sábado, 24 de noviembre de 2007

Por fin el miedo

Cuando hablé aquí sobre El orfanato os confesé la decepción que supuso para mí el comprobar que se trataba de una fantasía más o menos siniestra, pero a la vez demasiado leve como para dar auténtico miedo. Esta falta de contundencia aterradora, sumada a la excesiva familiaridad respecto a otros títulos del género, provocó que el filme de Juan Antonio Bayona quedase por debajo de mis expectativas.
Por ello, y aunque me apetecía mucho ver REC, fui al cine con todos los reparos posibles y vacunado contra un presunto nuevo brote de pólvora mojada. Sus referencias, tanto conceptuales (El proyecto de la bruja de Blair, o incluso Holocausto caníbal) como argumentales (fundamentalmente, las recientes 28 días después y 28 semanas después), no hacían presagiar nada original.
Pero, amigos, qué placer da equivocarse cuando lo que se obtiene a cambio es una sesión magistral de cine de terror como la que nos imparten Balagueró y Plaza con su película. Qué gusto pasar miedo cuando es eso lo que uno busca.
Con astucia, los directores sitúan la historia en el contexto de un falso programa de telerrealidad. Imaginaos un típico reportaje cutre-costumbrista de España Directo o El buscador que acaba convirtiéndose en una odisea siniestra y sangrienta.
Ese estilo televisivo, unido al buen trabajo interpretativo de los actores, que desprenden espontaneidad por todas partes, hace que te metas en la pesadilla y termines la función con agujetas en todos los músculos y con los oídos derretidos por el efecto abrasivo de un millón de alaridos de pánico.
REC asusta, inquieta, es de esas pelis que hacen al público llevarse las manos a la cara, dar un bote en la butaca y dejar sin sangre el brazo de su acompañante de tanto apretarlo. Todo ello a base de los recursos legítimos del género, es decir, con sonidos de verdad (básicamente guturales) y no con efectos de estudio, consiguiendo el difícil equilibrio entre mostrar lo justo y no escatimar nada, moviendo la cámara in situ y no con trucos de sala de montaje
Por si fuera poco, hasta los momentos de respiro, que suelen ser puro relleno en este tipo de películas, funcionan gracias a su adecuada mezcla de dramatismo documental y humor negro. Sabido es que, en este género, el diseño de los personajes tiende habitualmente a lo esquemático, apoyado en simples estereotipos. Los interludios entre un susto y otro suelen llenarse con absurdos e inverosímiles episodios románticos que contribuyen a rebajar la tensión y a hacernos adivinar quién morirá y quién se salvará.
Pero Balagueró y Plaza pasan de todo eso, y, fieles al espíritu realista del proyecto, utilizan también a sus personajes para tratar con una ironía sutil y puñetera cuestiones cotidianas que atañen al hecho contemporáneo de vivir en una comunidad cada vez más plural y variopinta.
Y todo en apenas una hora y cuarto, una proeza sin parangón en esta época de metrajes infinitos que atentan contra la paciencia humana y la integridad de nuestras vejigas.
Presumo que El orfanato acaparará nominaciones y premios en la próxima edición de los Goya, y que a REC se le reservarán, en todo caso, algunos de los referidos a los aspectos técnicos. Además, imagino también que el premio a la actriz revelación se lo llevará Gala Évora por hacer de Lola Flores (cumpliéndose una vez más la norma tópica e injusta que tiende a premiar la simple recreación, por brillante que ésta sea, en detrimento de la creación genuina), pero aun así mi actriz revelación del año es sin duda Manuela Velasco, la reportera pizpireta de REC (en un rol que, consciente o inconscientemente, tiene algo de autoparódico), un dechado de credibilidad desde su candoroso arranque tipo “la becaria más trepa de la redacción” hasta la última secuencia del filme, de una textura visual casi onírica y que representa la pura estampa del horror.
Fijaos que me gustan Mataharis y La soledad, pero tal vez REC se merezca el premio a la película española del 2007 por su inusual atrevimiento y su desenfadado desparpajo, tan libre de complejos como de pretensiones.
En un año en que, debido a la polémica ley del cine, se ha vuelto a poner de manifiesto la falta de química entre el público, los exhibidores y los creadores, quizá proceda más que nunca premiar a una obra que demuestra la existencia en el panorama ibérico de cineastas con la capacidad suficiente para atraer espectadores, para darles lo que quieren, evasión, entretenimiento bien hecho, y sin dejar en casa la materia gris, que para saber entretener también hacen falta las neuronas.
Me vais a hacer el favor de no esperar al remake norteamericano, que será peor seguro. Si os va el rollo “susto o muerte”, os gustará REC. Palabra de peatón.

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