miércoles, 21 de noviembre de 2007

El extraño viaje a ninguna parte


Aunque para muchos sólo fuera un señor anciano cascarrabias que mandaba a la mierda a los periodistas y al más pintado a las primeras de cambio, Fernando Fernán-Gómez ha sido el ejemplo contemporáneo más ilustrativo de lo que normalmente llamamos un hombre renacentista.
Era el intelectual por definición: actor, escritor, director y guionista de cine, dramaturgo, Académico de la Lengua; y todo ello sin dejar de ser un personaje popular, tan prestigioso por su talento y erudición como familiar por su ubicuidad mediática. Era el sabio y el cómico, una combinación insuperable.
Era un genio auténtico, de esos capaces de hacer grande una película mediocre. Ahí está como ejemplo El fenómeno, de José María Elorrieta, comedia tan amable como rancia, carne de “Cine de Barrio”, pero que me gusta ver de vez en cuando porque me parto con Fernán-Gómez interpretando a un catedrático que es confundido con un futbolista ruso y obligado, por tanto, a sudar la camiseta y hacer campeón a su equipo.
Ahora que Don Fernando ha emprendido su extraño viaje particular a ninguna parte sin billete de vuelta, no quería dejar pasar la oportunidad de rendirle mi modesto homenaje.
Siempre lo recordaré como el director de La vida por delante, El extraño viaje y El viaje a ninguna parte, las cuales también protagonizó.
Como actor posee unas referencias de vértigo: Esa pareja feliz, El espíritu de la colmena, Pim pam pum fuego, El anacoreta, Mambrú se fue a la guerra, Belle Époque, Así en el cielo como en la tierra, La lengua de las mariposas, En la ciudad sin límites, El abuelo, Para que no me olvides, Todo sobre mi madre… El etcétera daría para un blog monográfico.
En la tele fue Lucas Trapaza, alias El Pícaro, y la voz de Don Quijote en una exitosa serie de dibujos animados.
Como rúbrica a este especie de panegírico póstumo, me quedo con unas palabras que le oí decir en un programa de televisión, hará unos quince años. El entrevistador, una vez referidas las múltiples disciplinas a las que Fernán-Gómez se dedicaba, lo calificó a éste como hombre polifacético, a lo que él respondió que quizá no era para tanto, pues todas las actividades mencionadas tenían que ver con la vocación artística, y además había muchas cosas que la mayoría de la gente sabía hacer y para las que él era un completo inútil. Concretamente, dijo: “No sé practicar ningún deporte, no sé nadar y no tengo carnet de conducir”.
Puesto que éste que escribe coincide literalmente con las tres carencias o inutilidades expuestas por el maestro fallecido, ya no me cabe ninguna duda de que su sabio espíritu velará por esta página virtual, cinéfila y peatonal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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