jueves, 22 de mayo de 2008

Una retirada a tiempo es una victoria

Hoy he estado nuevamente a punto de ser atropellado mientras cruzaba un semáforo en verde para mí y en ámbar para los coches. (¿Cuándo se decidirán de una puñetera vez a eliminar el dichoso color naranja, que no respeta vehículo alguno, ya sea bicicleta u hormigonera, y reducir las luces de tráfico al rojo y verde?)
Por si el susto en sí no fuera suficiente, resulta que el coche que casi me aplasta era un pedazo de todoterreno inmenso, como un edificio de doce plantas con ruedas, para que os hagáis una idea.
Como este tipo de lance es por desgracia corriente en mi rutina peatonal cotidiana, el gesto de reacción me sale ya de forma mecánica: un aspaviento de la mano, ceño fruncido, cara de tertuliano político, y como guinda un taco o exabrupto cualquiera, que es lo único que varía según la ocasión (desde pedir calma airadamente hasta cagarme en su puta calavera, dependiendo del día que tenga).
La sorpresa de hoy es que el imprudente conductor no era un niñato descerebrado, ni un guiri alelado, ni un ejecutivo fantasmón, sino un hombre viejo, un señor ciertamente anciano, octogenario en el mejor de los casos.
Una vez expuse aquí mi peculiar criterio sobre la edad recomendable para obtener el carnet de conducir. Sé que no es una opinión popular, pero me da igual. Para quien no lo sepa, este peatón sostiene que la edad actual permitida, dieciocho años, es demasiado temprana, y que algo demostradamente tan dañino para la tasa de mortalidad como los accidentes de tráfico debería hacernos reflexionar sobre esa insistencia de los publicitarios en relacionar juventud con velocidad. El colmo del horror se alcanzó en cierta ocasión, cuando alguien insinuó que se podría llegar a imitar la legislación estadounidense, la cual, como muchos ya sabréis, concede el permiso de conducir a partir de los dieciséis años. A mí me parece una locura, pero en fin.
Al margen de mi susto de hoy, he de decir que, del mismo modo que considero conveniente retrasar la edad mínima para conceder el carnet, creo que debería haber igualmente un mayor rigor a la hora de establecer hasta cuándo una persona está verdaderamente capacitada para seguir conduciendo.
No es normal que a algunos ya se nos empiece a considerar viejos a partir de los 40 para según qué trabajos, o que cada vez haya más empleados considerados “prejubilables” al pasar de los 50, y sin embargo no parezca existir un límite real de edad para retirarse de la conducción activa.
No se trata de un tema de salud. Por muy sano que esté uno a según que edad, hay otras cuestiones, como la vista o los reflejos, que estarán obligatoriamente mermadas. Tengo entendido que los conductores deben pasar exámenes médicos cada vez que renuevan el permiso, pero visto lo que circula por ahí, no parece que sean muy estrictos.
Por supuesto que tampoco pretendo que se discrimine a nadie por su edad, sobra decirlo. De hecho, no depende tanto de que exista una norma o no al respecto. Tal vez deberíamos ser nosotros mismos, a partir del momento indicado, quienes tendríamos que ser conscientes de nuestras limitaciones y del mal que podríamos ocasionar a los demás. Pero me temo que el coche es tan adictivo como la nicotina, el alcohol o cualquier sustancia psicotrópica prohibida o legal, y desengancharse de ello cuesta un horror.
Me consta que en algunos centros de la tercera edad se dan cursillos de seguridad vial para evitar determinados accidentes, ya que al parecer las estadísticas abundan en atropellos de peatones ancianos por culpa de despistes o carencias de agilidad. ¿Por qué no se hace lo mismo con los conductores?
A lo mejor la culpa es nuestra por tratar tan mal a nuestros mayores, por arrinconarlos y descuidarlos en esta sociedad de lo urgente y lo instantáneo. Por eso tienen que aferrarse a lo que sea para no sentirse inútiles; ya que no les dejan trabajar, al menos que puedan darse una vuelta en coche. El transporte público tampoco se lo pone fácil, todo sea dicho (frenazos y empellones salvajes del autobús, escaleras interminables del metro...). Tal vez los ayuntamientos tendrían que habilitar un servicio especial de taxis para abuelos, o algo parecido. Se admiten sugerencias.

3 comentarios:

Palimp dijo...

Poner edades mínimas o máximas tiene un pelo de absurdo, porque puede haber chavales que con 16 años sean responsables y buenos conductores y otros que con 30 sigan siendo unos gañanes. Idem para las edades provectas.

Pero cada vez que se renueva el carnet hay que pasar un examen físico: ahí es dónde las personas mayores deben demostrar que están en forma. Pero basta ir a los centros que expiden estos certificados para comprobar que no te miran ni la tensión. Yo uso gafas, y en mi primer carnet así consta. Como cuando fui a hacer la revisión llevaba lentillas nadie me preguntó y a partir de ahora ya no hace falta que lleve gafas ¡me he curado milagrosamente!

No quiero ni imaginar cuanta gente con problemas de visión o coordinación han pasado por una revisión negligente. Y en una ciudad como Barcelona, de tráfico denso, es un peligro.

letras de arena dijo...

Coincido con Palimp que lo verdaderamente importante es que se hiciera una revisión correcta o al menos real. Me gustaría que me viérais a mí en la revisión para renovar el carnet, (hace como 9 años que no cojo un coche) Me tuve que aguantar la risa ante las preguntas que me hacía una especie de "enfermera" y su doctor que más parecía un presentador de la tele, todo cutre a niveles insospechados. Le hubieran renovado el canet a un ciego.
Desde luego sería muy importante que todos exigiéramos un transporte público de calidad, porque por muy joven que seas, es muy dificil aguantar sano los frenazos de algunos conductores de autobús. verdaderos matapasajeros y matapeatones. Mucho cuidado peatón.
Besos arenosos

El último peatón dijo...

Ya veo que mis sospechas sobre los exámenes médicos eran ciertas...
En fin, no olvidéis mirar bien antes de cruzar, que está la cosa chunga.