lunes, 10 de marzo de 2008

Sin masticar

De tarde en tarde me da por pensar en cuántas cosas terminamos aceptando como normales, lógicas o aun inevitables, cuando en realidad se tratan de estafas, abusos, mentiras y engañifas provocadas por quienes se benefician de nuestra paciencia o resignación.
Por poneros un ejemplo sencillo, pensad en el sistemático incumplimiento de los horarios establecidos en la programación televisiva. Si consultáis la parrilla en el diario, en una revista o en cualquier página web especializada, y después lo comparáis con lo que realmente sucede, comprobaréis que en algunos casos se producen diferencias de hasta ¡¡cuarenta minutos!! entre la hora prevista y la real (un día lo cronometré; palabra). Esto me ocasionó durante algún tiempo ciertos trastornos al grabar películas en el vídeo, ya que a menudo ocurría que, entre el retraso en el comienzo y el abuso de cortes publicitarios, lo que quedaba registrado finalmente en mi cinta de VHS era poco más que un cortometraje, y encima incompleto. Ahora ya no me sucede porque el cine ha desaparecido prácticamente de la tele convencional, y sólo grabo películas de los canales temáticos (sin anuncios) o de alguna que otra emisora local con buen gusto y que, no sé si debido a su modestia, puede permitirse el titánico esfuerzo de cumplir con el horario.
Pero en general tragamos, nos da igual. La cadena de turno nos anuncia que tal serie o tal película o tal reportaje o tal programa comenzará a las 22 horas, y son las 22’45 y aún estamos viendo desfilar ofertas de telefonía móvil, perfumes en francés, yogures de ciencia ficción, automóviles con mensaje, rebajas de temporada y, por supuesto, el tramo final del programa anterior, que no parece terminar nunca.
Alguno pensará que no es tan grave que nos timen con la televisión. Puede ser, pero es que pasa exactamente lo mismo en los aeropuertos. Por mucho que nos fastidie, en el fondo hemos acabado asimilando que media hora de retraso en un vuelo no es retraso. Y vaya si se aprovechan de ello las compañías aéreas. Mientras que un retraso de más de 15 minutos se indemniza con el 50% del billete en el caso de determinados trenes de largo recorrido, y con el 100% si la demora pasa de 30 minutos (esto también es verídico, porque me ha pasado unas cuantas veces; veremos si se mantiene la política con el nuevo AVE), cierta aerolínea me confirmó en una ocasión que sólo indemnizaban económicamente a los sufridores de su incompetencia cuando el retraso era superior a… a ver si lo adivináis… ¡¡cinco horas!!
Y qué decir de la publicidad. De tanta falacia impunemente tolerada. Cuántos reclamos del tipo “Su Audi, o su BMW, o su Ford, o su SEAT desde sólo X euros”. Cuando uno va al concesionario comprueba que la ganga no es tal. Que para que el coche cueste X euros, como decía el anuncio, tenemos que elegir el modelo básico, y que “básico”, en ese contexto, quiere decir inútil, o paupérrimo. O sea, sin radio, sin aire acondicionado, sin rueda de repuesto, sin pintar, sin airbag, sin cinturones de seguridad… Suma y sigue, y de la X tentadora pasamos al abecedario completo. Un timo.
Aplicad esta táctica a créditos y productos bancarios en general, a agencias de viajes, a inmobiliarias, a líneas telefónicas… Carajo, si hasta algunos restaurantes cicateros la utilizan en su menú del día, y sólo a la hora de pagar te das cuenta de que el agua o el pan (o ambas cosas) no estaban incluidos en el precio.
Curioso que se me haya ocurrido hablar de esto justo después de la última e interminable campaña electoral, ¿verdad? Será casualidad, seguro.
Pues nada, a seguir tragando. Eso sí, masticad bien antes de engullir, que luego dan gases.

1 comentario:

Las3Musas dijo...

jajaja
Proteste ya, me gusta.
Como dice el tango Yira Yira "... verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa... yira, yira"

Me voy a estampar una camiseta que diga "Ahórrese la molestia, no compro"

;)
beso sin digerir
musa