sábado, 13 de octubre de 2007

Hacer caso a lo escaso


En mis tiempos de estudiante de periodismo me explicaron que una de las teorías más extendidas sobre el poder y la influencia de los medios de comunicación era la denominada “Teoría del establecimiento de la agenda”, o algo parecido.
Según este enunciado, se sostiene que la prensa es realmente quien decide lo que es importante, de interés general o aquello que requiere nuestra atención prioritaria.
Se supone que lo ideal es lo opuesto, es decir, que los medios de comunicación estén al servicio de la ciudadanía para responder a sus demandas de conocimiento e información. Pero me temo que la mencionada teoría de la agenda es acertada, por mucho que me pese.
El asunto daría para prolongar la reflexión más allá de esta escueta cibertribuna, aunque, a grandes rasgos, mi percepción es que los contenidos de la prensa no equivalen a un compendio resumido de la situación real de nuestro mundo, tal y como tendemos a creer por pura inercia.
Si damos un repaso general a cualquier diario o programa informativo, la conclusión inevitable es la de que este mundo es una mierda, que sólo hay guerras y desgracias, que nos matamos a tiros o cuchilladas por culpa de los celos, la envidia, la religión o las ansias de poder; que los deportistas son unos yonquis mercenarios, que nunca encontraremos trabajo, que todo es un timo y una estafa, que noticia es igual a polémica, escándalo, tragedia.
No es que quiera ser yo ahora el profeta del flower power y la caridad bendita, pero si algo tengo claro es que hay en la prensa una evidente descompensación entre los contenidos positivos y negativos, inclinándose la balanza a favor de estos últimos. Que no nos engañen, que sean objetivos, que nos digan la verdad, así es, pero que no traten de convencernos de que lo real es sólo lo crispado o lo morboso. No reclamo mentiras piadosas. Lo que me gustaría es que se derrocara la dictadura de las verdades dolorosas.
Será por esto, o porque es sábado, o porque acabo de meterme en el cuerpo un carajillo de sobremesa, da igual. El caso es que he recibido con insospechado júbilo el descubrimiento de una noticia que nos habla de un llamamiento a la paz y el entendimiento entre islamistas y cristianos, lanzado el pasado jueves por un centenar de estudiosos musulmanes de todo el mundo.
En una carta al Papa
y a otros líderes cristianos, afirman lo que todos sabemos: “Si los musulmanes y los cristianos no están en paz, el mundo no puede estar en paz. Con el terrible armamento del mundo moderno, con los musulmanes y los cristianos entrelazados en todas partes como nunca hasta ahora, ninguna parte puede literalmente ganar un conflicto entre más de la mitad de los habitantes del mundo. Nuestro futuro en común está en juego. Quizá la propia supervivencia del mundo esté en juego. El islam y la cristiandad ya están de acuerdo en que el amor a Dios y al prójimo son los dos mandamientos más importantes”.
Asimismo, Aref Ali Nayed, uno de los firmantes de la carta y asesor relevante del Programa Interreligioso de la Universidad de Cambridge, declaró que el mayor problema que el Islam arrastra desde hace tiempo es que “las voces mayoritarias han sido ahogadas por las de una minoría que escoge la violencia”.
Insisto en que no es cuestión de hacerse vanas ilusiones o albergar falsas esperanzas, pero del mismo modo que está uno harto de leer presuntas conspiraciones o supuestas corrupciones, idéntico derecho tienen a aparecer en la prensa informaciones que inspiren nobles sentimientos y hagan trabajar al intelecto, aunque supongan un porcentaje escaso dentro de las preferencias de periódicos, revistas, televisiones, radios y otros púlpitos influyentes.

1 comentario:

Lucía dijo...

La verdad es que se agradece una noticia esperanzadora para variar.