jueves, 20 de marzo de 2008

Devanarse los sesos

Lo primero que vio David al abrir los ojos fue lo mismo que había visto justo antes de cerrarlos. El rostro de Rubén, aunque ahora menos tenso; incluso se diría que tratando de esbozar un amago de sonrisa. Una serenidad que sin duda no mostraba su semblante, esclavo aún de la tensión, de los nervios, de la incertidumbre. Pero ya estaba. Ya había pasado. Tanto devanarse los sesos durante días para después, en unos pocos segundos, superar el lance como si nada. Era tal y como le habían contado. Era cierto. Era un tipo de placer distinto al que había experimentado hasta entonces, pero tan verdadero o más que el convencional.
Ya no sudaban. Habían dejado atrás la parte más intensa y ahora ambos estaban unidos por la experiencia. Habían pisado la frontera, a pesar de que seguían siendo un par de desconocidos. Tal vez, eso sí, compartieran la misma pasión por lo morboso, por lo prohibido, por desmarcarse de la mayoría, por probarlo todo mientras vivieran. O tal vez Rubén —pensó David— fuera como él, un incomprendido, un aventurero clandestino que mantenía sus pasiones ocultas, disimuladas entre una mediocridad cotidiana fabricada a base de tabúes y prejuicios.
¿Y qué decir de Leo? También era un completo extraño. Que David supiera, tampoco era amigo de Rubén. Frecuentaban los mismos ambientes, eso era seguro, y puede que hubieran coincidido antes en algún garito, que se hubieran cruzado en el fragor de la noche o en un vagón del metro sin saber que en el futuro compartirían un momento como aquél.
¿Sería también su primera vez? Leo le devolvió la mirada como si hubiera escuchado la pregunta formulada en el interior de su cabeza. También él había desperdiciado horas de vigilia y de sueño dándole miles de vueltas al asunto. Por supuesto que era primerizo. Sabía que para otros la primera vez había sido también la última, pero Leo no era un cobarde ni un mojigato. Su mayor defecto era quizá la indecisión, o más bien la dificultad para justificar sus decisiones. Era un especialista en exprimirse el cerebro hasta hallar una explicación satisfactoria, un pensador machacón, un meditabundo crónico. No obstante, carecía de método alguno. Sabía de personas que, por ejemplo, rememoraban la alineación de su equipo de fútbol durante el coito precisamente para demorar al máximo la llegada del momento culminante, y también había oído casos de soldados que confesaban haber empleado sistemas de memoria selectiva para evadirse del escenario donde cumplían sus deberes militares. Leo no había ingeniado ningún plan concreto, pero habida cuenta de su facilidad para hilvanar pensamientos, decidió que simplemente daría rienda suelta a los mismos, confiando en que aquello le ayudaría a superar su estreno junto a David y Rubén.
Concentró la mirada en la chaqueta que colgaba de una percha solitaria, justo enfrente, a la espalda de Rubén. “La pista americana, el puño americano, o la americana a secas, tal y como denominamos a ese tipo de chaqueta”. Pasaba lo mismo con la tortilla francesa, el café irlandés, el baño turco y la ducha escocesa; las coles de Bruselas, el escondite inglés, la conga de Jalisco. “¿Serían en realidad los rusos los inventores de la montaña rusa? ¿Por qué se llamará esto ruleta rusa?”
Pero no tuvo oportunidad de pensar en una respuesta. La detonación sonó de repente, deteniendo el tiempo y borrando las imágenes. Segundos después, los sesos de Leo volvían a su estado habitual: estrujados.

2 comentarios:

letras de arena dijo...

Me ha gustado mucho. Mantiene el interés hasta el final.La ambigüedad y las ganas de saber de que se trata en esa "primera vez", crean tensión y dejan espacio a la imaginación.
Un saludo

El último peatón dijo...

Gracias por visitar la acera virtual aun en vacaciones.
Hace algún tiempo utilícé este texto para hablar sobre la técnica de la intriga y el giro sorpresa. Lo di a leer omitiendo las últimas líneas y, al preguntar sobre el enigma de su argumento, imagínate cuáles fueron las interpretaciones mayoritarias (salir del armario, orgía homosexual, sodomia...).
Saludos viandantes.