lunes, 26 de mayo de 2008

Con la música a otra parte

Siempre que le regalaba una prenda procuraba elegir adrede una talla menor de la que realmente gastaba. Le daba a entender así que mi forma de mirarla estilizaba su figura, y sabía que eso le hacía sentirse halagada, aunque no es ni ha sido nunca una mujer gorda.
Siempre tuve una palabra para secar sus lágrimas y una sonrisa para celebrar su ánimo.
Nunca dejé de escuchar, fui sincero en la discrepancia, cortés en las obligaciones y dulce en el aburrimiento.
No adulé con empalagosa gratuidad, no juzgué sus costumbres como manías ni sus deseos como caprichos. Me reí de mis celos y saludé a sus amigos como si fueran los míos.
Siempre soñé con ella, aunque dormía con ella a diario.
Y ahora, pese a todo, o a causa de todo ello, se acabó.
Tres horas de conversación apasionada sólo sirvieron para que ella me regalara una retahíla de elogios que ni la más dadivosa de las abuelas sería capaz de recopilar para referirse a su nieto favorito.
Según sus palabras, yo reunía un muestrario de cualidades entre las que destacaban la sinceridad, la comprensión, la inteligencia, la honestidad, la sensibilidad, la ternura, la simpatía, la cordura, el sentido del humor, la responsabilidad, la solidaridad, la confianza, la complicidad, la tolerancia, y alguna otra más que soy incapaz de recordar.
Pero se iba. Me dejaba porque cuando estaba conmigo ya no oía la llamada de la selva (supongo que lo que escuchaba ahora era la llamada de la gripe, o algo por el estilo).
El caso es que mi supuesto cargamento de virtudes pesaba menos en el cómputo de sus deseos que algo tan etéreo e irracional como la música de las feromonas.
Uno no puede elegir el destino de quien le abandona, pero, puestos a imaginar, me hubiera gustado que su huída respondiera a un anhelo de libertad o de independencia, y no al más que probable descubrimiento de un nuevo rey de la jungla, puede que un Tarzán aburrido o un Conan demasiado bárbaro, pero qué más da si es o no sincero, comprensivo, inteligente, honesto, sensible, tierno, simpático, cuerdo, divertido, responsable, solidario, confiado, cómplice, tolerante o cariñoso; qué más da, me digo, mientras sepa tocar la melodía que yo he desafinado en todo este tiempo, tal vez más pendiente de la partitura que del instrumento.
Terminar así es como despertar de golpe en lo mejor de un sueño agradable. Al principio nos exaspera, quisiéramos reengancharnos a toda costa aun sabiendo que la dicha es falsa. Pero en poco tiempo descubres que no hay nada como la realidad, y que, además, si uno aprende a silbar su propia canción, al final importa un bledo adónde demonios se hayan llevado la orquesta.

5 comentarios:

satxoska dijo...

joe, menudo palo, saludos

El último peatón dijo...

Si es que... hay que ver cómo sois las noias...
Saludos, satxoska.

Nacha dijo...

hey Sacho! no generalicemos... estamos las bizarras, que somos kasos particulares :P

C. Martín dijo...

Ah, ¿entonces es una historia real? Vaya, espero que estés bien dentro de lo posible.

letras de arena dijo...

La historia sea real o no está muy bien contada.
Eres un mago de las palabras.
Un beso.