miércoles, 16 de enero de 2008

Chunda chunda tachun tachun tachunda

Menos mal. Lo digo en serio.
Menos mal que el COE ha decidido aparcar de momento su propuesta de letra para el himno nacional, porque estaba empezando a temer que teníamos polémica absurda para largo. Por si no nos bastaba con la agitación demagógica propia de las fechas preelectorales, tuvo que aparecer la incansable crispación en forma de lírica patriótica.
Sé que no queda elegante citarse a uno mismo, pero os prometo que para ilustrar mi opinión acerca del asunto (no sólo de la letra de marras, sino de los himnos en general), no se me ocurre mejor testimonio que el del protagonista de mi novela Bolero envenenado, el cual, en un momento dado de la narración, se expresa como sigue:

“Sonaba la marcha de la cofradía y, como todos los himnos, era una fanfarria machacona y grotesca. Al margen de su significado, cualquier himno me suena inevitablemente pachanguero. No soy amigo de poner la música al servicio de la exaltación pomposa de los ideales o el encumbramiento acérrimo de las patrias. Repudio igualmente el patriotismo megalómano que el fundamentalismo geográfico, detesto por igual la ínfula pueril y grotesca de las barras y estrellas que el regionalismo exacerbado nacido de rencores o escozores pretéritos. El hecho de que la porción de tierra exaltada sea mayor o menor no altera las proporciones de la idea, en cualquier caso desorbitada, desquiciada. Así es el canto de los himnos. La representación melódica del borreguismo a ritmo castrense y cansino, apabullante y ebrio. Alguien pensó alguna vez en ponerle letra al de aquí, acaso preso de una innecesaria envidia al ver a los futbolistas de otras latitudes posando antes del comienzo del partido y entonando las ínfulas nacionales como en solemne karaoke patriótico”.

Por cierto, que nadie se crea eso de que el himno español no había tenido letra hasta ahora, porque recuerdo que en mis años de escolar algún que otro malandrín se atrevió de vez en cuando a canturrear esta versión alternativa y tímidamente contestataria, que seguro que muchos de vosotros ya conocía:

Franco, Franco
que tiene el culo blanco
porque su mujer
lo lava con Ariel.

Burro, zopenco,
cabestro, animal.
Sólo le falta el rabo
para rebuznar.

Pues eso. Con la música a otra parte. Y con la letra también.

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