martes, 18 de septiembre de 2007

"¿Me se escucha?"


Por increíble que parezca, se ha sabido recientemente que en un pueblo de la provincia de Granada llamado Los Villares se celebró un referéndum para decidir si se instalaba o no una antena que diera cobertura a la telefonía móvil.
Si esto os parece sorprendente, más aún lo es el resultado de la votación. Sí, amigos, porque, en contra de la tendencia dominante, en este caso ganaron los defensores del “No”.
Cierto es que la victoria fue ajustadísima. Los Villares es una aldea de 100 habitantes, y el escrutinio se resolvió con 38 votos en contra y 37 a favor, es decir, que los objetores telefónicos ganaron sólo de uno (como Rusia a España en la final del Eurobasket, hay que joderse).
Pero tranquilos, que no voy a hacer demagogia de saldo diciendo que por fin existe un lugar puro y a salvo de la intoxicación consumista ni nada por el estilo.
Para empezar, lo que sí me parece digno de mención es el hecho de que en algunos lugares todavía se siga confiando en la voluntad popular para tomar decisiones políticas o municipales. Esto puede salir bien o mal, pero el gesto ya merece la atención, por inusual.
Las razones de la negativa de estos 38 paisanos a tener señal telefónica en su pueblo las desconozco. Como siempre, imagino que habrá de todo, desde quienes vean riesgos para la salud hasta los típicos reacios a cualquier cambio en sus costumbres. Comprendo igualmente a los que defendían la instalación de la antena, como un agricultor que advertía de la dificultad de pedir ayuda en caso de sufrir un accidente en el campo.
Intuyo, no obstante, que quienes más celebrarían la medida de instalar la antena de la discordia serían los forasteros, cualquiera de nosotros que —quién sabe— quizá alguna vez tengamos que visitar dicho pueblo y podamos encontrarnos con la hoy por hoy extraña circunstancia de ver nuestros móviles reducidos a meros trastos inservibles.
Lo que tampoco sé es si en el pueblo hay cabina telefónica, o incluso si la gente en sus casas posee un teléfono fijo, de los de toda la vida. Apostaría a que, como mínimo, existe un teléfono público para llamar al médico, con lo que puede que las necesidades básicas en materia de comunicación a distancia estén cubiertas según el criterio de algunos vecinos de Los Villares.
Yo nunca he sido precisamente un fan de esas iniciativas tipo “el día sin móvil” o “el día sin coche”, pero al leer esta noticia me han entrado ganas de escribir a las autoridades competentes y proponerles un referéndum para lo contrario de lo que se postuló en Los Villares, a saber: instalar inhibidores de cobertura (o como se llamen, si es que existen) en aviones y salas de cine.
Que suene un móvil en mitad de la película es un fastidio, pero hay algo aún peor: que el fulano de turno conteste la llamada en lugar de apagar rápidamente el aparato avergonzado por su descuido (esto en el mejor de los casos, porque en otros, de descuido, nada; sólo hace falta prestar atención a la conversación susurrada: “tío, te llamo luego que estoy viendo una peli, sí, la del Bruce Willis, mazo, mazo, una pasada, ¿vas a ir?, pues te veo luego, cómo eres, sí, estoy con el Lolo y la Pepi…”).
Lo del avión también es como para pensar que en breve se creará la asociación de “telefónicos anónimos” para curar a tanto adicto. ¡Qué forma de apurar hasta el mismo despegue y qué forma de encender el móvil nada más pisar la pista de aterrizaje! Total, para decir: “Te dejo, que ya despega” o “Bueno, que ya he llegado”.
En fin, si alguno está pensando en construir un aeropuerto o en abrir un cine, que no lo dude. Los Villares es vuestro sitio ideal.

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