Imaginaos que cada vez que le dais un beso a vuestra pareja actual, sentís la necesidad de llamar a vuestros ex para pedirles disculpas. Se me afloja el esfínter sólo de pensarlo.)
Sea como sea, el oficio del futbolista es el que es, y si uno acepta cambiar de equipo, no valen melindres ni gazmoñerías para la galería. En el caso de Podolski, el acto de contrición no tenía que ver con simples gestiones contractuales, sino con supuestos remordimientos patrióticos.
Desconozco la razón por la que este señor —originalmente paisano de Lech Walesa y Juan Pablo II— decidió convertirse en ciudadano teutón, aunque puedo imaginarla (siendo alemán, la posibilidad de ganar campeonatos se multiplica por cien o incluso por mil). Y si no, da igual. La razón no importa. La cuestión es que, pidiendo perdón a sus ex compatriotas, está ofendiendo a la vez, y aunque sea involuntariamente, a sus compañeros actuales y a aquéllos que le pagan. Qué manera más tonta de complicarse la existencia.
Porque supongo que, al final, ni unos ni otros, ni los de antes ni los de ahora, ni polacos ni alemanes, quedarán contentos con la actitud del renegado penitente. En un tiempo como el actual, donde cada vez nos cuesta más protagonizar nobles gestos como el reconocimiento de un error o la petición de disculpas, ya es triste que se ponga de moda una forma tan falaz y exhibicionista de suplicar el perdón.
La pantomima de Podolski y sus imitadores no me resulta sincera. Me recuerda más bien a esos beatos que intentan decorar con vehementes rezos la fachada de su inmunda pocilga interior.
Aun así, este joven germano-polaco me despierta cierta simpatía gracias a la estrambótica frase con la que he comenzado mi comentario de hoy. Además, la asociación de ideas entre el humor del absurdo y el perdón me ha hecho recordar un letrero que vi en el escaparate de una tienda, y en el cual se podía leer: “Cerrado por asunto familiar. Perdonen las disculpas” (no es difícil deducir que en realidad quisieron escribir “Disculpen las molestias”).
Un inocente lapsus que da lugar a un chiste involuntario, como ese otro que recogió la banda de rock Siniestro Total en una de sus canciones, a partir del mensaje que los propietarios de un bar dirigieron a sus clientes: “Cerrado los lunes por cansancio del personal”.
Lo habitual es que se nos advierta de un día de “descanso” para el personal de un comercio, pero lo de aludir directamente al cansancio, sea intencionadamente o no, merece un premio a la autenticidad y el sentido del humor.
Y nada más. Si os ha molestado o aburrido este artículo, ruego aceptéis mis disculpas por ello.

2 comentarios:

Las3Musas dijo...

Es engorroso pedir disculpas por existir.

Una vez un tipo se "acercó" demasiado en un medio de transporte público. La verdad es que nunca supe si fue intencional o sin querer, producto de la inercia de algún volanteo. Yo le dí con el paraguas en el estómago por las dudas. Y le pedí disculpas por si acaso. Te lo juro.

(Esto formará parte de mi autobiografía...)
:)
musa

El último peatón dijo...

Vaya, veo que utilizaste el método de "disparar primero y preguntar después"... Pero estoy seguro de que no te equivocaste con las intenciones del fulano.

Eso sí, cuando publiques tu autobiografía la leeré seguro, porque la cosa promete.

Besos (con perdón)