lunes, 23 de julio de 2007

Identidad




En las últimas semanas, han abierto en mi barrio una peluquería africana, un colmado paquistaní y un bar ecuatoriano. Tampoco es que esto sea un acontecimiento, pero esta mañana he coincidido con un vecino en la parada del autobús y me ha hecho un comentario al respecto que tiene su miga.
Lo que me ha dicho es: “Con esto de los emigrantes, el barrio está perdiendo su identidad”.
Eran cerca de las 8, y yo no estaba del todo despierto, así que he ido rumiando la frase en cuestión y ha sido ahora, después del bocata de anchoas y el carajillo, cuando he alcanzado a entender la dimensión del disparate.
Para hacernos una idea: considerando el término “barrio” en el sentido más íntimo, es decir, como el perímetro abarcado por cuatro calles paralelas y otras tantas perpendiculares, en un radio de aproximadamente un kilómetro cuadrado, puedo decir que en el mío hay entre cuatro y cinco restaurantes italianos, dos hamburgueserías de sendas cadenas norteamericanas, otro par de restaurantes chinos y creo que uno libanés. Por otra parte, tienen mucho éxito los trajes milaneses que venden en una tienda de moda masculina que está, curiosamente, al lado de una boutique de ropa para mujeres, que es francesa, igual que la perfumería que está a seis metros de mi portal. También es muy popular la academia de idiomas, donde enseñan desde japonés hasta turco, y cuyo dueño es el mismo que el de otra academia cercana donde se imparten clases de Marketing, Pricing, Renting y demás cosas que terminan en ING, como ese banco holandés que ha puesto una sucursal también por ahí cerca, concretamente en frente del concesionario de coches de una marca alemana de élite. El salón de estética es de una señora de Figueres, pero decidió llamarlo “Amazonia” por motivos comerciales, según ella.
No sé si necesito explicar más.
Eso sí, la próxima vez que coincida con mi vecino le pido el DNI, para confirmar su identidad, más que nada.

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