jueves, 21 de febrero de 2008

Un par o tres

Últimamente oigo con demasiada frecuencia la expresión “Un par o tres de”. No sé si es que yo me fijo más ahora por el motivo que sea, o bien si es que el mencionado vicio lingüístico se está poniendo realmente de moda.
Es más que probable que a la mayoría de vosotros ni siquiera os chirríe esta forma gramatical incorrecta cuando la escucháis o incluso la utilizáis (ni yo mismo estoy seguro de no haberla empleado en más de una ocasión).
Fijaos que cuando alguien dice “Un par o tres de días” o “Un par o tres de veces”, lo que quiere expresar es “Dos o tres días”, o bien “Dos o tres veces”. Sin embargo, al escoger la palabra “par” para sustituirla por “dos”, está condicionando el significado posterior de la frase, pues hace necesario incluir la preposición “de”, y allá donde quería decir “Dos o tres”, termina diciendo “Dos o seis”.
Porque “Un par o tres de veces” significa “Un par o tres pares de veces”, y tres pares, si mi escaso talento matemático no me falla, siempre suman seis unidades.
Dicho esto, la forma correcta sería “Un par de veces o tres” (que viene a significar “Un par de veces o tres veces”). Es tan fácil como cambiar dos palabras (un par de palabras) de sitio, y de esta manera estaremos especificando correctamente la intención real de aclarar que son dos o tres las veces, o los días, o los cigarros, o los euros, o los besos, o los años, o los hijos, o las hostias, o lo que sea.
Por si esto fuera poco, para mí la fórmula “tres pares” siempre ha estado asociada a cierta expresión enfática, coloquial y castiza (y también soez) que sirve más o menos como calificativo para referirnos a lo excesivo o superlativo, o sea, “Hace un frío de tres pares de cojones”, o “Se va a montar un lío de tres pares de cojones”.
La consolidación de este vulgarismo en el habla cotidiana es tal, que a estas alturas admite incluso ya la construcción elíptica, y basta con decir “Tengo un sueño de tres pares”, para que nuestros interlocutores se hagan cargo de la envergadura de nuestro cansancio sin necesidad de tener que nombrar explícitamente los genitales masculinos.
De hecho, no siempre hacen falta los tres pares. A veces, aludiendo simplemente al par de rigor que le viene de fábrica a cualquier espécimen masculino, se consigue igualmente el efecto pretendido. Si decimos “Con un par”, cualquiera sabe lo que viene después y lo que ello significa (valentía, arrojo, atrevimiento).
Los niños solían tener la costumbre de echar a suerte las cosas por medio del sencillo juego conocido como “pares o nones”. Siempre me intrigó el porqué del éxito de esta fórmula, en lugar de la que por lógica y por inercia nos saldría a cualquiera: “pares o impares”. ¿Será porque nones rima con cojones? Visto todo lo anterior, yo diría que tal vez…
Bueno, me estoy desviando. Hoy tan sólo quería advertir sobre este desliz verbal tan corriente, más que nada por si algún día os encontráis con alguien que lo entiende en sentido literal, y cuando le prometáis tener un par o tres de hijos se imagine que aspiráis a fabricar una réplica de la familia Ruiz-Mateos.

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