miércoles, 20 de febrero de 2008

Matrícula de horror

Si ya lo decía yo. Y no hace tanto.
Me remito nuevamente a una entrada anterior, la titulada Soberbia ibérica y chovinismo yanqui. Por entonces, os invitaba a cuestionaros si esa costumbre tan familiar que tenemos los paisanos de esta tierra de criticar mordazmente la presunta incultura popular de los ciudadanos estadounidenses no sería en el fondo un simple gesto de soberbia gratuita, por no decir directamente una peligrosa contradicción.
Y ha ocurrido, amigos. La prueba irrefutable.
He tenido ocasión de ver un corte (breve, aunque tremendamente revelador) de un programa que se emitió al parecer en la madrugada del lunes y en el que se trataban de ilustrar algunas de las carencias formativas de nuestros escolares, concretamente los adolescentes de 16 ó 17 años, lo cual resulta aún más grave, como se verá (no estamos hablando de inocentes parvulitos ni de mocosos que acaban de aprender a leer).
El reportaje mostraba a una serie de alumnos a quienes se les hacían preguntas vergonzosamente básicas, como esas que les lanzan a bocajarro a las patéticas finalistas de los concursos de belleza y que hacen que se pongan tan nerviosas, las pobrecitas (¿Sabes algo de Rusia? ¿Cuál es tu libro favorito? ¿A qué huelen las nubes?... Ah, no, ésta es de otra cosa. Perdón).
Las respuestas no tenían desperdicio, doy mi palabra. Entre otras cosas rebuscadas y sibilinas, se preguntaba, por ejemplo, por el autor de El Quijote (hace falta mala leche, oye).
Pero lo que más me ha impresionado ha sido el ramillete de respuestas recopiladas acerca de la pregunta: ¿En qué año comenzó la guerra civil española? (ya digo que sólo he podido cazar un pequeño extracto, pero me encantaría poder ver el programa entero, porque la cosa promete). He aquí unas cuantas joyas:

“En mil… novecientos… eh… setenta y cinco”.
Tiene cojones (y perdonadme el taco) que le pregunten por la guerra civil que por desgracia ganó Franco y elija justo el año en que murió el susodicho y volvió la democracia a estos lares después de 40 años de dictadura. Si lo hace adrede no le sale.

“Siglo veinte”.
Sin comentarios.

“¿La primera o la segunda?”
Mi preferida. No me digáis que no es para comerse a la criatura.

Insisto: no es que los sujetos de generaciones pasadas seamos unos genios ni nada parecido. Seguramente, tampoco aprobaríamos con nota, pero, como mínimo, creo yo que pasaríamos el examen básico.
Lo espeluznante es que, si el mencionado programa refleja de una forma más o menos proporcional la cultura general de nuestros bachilleres, será verdad que la próxima versión de la Enciclopedia Universal cabrá íntegramente en un mensaje de SMS.
En fin, que tomemos nota. Y me refiero a todos. Adolescentes, jóvenes, adultos y viejos. Padres, profesores, solteros, currantes y parados. Que nadie se escaquee, por favor.

2 comentarios:

Las3Musas dijo...

Es un procedimiento finamente estudiado, la desmemoria.
Es el germen que se siembra en cualquier pueblo para la repetición.

Hay que tener cuidado, que aquí no hay nada ingenuo.

besos reflexivos
musa

Pimkie dijo...

En fin, que tomemos nota. Y me refiero a todos. Adolescentes, jóvenes, adultos y viejos. Padres, profesores, solteros, currantes y parados. Que nadie se escaquee, por favor.

¡Cuanta razón tienes! Cuando se habla del nivel de formación / educación / cultura de los estudiantes de hoy en día, se carga la responsabilidad sobre los mismos chavales, sobre los profesores, sobre el sistema educativo en general, sobre el gobierno e incluso sobre la televisón. ¿Y dónde están los padres en todo esto? ¿Qué dejadez han hecho de su función educativa para que los chavales no no sepan diferenciar realidad de ficción, lo bueno de lo malo, y no tengan el más mínimo interés en no parecer unos tarugos (en mis tiempos de estudiante, a finales de los 80 y principios de los 90, a la empollona de la clase le daban de hostias a la salida y la torpe analfabeta era la reina de la clase... Lo recuerdo bien porque yo era la empollona)?