martes, 14 de agosto de 2007

Meteorología cum laude


Cualquiera se atreve ahora a hablar del tiempo para romper el hielo con el taxista o con un conocido al subir en el ascensor. Yo no, desde luego.
Con el incordio éste del cambio climático la meteorología se está convirtiendo en una ciencia más difícil de manejar que la astrofísica. El domingo, sin ir más lejos, tuvimos en Barcelona un tormentón con ínfulas de tsunami que reíros vosotros de los efectos especiales de Harry Potter. Con tanta agua imagino que se llenarían hasta los topes todas las zanjas de las obras y algún turista pensaría que estaba en Venecia en vez de en la ciudad condal. Y en cuanto a los relámpagos, qué bien nos hubieran venido hace tres semanas, pues con semejante aparato eléctrico no habrían hecho falta generadores de emergencia para mitigar las secuelas del apagón. Agosto ya no es lo que era.
Terminaremos añorando aquellos insípidos “parece que va a llover” o “ya se va notando la primavera”. Ya lo creo. Pasará con el tiempo lo mismo que con el ligue. Sí, porque ahora, entre lo caras que son las matrículas de la universidad y la epidemia del mileurismo temporal, a ver quién se atreve a preguntarle a otro aquello de “¿estudias o trabajas?”.
Pues eso. En breve, las páginas de pasatiempos de los periódicos reemplazarán los sudokus por mapas del tiempo a los que habrá que colocarles las nubes, los rayos, los soles, las isobaras y lo que haga falta (y la propia palabra "pasatiempo" ya no significará "para pasar el rato", sino "qué pasa con el tiempo"). A ver quién es el guapo que acierta. A lo mejor también deciden suprimir la sección del tiempo en los telediarios y añadirla al sorteo de la Primitiva, que en un futuro será más fácil de adivinar que el parte meteorológico.
Y qué me decís de las maletas. Los fabricantes se pondrán las botas haciéndolas el doble de grandes, pues ya no valdrá eso de “pongo un jersey por si refresca” o “meteré el bañador por si hace bueno”. Habrá que ponerlo todo, las camperas y las chanclas, la chupa de cuero y el bikini, la crema antisolar y la Couldina.
Yo estoy ya buscando alternativas más accesibles para mis conversaciones rutinarias. Sustituiré el clásico “qué mañanita más fresca” por algo menos complicado, no sé, algo como “me pregunto si tendrá límite la división del átomo o si, por el contrario, la dimensión de la materia alcanzará posibilidades infinitas”. Yo que vosotros iría preparando el nuevo repertorio.
Y aunque no tenga que ver exactamente con el clima, el resto de la península, y especialmente el centro, también disfrutó de un domingo “movidito” gracias al terremoto más terremoto de los últimos tiempos por estos humildes lares. Esto no le compete a la meteorología, como ya digo, pero mosquea. Da la sensación de que el planeta se está cabreando de verdad. Hasta ahora ha aguantado la úlcera de ozono y el subirle un grado la fiebre, pero todo tiene un límite.

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