martes, 4 de marzo de 2008

Entre Gulliver y el baúl de la Piquer

Debido a ciertas necesidades profesionales, este peatón tendrá que ausentarse durante una semana de su querida acera virtual, por lo que no podré acudir regularmente a nuestra cita diaria en este blog hasta el próximo 10 de marzo.

Para que no me echéis demasiado en falta, os dejo aquí una pieza que incluí en mi primer libro, Pantanos de la cordura, y que, pese a su brevedad, contiene muchos de los elementos que más me motivan a la hora de plantearme eso tan estimulante y misterioso que es escribir una historia de ficción.

Además, creo que representa también el aspecto lúdico de la literatura, algo que, tristemente, no todo el mundo se aviene a reconocer, seguramente por el temor a ser tachado de frívolo o superficial. Como dijo alguien, lo divertido es lo contrario de lo aburrido, no de lo serio. Puede que quede mejor afirmar que la escritura es una actividad que hace sufrir y sudar sangre. En mi caso, como no soy masoquista, la creación literaria está más cerca del ocio que del sacrificio. Es mi juego favorito, aunque a veces haya que sudar bien la camiseta para ganar la partida.

También leer debe ser un juego para el lector, así que os invito a descifrar este pequeño enigma titulado Un milagro electrodoméstico.

Que lo disfrutéis, y hasta la próxima semana.

--------------------------------------------------------------------------


Un milagro electrodoméstico


Ahí está otra vez, como cada día, a esta hora.
Suenan cánticos como coros celestiales. Centenares de querubines entonan al unísono sus voces cristalinas de eunuco. Vuelve el regocijo con el festival de las melodías divinas que me empapan y extraen de mi carcasa de pellejo la materia incorpórea del alma para elevarla al firmamento. Oigo una congregación de gargantas sublimes que se cuelan en mis oídos y me regalan la música del éxtasis. Primero son requiebros guturales del Tirol, clamor de aliento montañés; después recital de punzantes sopranos que terminan por convertirse en emotivos aleluyas traídos desde el mismo corazón de Louisiana; un gospel superlativo, un canto de gloria desgarrado y místico, una misa armoniosa, la sagrada eucaristía en excelsas partituras, el paternoster circulando de boca en boca con notas de miel, la pasión desnuda, la hermosura majestuosa de un orfeón de cándidos monaguillos, la banda sonora del milagro, del nirvana, del paraíso.

“Cierra los ojos y piensa en un color. Piensa en el sol, y en las flores, y en el mar. Piensa en el color de la felicidad”

El cielo es la propia encarnación de sí mismo, el azul más limpio, más puro, magnánimo reflejo oceánico, el hogar de las almas en paz, el oasis infinito por el que vagan las aves en libertad y las conciencias en gracia divina, la antípoda del averno, el premio en el epílogo de una vida ejemplar, el altar supremo al que implorar la ayuda, el perdón, el favor; el edén al que agradecer la dicha, la fortuna, destino de feligreses, quimera de beatos, morada gaseosa de espíritus, teatro de eventos místicos, olimpo de dioses, el mar etéreo de las nubes.
Aliento de agua concentrado en delicados cuerpos flotantes de inmaculada blancura, mansedumbre de algodón, de gélido azúcar, rebaño vaporoso que deambula con sosiego por senderos de viento. El dios Eolo respira y las nubes huyen, peina la hierba y arquea los débiles troncos. Rosas lozanas, ufanos girasoles, humildes margaritas, rumberos claveles, frágiles espigas, robustas mazorcas, afables tréboles, altivas hortensias, sensuales amapolas, elegantes orquídeas. Pétalos que lloran de alegría lágrimas de rocío, la fresca humedad del amanecer de la esperanza, sudor de placer, manantial de pureza, bautismo bucólico.

“Sonríe. Vive. Eres tú misma. Comparte tus sueños. Es un día feliz”

Caricias de brisa mesando largos cabellos, pelo azabache de misteriosa noche, melena de fuego como hoguera de brujas, mechones dorados como hechizo de hadas, sinuosos rizos color caoba, rígidos flequillos de egipcia simetría, pueriles trenzas de encanto rupestre, océanos de platino batiendo como alas de mariposa.
Piel de albaricoque, cuello de cisne, piernas de seda, cara de porcelana, labios de almíbar, vientre de azúcar, pechos de miel, manos de cristal.
Y por fin su voz:
—No me siento sucia. No me siento enferma. No hay dolor. No hay problema. Me siento mujer. Nunca he estado mejor.

“Con Menstrudex sólo sentirás una cosa: tu lado femenino”.

Apago el televisor. Bendita regla.




Incluido en el libro Pantanos de la cordura - José Ignacio García Martín, 2004
ISBN - 84-609-3476-4

2 comentarios:

letras de arena dijo...

Buen cuento. Se nota mucho que te diviertes escribiendo, desde luego, no lo puedes disimular.
Yo también creo que es muy importante divertirse al escribir. Aunque me gusta llorar y reírme a carcajadas tanto cuando leo, como cuando escribo.Siempre me gustaron las buenas mezclas.
Un saludo.

Frida dijo...

Creo que tienes razón, aunque quizá la palabra "divertirse" no es
la que yo elegiría por las connotaciones que tiene: sugiere en parte estar alegre o reírse todo el rato. Quzás iría mejor (a mi modo de ver) "disfrutar" o "entretenerse". Desde luego, todo lo contrario de "aburrirse". Es algo apasionante.