viernes, 28 de marzo de 2008

El Aleph, versión Moreno

Una noche cualquiera de sábado me asomé al comedor sumido en las tinieblas del sueño y un reflejo titilante me atrajo con insospechada fuerza. No era una esfera luminosa que compendiaba milagrosamente la inmensidad cósmica en su inabarcable totalidad, sino más bien el contenedor bidimensional donde habían ido a parar los desperdicios del universo, los despojos sin posibilidad de reciclaje, la materia decadente, casposa, retrógrada y cursi atrapada en un limbo catódico que se retroalimentaba sin descanso, desafiando las leyes eternas del tiempo y el espacio. Apenas incliné la cabeza y sentí ya el fogonazo implacable de la avalancha audiovisual.
Vi un fakir tragando sables y vomitando llamas, vi la elección de Miss Sudadera Prieta patrocinada por la discoteca Hiperchomino de Guadalix, vi bailarines de claqué y percusionistas otomanos, vi pases de lencería y de peletería, vi imitadores de políticos, vi palmeros, transformistas, ventrílocuos; vi a Doña Rogelia y al cuervo Rockefeller, vi la grima y el esperpento; vi a un prestidigitador nórdico multiplicando palomas, vi al campeón del mundo de dominó y a la Tuna de ingenieros de caminos, vi cantantes de tangos en japonés, vi pelos engominados y cardados cubistas, vi ponchos andinos y relojes de nuevo rico, vi joyería arrogante y bisutería de rastrillo, vi danzas masai y media docena de vedettes turgentes con fruteros en la cabeza, vi a los niños de San Ildefonso, vi la coreografía de Macarena perpetrada por un grupo de turistas alemanes, vi trapecistas, vendedores de lotería, mimos, mariachis; vi un desfile de vestidos de novia, vi a Raffaella Carrá cantando en play back, vi al Dúo Dinámico, a Raphael; vi zapatos de plataforma y medallones de oro enredados en torsos velludos, vi las sienes plateadas de El Puma y el pezón fugitivo de Sabrina, vi a un limpiabotas de la plaza de Callao, vi una pareja de actores maduros en pijama contando chistes de viejos verdes, vi chirigotas de Cádiz, una conga brasileña, una soprano ciega y un tenor en silla de ruedas; vi adiestradores de caniches y susurradores de caballos, vi el coro lírico del parque de bomberos de Utrerilla del Monte, vi una niña con bata de cola y castañuelas, vi a una presentadora pija disfrazada de la sota de bastos, vi un striptease de despedida de soltero, vi a las chicas de la Cruz Roja en ropa interior, vi el sorteo amañado de un coche todoterreno, vi una cordillera de silicona y un concurso de dobles de Demis Roussos, vi el reflejo de mi rostro asombrado y atravesado por 365 líneas de alucinógeno magnetismo, pero no grité, porque eran las tantas y la ciudad dormía, unos en la cama y otros hipnotizados delante de sus alephs electrodomésticos, igual que yo.
¿Qué me he tomado hoy? ¿He vuelto al carajillo en ayunas? ¿De dónde sale la conexión imposible entre Borges y José Luis Moreno? Dejad que me explique.
Días atrás os hablaba aquí sobre la sorprendente licencia para mentir que le concedemos por norma a la publicidad, y hoy mismo acabo de leer un anuncio del Casino de Barcelona que no tiene desperdicio. No he sabido si reírme de pena o descojonarme llorando.
El descarado (por no decir temerario) mensaje promocional dice lo siguiente:

Sábados de humor en el Casino Barcelona
Espectáculo asegurado con Jaimito Borromeo... el cómico que más triunfa en televisión, ahora en exclusiva en los sábados de humor del Casino Barcelona



Aclaremos: Jaimito Borromeo no es el cómico que más triunfa porque tampoco es el que menos triunfa. Digamos que es, sencillamente, el que no triunfa. O mejor, dejémoslo en que es el cómico que salía por televisión; a secas, sin matices (y siempre en pasado, porque ya no sale, que yo sepa). Triunfar es un verbo demasiado quimérico para un señor que intenta ganarse la vida a base de un repertorio cochambroso levantado desde las ruinas del cachondeo popular menos inspirado. Chistes de Jaimito (de ahí su alias), erotismo de parvulario y escatología elemental. A falta de ingenio para provocar el clímax en cada chiste, suele optar por el berrido y la interjección cazurra made in Fernando Esteso. Demasiado cutre para ser kitsch y demasiado hortera para ser campechano.
Desconozco el perfil del cliente tipo del Casino de Barcelona, pero si realmente hay alguien que acepta que el tal Borromeo es el cómico que más triunfa en la tele, el día que le lleven a los Morancos creerá que está en la entrega de los premios Príncipe de Asturias, como poco.
Este comicastro con tirantes surgió de una apología de la vergüenza ajena titulada No te rías que es peor, y se consagró en los altares de la mediocridad gracias a los programas de variedades de José Luis Moreno (en este caso, tradúzcase “variedades” como gazpacho, batiburrillo, revoltijo, galimatías...).
Sábado noche, Galas del sábado, Noche de fiesta, Sábado fiesta… Sólo le cambiaban el nombre de vez en cuando para disimular. Era el mismo programa, siempre, una y otra vez, y así se repitió durante lustros, como un deja vu anacrónico y cruel, como si cada sábado por la noche Televisión Española quedara atrapada en un bucle que le obligara a emitir la gala de fin de año de 1973 (eso siendo generosos).
Y eso es todo. Ha sido ver el anuncio y acordarme del engendro, y de ahí la alucinación surrealista. El día que quede vacante el puesto de responsable de publicidad del Casino de Barcelona me apunto al proceso de selección. Palabra de peatón.

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