domingo, 17 de febrero de 2008

Sibaritas sucedáneos

Una de las mayores trampas de la sociedad de consumo contemporánea es la facilidad para hacernos creer que cualquiera puede ser un sibarita.
Interesa económicamente que la idea de nuestro poder adquisitivo sea superior a la real. Pero esto no perjudica sólo a nuestros monederos, sino que ha terminado infectando también determinadas zonas del carácter o el comportamiento social.
Nada hay más antipático que un presunto sibarita fuera de lugar.
Personalmente, los sibaritas siempre me han inspirado más compasión que admiración. Cuanta mayor exigencia le pongamos a la búsqueda del placer, mayor dificultad tendremos en encontrarlo.
No digo que haya que renunciar a disfrutar de lo bueno si se puede. Hoy por hoy es verdad que gozamos de mayores ventajas que hace treinta o cuarenta años. Está bien que probemos nuevas experiencias, que podamos degustar cocinas internacionales y comprar productos exóticos o exclusivos.
Lo malo es que nos creamos de verdad que esa facilidad que se nos da para gastar en lujos sea la correspondencia justa con nuestra condición social y económica.
Me da vergüenza ajena contemplar determinadas salidas de tono en según qué escenarios. Exigir manjares exquisitos en la taberna del menú del día o despreciar sistemáticamente todo lo que no esté bendecido por la vanguardia, la aristocracia crítica o la tendencia puntera de turno.
La actitud enquistada del nuevo rico es un peligro, como dije antes, no sólo para la cuenta corriente, sino también para las relaciones personales. Las ínfulas de gourmet empiezan a ser una seña de identidad extendida entre obreros de corbata y burgueses hipotecados; es decir, un espejismo de prosperidad y acomodo que puede alejar al individuo de su verdadero entorno.
A fuerza de sofisticarse, el sibarita advenedizo y arrogante ya no aceptará salir a comer o a cenar a otros sitios que no sean los restaurantes más divinos. Terminará atrincherado en su propia casa, donde almacena su colección de exquisiteces a salvo del paladar prosaico de la plebe.
Puedo entender al sibarita en el pellejo del rico verdadero, de aquel que puede permitirse viajar a Rusia o a Irán cuando le salga de las narices para comer caviar, o a Francia para beber el mejor champán. Pero la mayoría de los nuevos sibaritas a los que hoy me refiero son simples pequeñoburgueses con hipotecas y trabajos por cuenta ajena. Si uno pierde la capacidad de disfrutar de la hora del bocata o de las bravas de la tasca del barrio habrá empezado a marcar una peligrosa distancia respecto a su verdadera condición, y los demás podrán acabar viéndolo como un borde, un impertinente, un engreído que siempre desea quedar por encima. Sin darse cuenta, uno puede convertirse en un cretino presuntuoso, en un clasista infeliz.
En una escena de la película Cuando Harry encontró a Sally, uno de los personajes comenta durante una cena con amigos que “Los restaurantes son para la gente de los 90 lo que eran los museos para la de los 60”.
Lamento verificar que dicha afirmación puede extenderse también a nuestro tiempo y a nosotros mismos, la gente del siglo veintiuno, quienes vivimos engañados creyendo que la belleza sólo se encuentra en la perfección, y la calidad en el lujo. De hecho, asociar el concepto “calidad” al placer es como el primer mandamiento de la Biblia del esnob insoportable.
Así que, aprovechando que el domingo se presta a ello, me voy a dar un garbeo por los baretos del barrio, a beber botellines de cerveza y a picotear grasientas raciones mientras las cáscaras de cacahuete y las conchas de mejillones crujen en el suelo aplastadas por mis zapatos y revueltas entre un centenar de servilletas de papel arrugadas y pringosas. ¡Salud!

3 comentarios:

letras de arena dijo...

Qué razón tienes, y el sibarita pobre sólo es un "entremés" de lo que es el experto en moda tous de osos maltrechos, o el coleccionista de todo-terrenos. La verdad es que la esclavitud al consumo que se está produciendo llega a ser a veces angustiosa.
Un saludo.

Las3Musas dijo...

Yo he disfrutado mucho este texto. Yo soy "Sí, bareto..."
Abajo la comida de diseño!

Muy buen blog, amigo transeunte.
abrazos
musa

Frida dijo...

Me adhiero a las compis... Por cierto (yo también aprovecho para hacerme propaganda), me ha hecho recordar uno de mis posts: "Un clavo saca otro clavo"... Un abrazo.