miércoles, 30 de enero de 2008

Lo siento, pero no

Sabéis que soy el primero en utilizar esta página para aportar mi granito de arena contra la intolerancia, contra el pensamiento reaccionario, ultraconservador, radical, neofascista, y el etcétera que proceda.
Esto hace que generalmente las críticas vayan a parar al costado que está más a la derecha del mundo de las ideas y las ideologías. Pero eso no quiere decir que la coartada de ser presuntamente de izquierdas lo justifique todo. Lo siento, pero no.
Por eso hoy quiero hablaros del informativo (es un decir) que presenta Iñaki Gabilondo en la cadena Cuatro.
Hace bastante tiempo que no soy precisamente un consumidor fiel de telediarios, y suelo verlos sin disciplina de horarios ni de cadenas.
En términos puramente periodísticos, el informativo nocturno de Gabilondo no se diferencia del de Sánchez Dragó ni del que en su día le reprochamos con uñas y dientes a Urdaci.
Es un noticiario “de autor” (o más bien de “la voz de su amo”), con todo lo que ello conlleva de arriesgado cuando se trata de un programa informativo.
Anoche arrancó con un editorial de viva voz en el que Gabilondo no informaba, sino que opinaba e interpretaba, censuraba y acusaba. Cargaba las tintas (los fonemas, para ser más exactos) contra Esperanza Aguirre y “su séquito” (lo entrecomillo porque lo dijo literalmente así), criticándoles por no haber rectificado públicamente tras conocerse la sentencia favorable para los médicos del Hospital Severo Ochoa de Leganés, expedientados en su día por la Comunidad de Madrid a causa de un presunto delito de negligencia que, finalmente, la justicia ha negado.
Pues bien, en realidad yo estaba de acuerdo con Gabilondo, pero creo que su papel no es el de revelar dicha opinión, sino el de mostrar los hechos para que nosotros, los espectadores, nos formemos la nuestra.
Para remate, su siguiente comentario giraba en torno a los célebres 400 euros de Zapatero, y entonces, preso de un ataque repentino de ortodoxia, o bien de los efectos retardados de un Lexatin, Gabilondo se amansó y jugó a ser realmente un informador, el típico busto parlante que recita de carrerilla mientras lee en el telepronter.
No voy a entrar a valorar la profesionalidad de Gabilondo frente a Urdaci, Buruaga, Pellicer, Matías Prats o Lorenzo Milá. Además, creo que en el fondo al público le importa más el partido político con el que simpaticen los presentadores que su verdadera valía o destreza ante las cámaras. Estoy seguro de que en cada hogar se elige el telediario que mejor se entiende con la papeleta que cada cuatro años se deposita en la urna. A estas alturas, que nadie quiera convencerme de lo contrario.
Ahora bien, lo peor del informativo de Cuatro no es que sea ideológicamente subjetivo (todos lo son), sino que es descaradamente partidista. Es proselitista y tendencioso. Aunque sea de izquierdas (en este caso, es lo de menos).
Tal vez me equivoque, pero a veces parece que aún no hayamos superado las reminiscencias del franquismo, y cualquier comentario de desaprobación hacia algo o alguien de la izquierda le coloque a uno el cartel de sospechoso y pierda la presunción de inocencia liberal o progresista. Lamentablemente, a veces da la impresión de que nosotros mismos hemos caído en la trampa reduccionista de los políticos y pensamos que no existen más alternativas de opinión que las patrocinadas por el PSOE o el PP.
Pues lo siento, pero no.

4 comentarios:

Toxcatl dijo...

Ten en cuenta, peatón, que cuando este señor estaba en la SER hacía lo mismo en un programa que el conducía. Es decir, partidismo total; solo que ahora se ve y antes solo de oia.-

Tambien te digo, al menos este no esconde sus preferencias disfrazando la opinion de noticia o de ausencia de ella. (ejemplo, Telemadrid)

Mujeres dijo...

Yo odio este tipo de actuaciones, sean del color que sean. Si lo que quiere es opinar que convierta su programa en tertulia y que entonces diga lo que quiera.

El último peatón dijo...

Ahí vamos. Me parece bien que no esconda sus preferencias, pero que lo haga fuera del telediario.
Mi reflexión, sobre todo, se refería al hecho de que cuando esto mismo ocurre con un periodista afín a la derecha enseguida nos escandalizamos y le llamamos impresentable. Sin embargo, somos condescendientes cuando el que manipula la información apunta hacia la izquierda. En términos de ética periodística, creo que somos injustos (me incluyo en la autocrítica, por supuesto).

satxoska dijo...

ahí está!! la peña se cree que por ser de izquierdas ya tienen justifikado su extremismo, ahora como sean de derechas... ya están sentenciados, y es que los polos de un círculo akaban por cerrarlo
es lamentable que el criterio periodístico de un kanal de comunikación, o más aún de un profesional del medio se deje guiar por sus propias tendencias polítikas o inducidas, peeeero, es así, parece una rivalidad entre bandos