sábado, 27 de octubre de 2007

Racismo mediático (segunda parte)


Hace algún tiempo hablé aquí sobre Jaime Jiménez Arbe, el delincuente apodado “El Solitario” y al que durante unas cuantas semanas la prensa convirtió en estrella, aun pesando sobre él graves acusaciones criminales.
Pero la rabiosa actualidad, que es insaciable e impaciente, necesitaba colocar ya un nuevo personaje en el epicentro de la crónica de sucesos, y parece haberlo encontrado en Sergi Xavier Martín, el sujeto que el martes pasado atacó a patada limpia a una chica de 16 años en el metro de Barcelona.
Ya adelanté ayer que, a pesar de que se está tildando el suceso en todos los medios de “agresión racista”, en mi opinión no es el componente xenófobo el más importante a considerar en este caso concreto.
Por supuesto que el jovenzuelo de marras será racista, y machista, y homófobo, y antimadridista, y sabe Dios cuántas cosas más. Pero, del mismo modo, es fácil adivinar que un tipo así no es de los que te andan pidiendo el DNI para ver dónde has nacido, antes de decidir si te suelta o no un soplamocos o una patada en las narices.
Sergi Xavier Martín representa una variante de energúmeno que por desgracia prolifera en nuestras calles y nuestros transportes públicos. No hay que olvidar que ya cuenta con antecedentes penales, y que éstos, al parecer, no tienen que ver con ningún tipo de comportamiento xenófobo.
Tengo la impresión de que este individuo ha utilizado hoy el odio a los extranjeros del mismo modo que otro día utilizará la excusa del fútbol para zurrar a cualquier aficionado de un equipo que no sea el suyo (si es que no lo ha hecho ya). Es verdad que esta vez le ha tocado a la pobre adolescente ecuatoriana sufrir su ira embriagada y palurda, pero si limitamos los titulares al aspecto racista del hecho, creo sinceramente que lo infravaloramos, que nos quedamos cortos.
Desde luego que un insulto racista no merece crédito ni tolerancia, pero al menos se puede huir de él cambiándonos de vagón o ignorando al imbécil que lo profiera. Sin embargo, cuando el provocador hace uso de la violencia, está traspasando una frontera que nos coloca en un territorio mucho más delicado.
Hace tiempo que sostengo (e incluso lo he escrito ya en algún otro sitio) que los medios de comunicación han hecho un flaco favor a nuestros extranjeros residentes al haber establecido el término “inmigrante” como la etiqueta distintiva de un tipo de extranjero concreto.
¿Verdad que a nadie se le ha ocurrido nunca llamar inmigrante a Ronaldinho, a Schuster, a Zidane o a Eto’o? Tampoco pensamos en inmigrantes cuando nos hablan del presentador Michael Robinson, del actor Federico Luppi o del músico Andrés Calamaro; ni siquiera cuando vemos al gigoló cubano Dinio o al vividor italiano Alessandro Lecquio. Siendo rigurosos, hasta la mismísima Reina de España debería ser considerada una inmigrante, pues esta palabra define simple y llanamente a la persona que se establece en un país distinto al de su origen.
Lo que han conseguido nuestros medios es dotar al calificativo “inmigrante” de una connotación marginal que lo distingue de los extranjeros a secas o de los turistas, también conocidos como guiris.
Así, inmigrante es el sudamericano, el marroquí, el europeo del este o el africano negro que vive en condiciones humildes o directamente precarias. Los demás, sean de donde sean y vengan de donde vengan, se librarán de la chusca etiqueta si consiguen una profesión de fama o prestigio, o bien si son capaces de ganar buenas cantidades de dinero y vivir en un chalet.
Y he aquí el problema. Dudo mucho que Sergi Xavier Martín considere “inmigrante de mierda” a su ídolo extranjero del fútbol, si es que lo tiene. Por eso opino que su racismo es más una excusa que una creencia, y que si alguien de su confianza le dijera mañana que hay que odiar a los pelirrojos o a los violinistas, ahí estaría él, con su cabeza hueca y sus botas de suela gorda para partirle la cara al más pintado.
Detrás de quien disfruta ejerciendo la violencia siempre se esconde un cobarde que sabe detectar al más débil para ensañarse con él. Ojalá se haga justicia, que el culpable no quede libre y que la joven agredida pueda seguir viajando en metro o paseando por nuestras calles sin miedo. Igual que todos nosotros, independientemente del lugar de nacimiento que conste en nuestro carnet de identidad.

1 comentario:

No es nazi dijo...

Segi Xavier no es ni un nazi,ni un facha,ni un skin,es un gilipollas aburrido que tenia varias denuncias por robos-robos a españoles,por cierto-seguramente ultra del Barça-Boixos Nois-y no es ni mucho menos un patriota español,un patriota español en toda regla seria por ejemplo,Josue Estebanez,el joven neonazi que mato de una puñalada segun se dice en defensa propia al otro joven de ideologia antifascista Carlos Javier Palomino,eso si es un autentico ''nazi'',Josue si es un joven con ideologia propia,y aunque todos los radicales de la ideologia que sean,son despreciables,al menos,Josue no pateo a una niña en el metro,sino que apuñalo a otro agresor que tampoco era trigo limpio-yo estoy tan en contra de los antifascistas como de los fascistas,que se note-muchas gracias por la publicacion en el blog y sigue sacando noticias a la luz,animo