martes, 24 de julio de 2007

Agresividad real


A todos os sonarán conceptos muy propios de nuestros días como “marketing agresivo” o “publicidad agresiva”. Para quien no lo sepa, y por simplificarlo, esto vendría a ser una traslación en términos comerciales de aquella célebre cita que dice “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”.
Estas campañas “agresivas” suelen potenciarse por medio de dos armas implacables: la insistencia y la provocación. No es que me guste precisamente el término, pero también es verdad que nunca he tenido problemas para interpretar que lo agresivo en este contexto no es sinónimo de “violento”, sino más bien de “pelmazo”.
Pero, amigos, de repente alguien inventó eso que se conoce como el telemarketing, y se acabó la paz.
Cada tarde al volver del trabajo me dedico a borrar los tres o cuatro mensajes de rigor que me han dejado grabados en el contestador automático sendas compañías o empresas, por regla general de telefonía móvil, televisión por cable, conexiones a Internet, tarjetas de crédito y otras veleidades bancarias.
Hasta aquí todo va bien. Es un engorro, ya lo he dicho. Una molestia; pero no pasa de eso.
Ahora bien, de un tiempo a esta parte, Mahoma se ha tomado muy en serio eso de invadir la montaña y clavar su bandera en la cumbre. No sé si os pasa a vosotros, pero últimamente estoy recibiendo no pocas de esas llamadas comerciales a las ocho, las nueve o incluso las diez de la noche. Siempre contesto de mala manera, pero da igual. Las personas que atienden el teléfono tienen la obligación de insistir, de hacer oídos sordos a las quejas, las imprecaciones o los insultos que el agraviado consumidor pueda proferirles por llamar a horas intempestivas. Son unos mandados, ya lo sé. Sé de sobra que tienen un guión que deben seguir al dedillo y en el que están contempladas todas nuestras reacciones, por lo que siempre hay un plan B, y luego un plan C, y así sucesivamente, hasta que se salgan con la suya y logren endosarte el producto en cuestión.
No seré yo quien cuestione la efectividad de estas técnicas, que seguro han sido ideadas por una eminencia en la materia, pero como cliente en potencia os puedo asegurar que también tengo un “horario comercial”, y que ese horario es prácticamente el mismo que el de las tiendas de la calle. Si me llaman a la hora de la cena para venderme lo que sea, mi reacción será invariablemente la misma: agresividad. Pero en este caso real. Mala leche, vamos.

lunes, 23 de julio de 2007

El verdadero tabú


El otro día pude ver a un par de tertulianas del corazón deshacerse en remilgos y echarse las manos a la cabeza mientras comentaban la portada de la revista El Jueves que ha dado lugar a tanta polémica recientemente.
Me pareció curioso que fueran precisamente ellas quienes se escandalizaran, más que nada porque se trata de personas que colaboran en un programa que, entre otras lindezas, nos ha regalado la filmación con cámara oculta de Paquirrín alternando en un puticlub (todavía no me he recuperado; quién me mandaría a mí verlo).
Aun así, parece ser que a estas señoras les resulta intolerable la ocurrencia de dibujar a los Príncipes de Asturias en postura sexual explícita. Porque de eso se trata. De sexo.
Ya sé que la denuncia del juez y el posterior revuelo mediático han girado en torno a un presunto delito de injurias a la Corona. Sé que los temas que más se han puesto sobre la mesa de debate durante estos días han sido la libertad de expresión, los privilegios de la monarquía, la frontera entre el humor y el respeto, etcétera.
Sin embargo, todas las críticas feroces que he escuchado acerca de la célebre portada de El Jueves se referían al dibujo, es decir, a la caricatura, y no tanto al texto. Se ha hablado de falta de respeto a la intimidad por dibujar a dos personas desnudas haciendo el amor en una pose distinta a la del misionero, pero nadie (o casi nadie, que yo sepa) ha interpretado el chiste propiamente dicho, la doble crítica que la viñeta pretendía, mofándose por un lado de una argucia electoralista del gobierno, y sugiriendo por otra parte que lo más parecido a trabajar que ha hecho el heredero del reino pasa por tratar de dejar embarazada a su esposa.
Mi opinión es que, ese mismo guión, el mismo texto sin variar ni una sola letra, pero acompañado de un dibujo en el que los Príncipes aparecieran vestidos y en cualquier otra actitud distinta del fornicio, hubiera pasado desapercibido a todo aquél que no fuese lector habitual de El Jueves.
Es verdad que la monarquía y la Familia Real siguen siendo un territorio casi sagrado y blindado contra la crítica y el sarcasmo, cosa que no ocurre con otras instituciones que merecerían, como mínimo, el mismo respeto. Pero el verdadero motivo por el que el juez ha considerado “irreverente” el dibujo remite tan sólo a la representación física de los parodiados, y no a sus diálogos.
No sé qué pensaréis vosotros, pero a mí me parece que los verdaderos prejuicios del juez Del Olmo (y de tanta otra gente aún en nuestros días) no son institucionales, sino sexuales.
Fui lector incondicional de El Jueves desde su creación y durante casi veinte años. En aquella época (finales de los 70 y principios de los 80), utilizar el sexo como provocación tenía su lógica, después de tantos años de represión y de censuras mojigatas. Lo que ya no me parece tan saludable es que, a día de hoy, una publicación satírica con tanta solera y que ha contado entre sus colaboradores con ilustres miembros como Pèrich, Forges, Ivá o Ventura & Nieto, tenga que alcanzar nuevamente la popularidad por un chiste verde, y no por su legendaria agudeza para interpretar con humor e ironía la actualidad de nuestro país. Feliz siglo veintiuno.

