miércoles, 8 de agosto de 2007

A diez minutos del centro


Hay una trampa que las inmobiliarias y los todopoderosos constructores nos tienden desde hace años y en la que, inexplicablemente, seguimos cayendo como chinches, no sé si camelados realmente por el engaño o tal vez resignados a nuestra suerte de pobres asalariados.
Me refiero a esos reclamos del tipo “A diez minutos del centro” que se utilizan a menudo en la venta de viviendas. De entrada, nada más incoherente que calcular las distancias en minutos en lugar de en kilómetros. Imaginaos que alguien os pregunta cuánto dura una película y le respondéis que cinco metros y medio. Pues eso.
Los diez minutos famosos suelen ser el producto de un caprichoso cálculo en el que se dan por sentadas al menos tres cosas: Una, que todo el mundo tiene coche. Dos, que nunca habrá atascos de tráfico. Tres, que es más importante tener cerca el centro que, por ejemplo, el trabajo, o el colegio de los niños, o la farmacia.
Todos sabemos que la realidad es otra bien distinta. Si no podemos comprarnos un piso en el centro es porque no nos salen las cuentas. Por otra parte, aquellas personas que verdaderamente desean vivir lejos del mundanal ruido y cerca de la Madre Naturaleza (o de un sucedáneo más o menos aparente), no creo que sufran precisamente por estar lejos del meollo, pues es de ese punto del que se supone que quieren huir.
Una vez convencidos de que aquello de los diez minutos era una falacia capciosa, la RENFE nos propuso una especie de solución intermedia llamada servicio de Cercanías. La red de trenes periféricos no garantizaba el milagro de los diez minutos, pero al menos prometía reducir los noventa minutos a treinta, con las ventajas añadidas propias del tren, fundamentalmente la ausencia de atascos o caravanas, y la posibilidad de que el viajero amenice el trayecto leyendo, oyendo la radio, comiendo el bocata o ligando (hay gente para todo).
Sin embargo, las últimas noticias que nos llegan de esta ciudad donde vivo, Barcelona, nos hablan de un servicio de Cercanías desastroso, lento, ignominioso y cruel con sus usuarios. A diario veo a mis sufridos compañeros llegar al trabajo embriagados por una explosiva mezcla de mala baba producto de la fórmula: madrugón + retraso + desinformación (añadamos aquí la aportación crispada de algún que otro tertuliano radiofónico, y ya tendremos el matarratas más letal del planeta).
No sé si la razón de estos problemas concretos con las Cercanías se debe exclusivamente a la no menos polémica construcción de los tramos finales de la línea del AVE Madrid-Barcelona. Sea como sea, lo que está claro es que terminarán volviéndonos a todos peatones a la fuerza. Menos mal que yo lo soy porque quiero. Y a mucha honra.

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