viernes, 1 de febrero de 2008

Propuesta carnavalesca

Nunca he tenido muy claro esto del carnaval, la verdad sea dicha. Imagino que lo viviría de otra manera si fuera gaditano, o tinerfeño, pero se da la circunstancia de que las ciudades donde he vivido no se encuentran precisamente entre las más representativas por la celebración de esta fiesta.
Por otra parte, reconozco que para mí la expresión “día de fiesta” va imprescindiblemente asociada a “día festivo”, o sea, no laborable, es decir, un día en que no se trabaja.
Es por eso que no tengo dudas a la hora de identificar la Navidad, la Semana Santa, el doce de octubre o el primero de mayo. Pero, claro, el carnaval tiene de festivo sólo el ambiente, el jolgorio, la parafernalia verbenera, y nada más. Se madruga y se va a currar igual que siempre.
A pesar de todo, este año se me ha ocurrido que podría aprovecharse la oportunidad de que el carnaval coincida con el periodo de campaña electoral, lo cual podría aportar unas dosis de innovación y desenfado a los bolos de los políticos, y de paso regalarnos a los ciudadanos un merecido respiro después de tanta crispación (total, lo de los programas electorales ya no se lo cree nadie). Entonces, y ya que en teoría nos vamos a tomar a befa tanta promesa y soflama, ¿por qué en vez de llenar estadios o auditorios con aburridos mítines, no montamos a los candidatos en emperifolladas carrozas y los paseamos por las calles al son de la pachanga?
Bastaría con ataviarles debidamente. Unas plumas por aquí, unas lentejuelas por allá, y poco más (la careta ya la llevan puesta; gajes del oficio).
Imaginaos la calle Ferraz tomada por la chirigota “P’ alante con el talante”, arrojando a las aceras inéditos billetes de 400 euros, acuñados especialmente para la ocasión. Y en la calle Génova, para no ser menos, tendríamos a la charanga popular “Gallardón el último” deleitando a los transeúntes con ripios patrióticos y apocalípticos.
También podrían juntarse Llamazares, Mas, Durán i Lleida, Ibarretxe y compañía, y montar una comparsa reivindicativa que se llamase “Nosotras también queremos ser las reinas del carnaval”, o “Cómeme el voto, negro”. Impagable.
En fin. Aquellos que durante estos días residáis o estéis de visita en Cádiz, Venecia, Río de Janeiro, Tenerife, Las Palmas, San Francisco, Colonia, Sitges, Québec o cualesquiera de los múltiples lugares donde el carnaval es sinónimo de desenfreno colectivo, no necesitaréis fabricaros delirios surrealistas para entrar en materia.
Para todos los demás, recomiendo el ejercicio mencionado: fantasear con un pasacalle colorista y bullanguero, compuesto por la flor y nata de la clase política, y flanqueado por su fieles siervos del universo periodístico (tampoco tendría precio el coro rumbero Losantos-Gabilondo-Pedrojota, con sus camisas de flores anudadas a la altura de la barriga y agitando un micrófono a modo de maraca).
De todas formas, lo que verdad me gusta a mí de estas fechas que se avecinan es la repostería. Esos buñuelos y esas torrijas…

2 comentarios:

Newton dijo...

solo falta el rey...

momo

saludos

Anónimo dijo...

¿ferraz 666?