jueves, 9 de agosto de 2007

No me lo creo


He leído que una encuesta realizada en el Reino Unido ha revelado que las mujeres prefieren como pareja a los hombres con rasgos afeminados. Al parecer, consideran las encuestadas que dichos hombres son más fieles y mejores padres, además de mostrar una mayor implicación sentimental en la relación.
Qué queréis que os diga. No me creo una palabra.
Hace algún tiempo ya comenté aquí la enorme decepción que para mí supuso el comprobar que la anhelada liberación de la mujer respecto a determinados prejuicios (con el consiguiente aumento de su saludable protagonismo en nuestra sociedad) parecía haberse traducido en una burda “guerra de poder”, en lugar de en una lucha por la igualdad de condiciones.
Yo fui uno de los “primos” que creyeron en el mito del hombre sensible, pero la experiencia me ha ido convenciendo de que las leyes de la seducción siguen estancadas en los modelos ancestrales que pregonan y practican, precisamente, aquellos hombres que ahora parecen ser despreciados por las mujeres objeto de la encuesta que nos ocupa.
A mí me parece que estas buenas señoras han contestado eso por lo mismo que otros afirman no ver la tele, no votar a un partido determinado o no consumir comida rápida cuando son preguntados para un estudio cualquiera. Nuestro afán por quedar bien y salir bien retratados nos mantiene fieles a ciertos tópicos cuyo evidente desgaste empieza ya a hacer brotar su genuina inutilidad.
Del mismo modo que me parece ridículo dar por sentado que el hombre afeminado debe ser por fuerza más comprometido y cariñoso, igualmente creo injusto desconfiar de la virilidad como si ésta fuera sinónimo de infidelidad o brutalidad.
Me parece que llevamos demasiados años jugando con estereotipos de esta calaña como para decidirnos de una vez por todas a dejarlos aparcados, junto a los madelman y las barbies.
¿O es que en el fondo nos interesa conservarlos porque, al fin y al cabo, son ideales a la hora de proporcionarnos excusas? Supongo que si nuestra pareja (sea hombre o mujer) es sensible y comprensiva, siempre nos resultará más fácil justificar los pasos en falso o argumentar las decisiones traumáticas.
Célebres frases de ruptura como “No es por ti, sino por mí”, “Lo hago por tu bien, para no hacerte más daño”, “Eres una gran persona y nunca te faltará alguien que te quiera”, “No te merezco lo suficiente”, “Me duele a mí más que a ti”, “Entiendo que me odies”, “Siempre me tendrás para lo que necesites”, etcétera, existen y se siguen usando gracias a que todavía circula por ahí la idea de que el sentimiento es más importante que el deseo en las relaciones de pareja.
En fin, no sé. A lo mejor pruebo y me doy una vuelta por la Gran Bretaña en plan osito de peluche. Nunca se sabe.

2 comentarios:

La vecina del cuarto dijo...

No hace mucho tiempo me tragué un reportaje en La2 (de esos que vemos todos) que trataba de averiguar qué características físicas debía tener una pareja para que su relación amorosa fuera exitosa. El estudio iba más allá de si “tiene los ojos bonitos” o “buen trasero”, y lo que pretendía era hallar un patrón de regularidades tomando como referencia los rasgos faciales de cada persona, de manera que conociendo los rasgos de uno podían señalar con un dedo al hombre/mujer de sus sueños.

Para realizar el experimento se pidió ayuda a un buen número de solteros y solteras heterosexuales. A cada uno se le realizaba un examen facial, y se le mostraban las fotos de los candidatos del sexo opuesto, con el fin de que eligieran la que más les atrajera. Posteriormente, se preparaba una cita entre esas personas, y se hacía un seguimiento del progreso de la pareja. Ni que decir tiene que el experimento fue un rotundo fracaso, y que después de todo el esfuerzo, ni se llegó a formular una regla de la atracción con sus factores X e Y relacionados por una ecuación infalible, ni se consiguió formar ninguna pareja.

Que la publicidad nos venda la historia de que nos convienen los chicos con pinta de “yogurines”, pero más de una se decepcionó al ver que le habían cambiado el mayordomo de Tenn de toda la vida, tan inglés él, por un jovencito al que, por muy pinta de modelo de Calvin Klein que tenga, no le queda tan bien el uniforme ni de lejos. Una cosa es lo que quieren que te guste, otra lo que crees que te gusta, y otra muy diferente, lo que crees que jamás te gustaría y termina siendo tu marido y el padre de tus hijos. Y es que ya lo dice el saber popular: “Que no tienen ná que ver, el color ni la estatura con las cosas del queré”.

El último peatón dijo...

Gracias por tus comentarios, querida vecina.
Esto me ha hecho recordar una frase de la película "El misterio Von Bulow", que decía: "El amor es fantasía, y vivir con alguien es trabajar".
Creo que no hay forma más sencilla y certera de resumirlo.