domingo, 3 de febrero de 2008

La academia ciega del pintor sordo

Dentro de unas horas se entregarán los premios de la Academia del Cine Español, así que aprovecharé para concederles este mínimo espacio de gloria y reconocimiento a aquellas películas y personas que han sido descartadas del mencionado plantel de aspirantes.
Curiosamente, el año pasado mis preferencias coincidieron casi literalmente con las de quienes eligen los Goya. Tanto Volver, como Salvador, El laberinto del Fauno, Azuloscurocasinegro y La noche de los girasoles, se contaban entre mis filmes favoritos de la temporada, y fueron precisamente éstos los que acapararon la mayor parte de las nominaciones, junto con la tan espectacular como irregular Alatriste.
De la edición pasada sólo me pareció escandaloso el ninguneo a Ficción, de Cesc Gay, y a su actriz protagonista, Montse Germán (encanto y credibilidad elevados a la máxima potencia).
Muy al contrario, este año parecería un repelente aguafiestas si tuviese que intercambiar opiniones con los señores académicos del séptimo arte patrio. En bien poco coincido con sus propuestas, como se verá a continuación.
Para empezar, me resulta inexplicable que no se encuentre Mataharis entre las candidatas a mejor película, más aún teniendo en cuenta que la película de Icíar Bollaín aspira a varios premios, incluyendo el de mejor dirección. Igualmente, creo injusto que se le haya negado la candidatura a su protagonista, Nawja Nimri, que encima tendrá que ver cómo el resto de sus compañeras de reparto —además de su compañero y marido en la ficción, Tristán Ulloa— se muerden las uñas en la gala en espera de recibir su premio.
Otro ostensible olvido en el terreno interpretativo es de las actrices de La soledad, de Jaime Rosales. Bien es verdad que el reconocimiento sorprendente a esta película minoritaria ha constituido una alegría para este espectador peatonal, pero se ve que algo así era demasiado bonito para ser completamente cierto (y coherente), así que han dejado sin opción a Goya a sus protagonistas, que están sencillamente soberbias, todas ellas.
En cuanto a la excesiva consideración hacia la película La torre de Suso, no me cabe ninguna duda de que se debe al fruto de ese intratable matrimonio formado por Doña Televisión y Don Dinero. La película de Tom Fernández es amena, agradable de ver, sencilla, y diría que inofensiva. Pero es televisión, no cine. Es comedia de situación pura y dura (no en vano su responsable fue uno de los artífices de la serie Siete vidas, de notable éxito televisivo durante varias temporadas).
Fijaos que el premio al mejor director novel me parece el más acertado de toda la gala, quizá el único verdaderamente procedente y útil (los demás son una mezcla de intereses empresariales y amiguismo corporativista). Por ello, pienso que debería galardonarse un trabajo esencialmente cinematográfico, la obra de un profesional del celuloide en ciernes o el talento latente de un futuro gran cineasta.
Bien es cierto que el premio de este año está cantado y será para Juan Antonio Bayona por la sobrevalorada El orfanato, pero haber incluido a La torre de Suso en las nominaciones, en detrimento de operas primas mucho mejores (o, como mínimo, puramente cinematográficas) como Ladrones, Concursante, Bosque de sombras, La habitación de Fermat o Qué tan lejos, es una mezcla de injusticia e incoherencia que clama a los vientos.
También estimo que REC hubiera merecido un mayor reconocimiento, aunque puede que su protagonista, Manuela Velasco, termine dando la sorpresa y arrebatándole el Goya a Gala Évora, con lo que se superaría también la aburrida costumbre de premiar siempre las interpretaciones basadas en personajes reales o históricos (cuando no adictos, discapacitados o enfermos terminales).
Mi recuerdo también a actores y actrices que nos han dejado encomiables registros y que, por una u otra razón, no han entrado finalmente en la quiniela: las ya mencionadas protagonistas de La soledad, Sonia Almarcha, Miriam Correa, Petra Martínez, María Bazán y Nuria Mencía; también María Valverde y Juan José Ballesta (Ladrones), Darío Grandinetti (Quiéreme), Carmelo Gómez (Oviedo Express), Leonardo Sbaraglia (Concursante), María Bouzas (Una mujer invisible), Tania Martínez y Cecilia Vallejo (Qué tan lejos)… aunque, probablemente, el olvido o desprecio más evidente sea el cometido hacia Adolfo Fernández, Bárbara Lennie, Emma Vilarasau y Blanca Apilánez, el cuarteto inspiradísimo de Mujeres en el parque, de Felipe Vega, otro título de calidad que ha sufrido la desconsideración de los académicos.
Para finalizar, mi modesto homenaje a otra gran olvidada de este año, la estupenda La caja Kovak, de Daniel Monzón, cine de género bien hecho, eficaz, sin complejos y con la factura y el desparpajo propios de cualquier producción norteamericana.
Por cierto, ¿para cuándo un Goya al más grande, al mejor, al rey de la interpretación en castellano, al enorme e irrepetible Federico Luppi?

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