sábado, 11 de agosto de 2007

Pasatiempos con neuronas


Estamos acostumbrados —o más bien resignados— a que la cartelera de cine en verano se nos pueble de productos con alma más promocional que artística, o bien de vacuidades presuntamente “refrescantes”, y también de muestras de ese cine que ahora llaman “familiar” y que toda la vida hemos denominado, sencillamente, infantil.
Supongo que el hecho de no tener hijos provoca mi escaso interés hacia esas películas recientemente bautizadas como familiares, si bien, dentro de dicha categoría, prefiero las de dibujos animados a las interpretadas por actores de carne y hueso, pues suelen ser estas últimas más ñoñas y previsibles, mientras que el mundo de la animación goza desde hace algún tiempo de una renovada buena salud, contrastada por títulos como “Toy story”, “AntZ”, “Shrek” o “Los increíbles”.
Este verano han llegado dos nuevas muestras dignas de celebrarse.
Por un lado, la esperada versión en pantalla grande de la ya clásica y celebérrima serie de TV “Los Simpson”. Puede que sea un título reservado exclusivamente a sus fans, pero éstos son (somos) lo suficientemente numerosos como para advertir que el carisma de Homer y compañía no se debe a casualidades ni caprichos tras dos décadas regalando ingenio, ironía y cachondeo de altura por las pequeñas pantallas de todo el mundo. Que nadie se deje engañar por las apariencias. Detrás del amarillo chillón y del trazo casi rupestre que los perfila, el clan de los Simpson esconde una de las visiones más agudas y tronchantes de nuestras miserias domésticas y ciudadanas. Su apariencia inofensiva de dibujo de guardería es precisamente la coartada que les permite disparar flechas envenenadas contra la cultura de la barbacoa dominguera y el donut relleno.
Por otro lado, está la sorpresa agradable de la temporada. Se titula “Ratatouille”, y viene avalada por los mismos autores que ya nos alegraron los calores estivales hace un par de temporadas gracias a aquella peculiar familia de superhéroes llamada “Los increíbles”, y que no en vano tenía más en común con los monigotes amarillos de Springfield que con todo el plantel de la Marvel al completo. “Ratatouille” no sólo es divertida e ingeniosa. No sólo posee esa virtud tan encomiable de agradar tanto a los niños como a los frecuentemente sufridos padres que los acompañan. Más allá de eso, el gran hallazgo de la nueva película de los estudios Pixar es que ha sabido encajar en los moldes convencionales de este tipo de historias un elemento original y ciertamente atractivo: la cocina.
Llevad a vuestros hijos a ver las aventuras de esta rata con ínfulas de gourmet y con más maña para los fogones que Adrià y Arguiñano juntos. Por si fuera poco, el plantel de secundarios tampoco tiene desperdicio, y las virguerías gráficas alcanzan unos niveles de realismo que se le hace a uno, literalmente, la boca agua.
Y ya que hablamos de cine, aprovecho para recordaros que todavía aguantan en algunas salas las estupendas “Zodiac”, “La soledad” y “La vida de los otros” (esta última, eso sí, oportuna y morbosamente rescatada debido a la muerte de su actor protagonista).

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