Identidad




En las últimas semanas, han abierto en mi barrio una peluquería africana, un colmado paquistaní y un bar ecuatoriano. Tampoco es que esto sea un acontecimiento, pero esta mañana he coincidido con un vecino en la parada del autobús y me ha hecho un comentario al respecto que tiene su miga.
Lo que me ha dicho es: “Con esto de los emigrantes, el barrio está perdiendo su identidad”.
Eran cerca de las 8, y yo no estaba del todo despierto, así que he ido rumiando la frase en cuestión y ha sido ahora, después del bocata de anchoas y el carajillo, cuando he alcanzado a entender la dimensión del disparate.
Para hacernos una idea: considerando el término “barrio” en el sentido más íntimo, es decir, como el perímetro abarcado por cuatro calles paralelas y otras tantas perpendiculares, en un radio de aproximadamente un kilómetro cuadrado, puedo decir que en el mío hay entre cuatro y cinco restaurantes italianos, dos hamburgueserías de sendas cadenas norteamericanas, otro par de restaurantes chinos y creo que uno libanés. Por otra parte, tienen mucho éxito los trajes milaneses que venden en una tienda de moda masculina que está, curiosamente, al lado de una boutique de ropa para mujeres, que es francesa, igual que la perfumería que está a seis metros de mi portal. También es muy popular la academia de idiomas, donde enseñan desde japonés hasta turco, y cuyo dueño es el mismo que el de otra academia cercana donde se imparten clases de Marketing, Pricing, Renting y demás cosas que terminan en ING, como ese banco holandés que ha puesto una sucursal también por ahí cerca, concretamente en frente del concesionario de coches de una marca alemana de élite. El salón de estética es de una señora de Figueres, pero decidió llamarlo “Amazonia” por motivos comerciales, según ella.
No sé si necesito explicar más.
Eso sí, la próxima vez que coincida con mi vecino le pido el DNI, para confirmar su identidad, más que nada.

miércoles, 11 de julio de 2007

Esto no es serio, señoría

Se ve que a una cadena de televisión británica le ha dado por hacer un inventario de las leyes más absurdas de aquel país. La utilidad de esta ocurrencia aparentemente baladí es mayor de la que pueda parecer a simple vista.
Aunque la intención de quienes han elaborado la extravagante lista sea otra, yo diría que supone casi una denuncia en forma de chanza, una manera de reclamar al sistema jurídico un mayor pragmatismo con vistas a reducir la burocracia inútil y cambiarla por una más efectiva agilidad y una mayor capacidad de resolución.
Para que os hagáis una idea, he aquí algunas muestras de surrealismo leguleyo recién traído del Reino Unido.
Por ejemplo, les está prohibido a los parlamentarios morirse en su escaño (no digo yo que no hubiera alguno que terminara desarrollando tendencias suicidas a costa de tragarse tanta sesión pomposa, pero en fin). Asimismo, es ilegal ocupar un escaño en dicho Parlamento vestido con una armadura, por mucho que uno permanezca vivo dentro de ella.
Por otra parte, y para que nadie pueda acusar a la tradición anglosajona de apolillada o machista, la ley permite que una mujer embarazada pueda orinar en el casco de un policía, y sin necesidad de que éste le haya puesto una multa de aparcamiento.
Pegar un sello con la efigie del Rey bocabajo es considerado como un "acto de traición", y, según parece, todos los escoceses (incluido Sean Connery) están obligados a abrir su puerta a cualquier persona que afirme tener una necesidad urgente. Y la cosa no acaba ahí para los pobres habitantes de Escocia. Resulta que existe una disposición legal que permite matar a un escocés en los muros de la antigua ciudad de York si lleva arco y flechas. No parece muy probable en pleno siglo XXI, pero quién sabe.
El premio, sin duda alguna, se lo doy a la más extraña de las leyes británicas absurdas, aquélla que permite trabajar a una mujer con el pecho al descubierto si es una empleada de una tienda de peces tropicales en Liverpool (sí, sí, tranquilos; yo también he tenido que leerlo tres veces).
Visto lo anterior, aprovecho para solicitar desde aquí a nuestros ilustres magistrados la aplicación inmediata de las siguientes leyes absurdas (o no tanto):

1 - Prohibir los politonos con canciones caribeñas o sintonías de series de televisión en los teléfonos móviles.

2 - Obligar a los bares de copas y discotecas a habilitar un cuarto o retrete especial exclusivo para vomitar, e independiente por tanto de los baños tradicionales.

3 - Obligar a los bares de Barcelona a poner una tapa gratis con la cerveza y a servir ésta siempre fría.

4 - Multar con 50 euros a los cagaprisas que te obligan a apartarte a un lado para dejarles pasar en las escaleras mecánicas (si quieren subir andando, que vayan por las otras, que no se mueven y están precisamente para eso).

5 - Un mes de arresto domiciliario a quien presente evidencias olorosas de falta de higiene mientras viaja en el transporte público.

6 - Suspensión de la señal durante un mes a las cadenas de televisión que hagan intermedios en medio de una persecución o de una escena de sexo durante la emisión de una película.

7 - Un año de trabajo social obligatorio a quien me vuelva a enviar el e-mail con el chiste del Güigüichu la próxima Navidad.

8 - Prisión sin fianza para los publicistas que omitan los acentos en las mayúsculas y para todo aquel que se invente palabras terminadas en ing.

9 - Incluir entre los derechos del viajero del taxi la posibilidad de manejar el dial de la radio para no tener que escuchar necesariamente a Jiménez Losantos.

10 - Suspensión de empleo y sueldo para todos los periodistas que utilicen los términos “marco incomparable”, “vivienda digna”, “violencia de género”, “cese de hostilidades”, “amigo de sus amigos”, “qué rey más campechano” o “todos con Alonso”.

Si se os ocurren más, éste es vuestro sitio. No os cortéis.